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De la región al mundo: empresas que exportan

Todo indicaría que con el nuevo tipo de cambio y la necesidad real de obtener divisas para la economía doméstica, el impulso exportador debió haber generado un boom en los últimos tiempos aunque ello -al menos por ahora- no ocurrió. También debería ocurrir que en nuestra región, una de las más ricas en materia de producción primaria, deberían florecer empresas capaces de generar valor en origen y vender a destinos de todo el planeta. Pero eso tampoco es así. Más aún, cuando separás la paja del trigo, como dicen en el campo, sólo quedan un par de empresas familiares que etiquetan en nuestra región y envían a puertos.

Las dos empresas en cuestión, en el área de influencia cercana, de los distritos que habitualmente cubre este diario, son Pereda Agro, en Trenque Lauquen, y América Pampa en América, partido de Rivadavia. La primera produce y vende girasol confitero y maíz pisingallo a 40 países y la segunda también maneja una cartera de cuatro decenas de compradores para su producto texturado de soja. Son los únicos que venden sin intermediarios, que buscan sus clientes en el exterior y comercializan.

Se trata de dos emprendimientos productivos de alta escala para nuestra región y cumplen toda la cadena de la producción: siembran y cosechan la materia prima, la producen y la venden en el mundo, aunque aparecen como dos gotas de agua en un desierto, sobreponiéndose a los vaivenes de la economía nacional y apostando fuerte desde el interior, contra todos los paradigmas convirtiendo al oeste bonaerense en de exportación.

En Rivadavia

En América, hay una empresa modelo con 80 empleados, que produce texturado de soja, un producto que reemplaza y suple a la carne en productos alimenticios y que gana mercados en todo el mundo. En los últimos dos meses, colocó 850 toneladas de su producto.

Allí nos espera Iván Milanesio, Gerente Comercial. La empresa tiene origen agropecuario, de la familia Alvarez, una familia muy tradicional en Rivadavia que hace 100 años hace actividades vinculadas al agro. En 2007 dio el salto a agroindustrial con el objetivo de dar valor agregado y en 2011 se ganó sus propios clientes en el mundo. Hoy vende a 40 países, algunos exóticos como Sudán, Myanmar, Filipinas, Vietnam, el norte de África, el sudeste asiático, el último “gran logro es entrar en EE.UU.”.

Es la única empresa argentina que hace y procesa soja no transgénica y orgánica, “esto nos ubica en destinos que ninguna otra empresa argentina llega” pero hay mucha competencia en el mundo.

“Somos una empresa chica en el mundo; somos una empresa regional que compite en lo  global, es decir tenemos desafíos globales con estructura local y regional que hace que te golpeen todas las cuestiones internacionales y nacionales que hace que te permiten estar monitoreando constantemente”, aclara Iván.

En términos de ventas la empresa “anda bien” y el secreto es tener un abanico de “destinos que hace que puedas vender en lugares que están bien cuando otros están mal” y ser pioneros en “la apertura de mercados y desarrollamos redes y eso nos hace fuertes”. Una tendencia cada vez más fuerte en lo global hacia lo no transgénico y orgánico, lo vegano y sano, alientan horizontes promisorios para la empresa.

Los Álvarez son empresarios que apuestan a América, su pueblo. “Estamos defendiendo la filosofía y llevando adelante el proyecto que es muy interesante” dice Iván, aunque nada es gratis “hay desventajas del interior, en la logística no tenemos desarrollo de transporte por trenes, no tenemos gas natural, la energía eléctrica es cara y no tenemos aún un buen servicio de internet”, pero siguen apostando a su pueblo fuerte.

Los Álvarez son hijos de inmigrantes, se hicieron en el campo, quieren a sus vecinos, a su pueblo y buscan que el mundo conozca a América, distrito de Rivadavia. “Fue un desafío alto, saltar de la actividad agropecuaria a la industrial y luego a pensar en exportar, siempre pensaron en crecer y perseguir este sueño”, dice Iván y mira desde lo alto en la ventana un predio de varias hectáreas donde se produce alimento que sale a destinos exóticos y densamente poblados, desde América al mundo.

En Trenque Lauquen ​

Eduardo Pereda tiene 92 años y sus nietos dicen que va todos los días a trabajar a las oficinas en Buenos Aires. En su nombre se creó la marca Don Eduardo, que vende maíz pisingallo al mundo. Es uno de los productos de Pereda Agro, que además también exporta girasol confitero. Parte de la producción se hace aquí en Trenque Lauquen en la planta de Mari Lauquen donde la familia tiene una reconocida estancia dedicada a la agricultura y la ganadería, y otra parte en Lincoln donde reside la otra rama de la familia.

Don Eduardo es padre de Santiago y Eduardo, y éste último es padre de 5 hijos. Dos de ellos nos reciben en las oficinas comerciales de Trenque Lauquen, Matías y Agustín. Tienen entre 30 y 40 años y son la nueva generación de una familia tradicional que decidió dar el salto y pasar de la actividad primaria a generar valor agregado y cruzar las fronteras.

Aunque nunca vamos a hablar de fútbol, hay una pelota que va y viene en la oficina. Es una de las que se produce en El Pase, una metáfora del cambio generacional y de los que ahora les toca jugar.

“Nuestro padre siempre quiso producir y agregar valor, no quería sólo quedarse con la producción primaria, probó distintas cosas y en esa búsqueda en el año 2004 inició con el girasol confitero. Se vendía a través de un exportador, cuando nosotros nos recibimos volvimos a la empresa para darle volumen, y cuando Agustín se metió en la empresa en 2012 nos anotamos como exportadores, él lidera el proyecto de la exportadora porque era un área a cubrir”. Así habla Matías que es ingeniero agrónomo de su hermano que es administrador de empresas.

Octubre de 2012 es una fecha clave dice el más chico de la familia. En ese momento salió el primer contenedor con destino a México, “de ahí en más comenzamos a crecer. Un par de veces al año concurrimos a ferias de vendedores, vamos y exponemos nuestro producto en la búsqueda de nuevos compradores”.

El proyecto que nació en Mari Lauquen creció y hoy exporta a 40 destinos que van desde Marruecos, Túnez, Emiratos Árabes, Siria, España, Italia, Portugal, Filipinas, India a Perú y México, entre algunos, y que coloca en el planeta 20 mil toneladas anuales entre los dos productos.

Los Pereda siembran y cosechan los cultivos que luego van a exportar, y otra parte la obtienen de productores asociados. La planta está ubicada en  la zona rural de Mari Lauquen. “A lo mejor desde afuera se ve como algo muy extraño pero es un eslabón más de una cadena comercial. Hay que tener convicción y ganas, nosotros vamos a las ferias, visitamos los clientes en todo el mundo. El mercado internacional no es fácil, pero si tenés un buen producto y sos competitivo, y atendés bien al cliente te debería ir bien”.

La cadena de producción es tan extensa que es difícil de precisar cuántas personas emplean. Ellos tienen un plantel de unos 20 personas vinculados a la exportación y es el número que se puede cuantificar; es imposible saber cuántos participan de la producción en todos los campos donde se siembran estas semillas.

“Las exportaciones son el camino para el país, aquí hay mano de obra ocupada y se generan divisas” dicen aunque reconocen que “la logística es cara en Argentina, cuando hablamos con colegas de otros países eso lo vemos”.

La pelota se detiene. Los hermanos Pereda preparan un viaje al exterior para difundir sus productos en el mundo, los que nacen en Mari Lauquen con destino global.