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Historias de madres: mujeres unidas por la donación de órganos

En Pellegrini nos encontramos con una historia muy sentida. La que comparten Blanca Rosetti y Marta Montalbetti, conocidas como las chicas del Cucaiba. Son las que llevan adelante las campañas sobre la concientización de la donación de órganos.

Cada una de ellas tiene una historia y las mismas se relacionan. Blanca acompañó hace 10 años a su hijo al Hospital Italiano de Buenos Aires a donde concurrió por una afección que lo obligó a un doble trasplante, la particularidad de la enfermedad que le afectó le arrojaba poca esperanza y las estadísticas de sobrevida no eran las mejores. Estuvo mucho tiempo en lista de espera, su esposa embarazada dio a luz en aquel momento, y finalmente logró recuperarse y volver a ejercer la medicina y ser ahora un deportista trasplantado. Su historia, también la contaron medios nacionales.

Su madre Blanca, prometió aquellos días de angustia que haría lo posible por difundir la donación de órganos y es lo que hace ahora. En ese camino se encontró con Marta Montalbetti, cuya historia también está cruzada por la donación de órganos. Su hijo menor, Federico, murió en un accidente automovilístico en 1994 y cuando le decretaron muerte cerebral decidió la donación. No era algo habitual en aquel momento, no había información, y parte de los vecinos y amigos de su hijo desaprobaron esa acción y ella sintió ese rechazo pero lo atribuye a que en ésa época no había información al alcance de todo el mundo.

“La pérdida fue muy dura y sigue siéndolo. Es una ausencia que no se repara más, la muerte de un hijo es algo terrible aunque con los años uno va asimilando el dolor. Yo pensé aquel día que Federico no se podía ir así, que tenía algo más para dar y decidí la donación; todos me miraban perplejos, hoy todos saben de la importancia de donar. Para mi es una satisfacción hacer campañas y concientizar y ver a los atletas trasplantados tan llenos de vida. Siento que hacer esto es en honor a Federico”. Marta tiene otro hijo y ahora es abuela de trillizas, y desde el 2010 es una de las caras visibles del Cucaiba en la región.