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El “Negro” Viñas, un hombre que dejó una huella en el fútbol 

Cuenta la historia que Oscar Alberto Viñas casi no llegó a horario para su casamiento en 1971. A minutos de salir para el altar, su ahora esposa María de los Milagros Bauza ordenó ir a buscarlo a un lugar donde seguro lo encontrarían: una cancha de fútbol. Ese día el “Negro” se había enrolado en un picado al que no pudo negarse, en la cancha de Monumental se enfrentó un combinado improvisado con el equipo de Beto Orlando que esa noche cantaba en el viejo salón de Ferro.

La anécdota que cuenta entre risas y con la complicidad de su esposa presente, la trae a colación para reafirmar la frase que acaba de lanzar sobre la mesa “para mí el fútbol siempre fue todo”. Oscar “Negro” Viñas tiene 67 años, y hace 5 que mira los partidos de fútbol de sus nietos pero desde la platea, ya no es formador de chicos en la inferiores una tarea que hizo durante 30 años con logros reconocidos no sólo porque se mareó de dar vueltas olímpicas en Argentino y Atlético Trenque Lauquen, sino porque creó un estilo basado en los valores, en la formación de grupos y personas, acuerdos de convivencia y buenos tratos por encima de la disciplina táctica o la rigurosidad deportiva que hoy se  les impone a los más chicos.

Por sus manos pasaron chicos que se convirtieron en figuras del deporte como Ernesto “Tecla” Farías, Julio “Torta” Molina y Julián Heras, pero fundamentalmente pasaron chicos que se hicieron hombres y a los que siempre buscó sembrarles una enseñanza más de vida que de juego. Por eso hoy, los cientos de juveniles que en algún momento lo escucharon en las prácticas o en sus recordados viajes lo encuentran y lo saludan, lo respetan y valoran sus enseñanzas de vida y las palabras justas que supo pronunciar durante la etapa de formación.

En sus años jóvenes, Viñas fue un aguerrido marcador central de Giat de Beruti, a donde había llegado invitado por unos amigos. Jugó allí varios años, al tiempo que también lo hacía en campeonatos regionales que existían por aquel entonces con equipos que representaban a localidades. Después el fútbol se apagó durante unos años hasta que sonó el teléfono de casa: del otro lado, Jorge Rodríguez Mera, un histórico dirigente del Foot Ball Club Argentino lo convocó como chofer del colectivo del club y allí la historia comenzó a cambiar.

Viñas ya era chofer de colectivos. Durante 40 años condujo el transporte escolar de la Escuela 501 y como su jornada laboral culminaba a las 17 horas, aceptó el trabajo propuesto por la institución decana y se puso al mando del histórico colectivo Mercedes Benz color azul con el que fatigó incansablemente las calles de Trenque Lauquen durante 20 años, recolectando a los chicos en las esquinas de los barrios, para llevarlos a entrenar, y de regreso a su casa a la tardecita.

Esa costumbre, la mantuvo hasta el final en Atlético Trenque Lauquen y sin colectivo “había chicos que vivían muy lejos y no tenían como ir al club, así que subía 6 ó 7 de ida y de vuelta”, cuenta hoy.

Viñas comenzó como chofer en el FCBA y luego pasó a acomodar los conos, correr los arcos, ordenar la ropa y de un momento a otro era la mano derecha de Rodríguez Mera que un día le entregó el mando de los chicos. “En ese momento surgieron los campeonatos en el sur, en Mar del Plata y Entre Ríos, había que viajar y andar mucho, él pensó que yo podía hacerlo. Fue una gran persona” lo recuerda hoy.

Así asumió una función que no abandonaría por los próximos 22 años en el club, abriendo una etapa llena de gloria deportiva y recordada por su escuela de formación de chicos. Argentino comenzó a competir en los torneos más importantes del futbol infantil, codeándose con los grandes y mostrando jóvenes valores.

“Mi señora siempre me acompañó en todos los viajes que hacíamos al sur y distintos lugares del país. Yo era el chofer y el entrenador y mi señora hacía las planillas. Siempre además nos acompañaba algún padre de los chicos” y recuerda un dato no menor “no existía rivalidad, en algunos viajes compartíamos colectivo con los chicos de Ferro porque competíamos en los mismos torneos”.

“No sé si sé o no de fútbol, a mi me gustaba formar grupos, que sean buenos, que tengan conducta. Los chicos que eran buenos tenían más posibilidades de jugar, grupos de amigos, solidarios, comprometidos, el que era desorejado no jugaba.  Muchas veces a los que mejor jugaban los dejaba en el banco para que aprendan, eran otras épocas, los chicos no te contestaban, te respetaban, los padres participaban y siempre con respeto”.

Los chicos que se formaron bajo la conducción de Viñas recuerdan que al entrenador no le gustaba las expulsiones de sus jugadores y solía agregarle una fecha más a lo que determinaba el tribunal de disciplina. Si la falta era para una fecha de suspensión, el entrenador les agregaba una segunda fecha sin jugar.

