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Casa Güido: 115 años de historia

“Don Eduardo es uno de los últimos sino el último almacenero de nuestra ciudad a la vieja usanza. En su negocio de la calle 25 de Mayo, un pequeño almacén de ramos generales como se le denominaba antiguamente, exhibe en perfecto orden y aseo de los elementos más simples que puede solicitar una ama de casa hasta los más diversos objetos necesarios para el hombre de campo”, así comienza una crónica del diario La Opinión fechada el 17 de noviembre de 1980, casi 40 años atrás en el tiempo, y hace alusión a Casa Güido, un comercio que mantiene sus puertas abiertas hace 115 años.

Don Eduardo Güidi, que fue el entrevistado en aquella crónica periodística, ya falleció y fue la segunda generación del comercio que es un pedazo de historia trenquelauquense. También fue quien le cambió el nombre al almacén “El Argentino” como se llamó hasta la década de 1950 y lo hizo en homenaje a su padre, Anselmo a quien los pobladores de aquel entonces le decían “Güido” porque les costaba la pronunciación del apellido italiano.

Anselmo era hijo de italianos pero era argentino. Había nacido en 1868 en Flores, 8 días después de que sus padres emigraran de Italia, y era el cuarto hermano, el único “argentino” porque había nacido en estas tierras, y se cree que por eso denominó así al ahora viejo almacén trenquelauquense de la calle 25 de Mayo. Hoy es un espacio de venta de artículos de talabartería, cuchillos, monturas, sombreros, alpargatas, sogas y todo lo que necesita el hombre de campo;  ya no es un lugar de despacho de bebidas con mesas para jugar el truco, ni venta de yerba o azúcar suelta o kerosene como supo ser en décadas anteriores.

Hoy está al frente del comercio Pablo Ariel, que es la cuarta generación de los Güidi, un hecho inédito al menos en el empresariado local. Acaba de tomar la posta que le dejó su padre, Arnaldo (75) que tiene un sillón en formato de mecedora desde donde mira la televisión y relojea la puerta para atender los clientes.

Trata de dar una mano a pesar de haber cedido el mando por el recambio generacional. Cumple con el ritual de levantarse a las 6 y abrir a las 7.30 el negocio, hasta los domingos abre.  Una tradición que ya superó holgadamente los 115 años y que aspira a que continúe “yo quisiera que esto siga y voy a quedarme aquí hasta el final, me van a sacar con los pies para adelante, como se dice habitualmente” le dice a OESTE BA Arnaldo.

El reconstruyó la historia de Casa Güido y accedió a la fecha de 1903 por un registro de la Provincia, a donde acudió para declarar una reforma edilicia y se encontró con el hallazgo que en ese año había sido inscripto como comercio El Argentino. Después y en modo homenaje a su padre don Eduardo, que había nacido un 13 de octubre le puso esa fecha de celebración, por lo que en los próximos meses van a festejar allí 116 años de vida comercial ininterrumpida.

El abuelo un día

El abuelo, quien inició la tradición, trabajaba en Bahía Blanca transportando mercadería a ciudades del interior y así llegó a Trenque Lauquen donde conoció a la que sería su esposa, Damiana Ruiz, y decidió comprar el almacén que denominó El Argentino. Estuvo a su cargo hasta 1932 cuando falleció.

“Era un despacho de bebidas, un puesto de avanzada, la gente hacia sus negocios para vivir, y atendían a las tropas que andaban por acá”. Tras el fallecimiento se hizo cargo del negocio familiar don Eduardo, junto a su madre en un principio, y luego con su familia.

“Esta luz que está acá en la vereda la instaló mi padre en la década del 40 y mi padre creía que fue la primera que el primero en iluminar las veredas”. En los 50 ya dejó de ser es un espacio de despacho de bebidas, y se convirtió en un almacén de ramos generales. “Se vendía azúcar, yerba, kerosene, aun están los cajones donde se vendían azúcar y yerba suelta”.

Siempre funcionó en el mismo salón que tiene más de 100 años “el piso, el techo y las aberturas nunca se cambiaron, se hicieron arreglos sí, pero no se cambió nada”. Arnoldo trabajó junto a su padre en el comercio hasta que decidió tener un emprendimiento propio como fue el transporte de caballos y así durante 20 años se ausentó.

“Mi padre me convocó en 1999 porque estaba enfermo y quería que me haga cargo, murió al poco tiempo”. Le tocó reasumir el mando de la tradición familiar, no era algo extraño “conocía al negocio porque me crié acá”.

Arnaldo está casado con Susana Graciela y tiene 4 hijos Walter Ariel, Carola Susana, Pablo Ariel, y Lucas Santiago.  Cuando se jubiló delegó el comercio a Pablo, el único decidido a continuar con el mandato de los Güidi

“Hace 7 años que está conmigo en el negocio, ahora está todo a nombre de él, es la cuarta generación yo ya estoy jubilado y hago tareas menores. Hace un tiempo tuve un problema de salud, llamé a mis 4 hijos y lo único que les pedí es que no vendieran este lugar”.

Eduardo, la segunda generación le dio un cambio de rumbo, pasó de ser un boliche de expendido de bebidas a almacén de ramos generales, y Arnoldo, la tercera, lo convirtió en un espacio de talabartería y venta de artículos de campo, el futuro es difícil de imaginar.  “Hay menos gente en el campo, y no todos los que hoy viven en el campo usan estos artículos”.

Nunca fue declarado patrimonio histórico “y no me gustaría porque no lo podes reformar ni hacer obras” y tampoco nunca tuvieron una distinción de ningún tipo con el tiempo transcurrido.

“Me gustaría que siga, que no se termine nunca, que siga la tradición, son 4 generaciones. Por todos los años transcurridos quiero agradecer a la gente que siempre nos acompañó”.