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El Taller Protegido Amor y Esperanza donde todo se puede

“Nuestro lema es todo se puede, todos podemos hacer algo” dice Mirta Etchegoyen, profesora de educación especial y responsable del Taller Protegido Amor y Esperanza de Pellegrini que funciona como una gran familia donde todos sus integrantes se sienten parte de una comunidad que produjo transformaciones importantes en cada uno de ellos.

El Taller Protegido comenzó a funcionar hace 26 años en Pellegrini y la única docentes siempre fue Mirta Etchegoyen. Allí concurren 8 operarios con distintas discapacidades y producen bolsas de residuos, macetas, artesanías, compost para abono de plantas, bolsas de regalería y distintas cosas que elaboran con sus manos. Además los alumnos concurren a clases de equinoterapia y teatro, a cargo del profesor Fabio Oyanarte.

Durante la visita de este diario, Sandra que tiene 47 años y que concurre desde 1998 al Taller repasa unas líneas del libreto de “Se me murió entre los brazos” de Alberto Drago, una comedia desopilante que interpreta junto a la docente. Mientras habla arma bolsas de regalería y cuenta que vive sola, que a la mañana hace socios para el taller y vende la producción “cuando no vengo acá es como que me falta algo. Los sábados y domingo me dedico a las plantas, todas me gustan”, dice a OESTE BA.

El Taller funciona en una casona del centro pellegrinense pero está refaccionada  a nuevo. Es municipal y funciona con una cooperadora. El ambiente es silencioso y familiar, es un ámbito de trabajo.

La docente está desde los inicios en 1993 “al principio comenzamos con las bolsas y los cepillos como todos los talleres, pero decidimos darle un protagonismo en la sociedad y para eso había que trabajar mucho, queríamos que ellos hicieron huella y lo logramos” dice Mirta a este diario.

Los operarios tienen distinto tipo de discapacidad. Mónica, por ejemplo, es sordo- muda y hace 5 años que concurre. Implicó el desafío del aprendizaje del lenguaje de señas para la profesora “me gusta mucho venir acá, a la mañana le ayudo a mi mamá y tengo dos hijas de 10 y 16 años. Hago macetas que vendemos y bolsas” dijo Mónica en un diálogo en el que intervino la docente.

Ricardo de 53 padece una discapacidad motriz y se moviliza en silla de ruedas. A la tarde embolsa abono para la venta y le gusta pintar caballos es su pasión. Su rostro cambia cuando habla de estos animales “estoy embolsando el abono que nos dan en la planta de residuos, estoy acá desde hace 24 años, es como mi casa. A la mañana estoy en casa, me pongo a pintar caballos me encantan los caballos de campo, son mi pasión” dice.

Se han hecho muchas cosas a lo largo de estos años, una de las producciones más destacadas tienen que ver con las artesanías que tienen una enorme calidad. “Uno de los operarios Sergio, es artesano e hicimos un circuito de producción fueron años en los que todos fueron protagonistas, él se enfermó y tuvimos que cambiar” remarca la docente “armamos un taller de arte terapia, con pintura expresan sus emociones e hicimos las macetas artesanales que es el producto que más se puede vender”.

Las tareas

María Esther (66) hace dibujos en papel, que luego irán a estampar las bolsas “ya me estoy por jubilar, acá me enseñaron todo. Hace 20 años que vengo. Me gusta, me acostumbré a estar acá. Yo pinto, acomodo las bolsas, le ponemos las manijas a las bolsas, a la tarde vengo acá y a la mañana me quedo en mi casa”.

En la pintura también está Norma de 53 años que pinta frutas y Miriam de 48 años que pinta mariposas para una mandala. En otra mesa María del Carmen de 58 años le pasa las últimas pinceladas a un tarro de leche en polvo convertido ahora en un tarro de cocina “es para poner galletitas, también pinté las sillas de los chicos del jardín, pinté una lechuza y un hombre araña. Me encanta la pintura y las artesanías, hace 22 años que vengo acá”.

Mirta Etchegoyen destaca que este “es un lugar de trabajo, el 70% de las ventas es para los operarios. Ahora trabajamos en un proyecto para hacer bolsas biodegradables y en una técnica de pujado de metal”.

Como ya se dijo los viernes hacen teatro, están preparando dos obras “Se me murió entre los brazos” y “Las bodas de oro”. Con el teatro han asistido varias veces a Mar del Plata en los Torneos Bonaerenses.

“El lema es todo se puede, todos podemos hacer algo, algunos tardan más tiempo y otros menos. Todas las personas pueden hacer algo, todos estamos discapacitados para algunas cosas, pero capacitados para otras” remarca Mirta. “La institución está inserta en la comunidad, la gente los reconoce. Son un gran grupo y buenas personas”, concluye.