Más cerca en el tiempo, en la etapa final de Atlético, Viñas protagonizó otra anécdota que lo pinta de cuerpo entero. “Siempre fui respetuoso de los horarios, el chico no puede llegar antes que el DT. Y si se viaja a las 12 es a las 12”, esa disciplina no estaba instaurada en la entidad hasta su llegada, así que no dudó un domingo en  partir hacia Pellegrini con 9 jugadores, los que habían llegado a tiempo “no los esperábamos ni los íbamos a buscar. Si vas a buscar a un chico de 10 años porque no llega a horario cuando tenga 15 lo tenés que levantar de la cama”.

Los viajes

A lo largo de la charla el ahora ex entrenador rescata la fortuna que nunca protagonizó ningún incidente con chicos a pesar de la cantidad de viajes que realizó con esas delegaciones “siempre alguno se descomponía, o teníamos que llevarlo a la madrugada a la clínica porque le dolía la garganta, pero de ahí no pasó nunca”. Allí siempre sacó un rol protagónico su esposa “se ponía el reloj a la madrugada por si algún chico tomaba medicación”.

En los años 90, Argentino sacó chapa de grande en los torneos Mundialito y Pamperito que se disputaban en el sur y en La Pampa, con la participación de los mejores clubes del país. “Un año jugamos la final con Boca, le íbamos ganando 2 a 0 y en el segundo tiempo un chiquito nos metió 4 goles y perdimos 4 a 2. Años más tarde, nos dijeron que era Carlos Tévez.

Viñas está casado hace 48 años con María de los Milagros Bauza con quien tuvieron cuatro hijos Marcelo, Diego, Rosana y Laura, y uno “del corazón” como les gusta decir que se llama Jonathan. Tienen 12 nietos y 2 bisnietos, y aún va a la cancha, pero como espectador a ver jugar a sus nietos.

Su casa es un vitrina de trofeos, fotos y recuerdos de su paso por el fútbol y sus recuerdos también lo son. Le gusta contar historias con los chicos, como el día que no querían dormir la siesta y entonces para que no hicieran ruido él se acostó en una reposera en medio de la habitación, y terminó en el suelo, o el día que ganaron la final de los Torneos Bonaerenses con el equipo que tenía a Farías.

“El equipo de San Vicente nos ganó, pero había incluido a chicos grandes, el Dr. Barracchia gritaba desde la tribuna ‘ese tiene las patas peludas’. Eran jugadores de mayor edad que los nuestros, por eso a pesar que perdimos el partido a ellos los desclasificaron”. Un día “estaba en la cancha entrenando y me mandó a buscar el intendente con dos agentes de tránsito, cuando llegué a la Municipalidad estaba Barracchia en el despacho y me dijo ‘Negro ponete contento, les dan el premio a ustedes, viste que yo te decía que tenía las patas peludas’”.

Tras 22 años en el FBCA, Viñas fue convocado por Atlético Trenque Lauquen donde trabajó durante 8 años y se jubiló. También el diario La Opinión le dio un premio por su trayectoria deportiva. Agradece en la nota a la dirigencia del club del Parque donde le hicieron un homenaje y un reconocimiento “empezamos un trabajo silencioso, y logramos hacer buenos equipos y llegaron los resultados” y destacó a su colaborador de aquellos años Laureano Testardini “estuvo dos años conmigo, él siguió el trabajo. Tiene mucho compromiso, es respetuoso y tiene mucho futuro”.

Nunca aceptó dirigir la primera división y siempre prefirió formar chicos. “Si formas buenos grupos te rinde más que tener buenos jugadores. Los chicos siempre te contaban cosas que les pasaban, a veces hay mucha carga para ellos por todo lo que viven las situaciones que les tocan pasar. Muchas veces los expulsan porque escuchan los gritos de afuera, de los padres”.

“Me da mucha alegría que hoy vienen hombres de 40 años, y me saludan y recuerdan cuando yo los dirigía, a muchos ni los conozco, pasaron tantos años que no los puedo conocer, hoy son padres ellos y siempre tienen un gran respeto y cariño hacia mi. Es una alegría tremenda, muchos me hablan y me recuerdan anécdotas, el otro día unos chicos fueron a un casamiento al sur y pasaron por la ciudad de 25 de mayo donde habíamos jugado una final, y me llamaron porque les había agarrado nostalgia”.

Un día a las 7 de la mañana sonó el teléfono, era Ernesto Farías desde Japón. Lo llamó para saludarlo y recordar los años de fútbol infantil. Aún conserva la camiseta de la selección nacional que le regaló el ex goleador de Estudiantes, River y otros clubes.

“¿Si me gustaría que una parte del club Argentino o Atlético lleven mi nombre?, no. Yo hice mi trabajo y ya está, ahora estoy jubilado, hay gente más importantes para los homenajes, a mi no me gustan esas cosas” dice este hombre que hace un culto de la humildad.