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Villa Sena, un sueño español que no prosperó

¿En qué se parece este Villa Sena, al Sena de la provincia de León en España? En este presente en nada; a principios de 1900 seguramente en la ilusión de ser. Al menos en la cabeza de Nemesio Fernández, un terrateniente de la zona que cedió las tierras para el tendido de las vías del ferrocarril provincial y que intentó sentar las bases para crear un pueblo al que bautizó Villa Sena, en honor a su lugar de nacimiento, en el viejo continente.

Pero el paraje rural no pasó nunca de eso. Jamás adquirió el estatus de pueblo que soñó Fernández quien donó las tierras en 1888, según se lee en el libro “Por estas tierras” del historiador Alberto Orga. El gran avance fue el tren y el gran acontecimiento fue la llegada del Gobernador bonaerense, Federico Lorenzo Martínez de Hoz en 1933. Llegó para inaugurar el edificio del Palacio Municipal de Rivadavia que días pasados cumplió 85 años.

Cuenta Orga que el legislador Marcos Cachau, lo recibió en el andén de Villa Sena, a unos 20 kilómetros de la ciudad de América y lo trasladó en sus coches hasta la ciudad cabecera, recorriendo campos con florecientes siembras de trigo y centeno que alimentaban al mundo.

Pero hoy de esa estación quedan unas paredes originales que se sostienen en pie, y otras tantas que se agregaron al edificio; una ampliación que alteró el diseño original. Es lo único que queda de aquellos años, y dos inmuebles derruidos que marcan el tiempo que se esfumó. Lo que fue el Destacamento Policial es también ahora una casa remodelada y la Escuela Nro. 11 tiene un edificio nuevo y mantiene vivo el paraje.

Un vecino

Oscar Landeta es un empleado rural, vino de la zona de Lobos, pero hace 20 años que habita en en el Paraje Villa Sena, lo hacen en la estación del FF.CC. Es un hombre servicial y hospitalario, que rápidamente accede a contar lo que sabe sobre la historia del lugar, y lo que significa vivir allí.

“Vivir acá es tranquilo, zona rural, vecinos muy solidarios. Está la estación, la escuela y los vecinos a menos de 2 kilómetros no hay nadie”. En esa zona hay 2 estancias y tambos grandes “en las que hay en promedio 10 familias cuyos hijos van a la escuela”.

Oscar vive en el medio de la nada. Villa Sena está a 12 kilómetros de Fortín Olavarría y 20 de América, por caminos de tierra. Sin embargo, tiene las comodidades de la vida moderna: televisión satelital, internet, luz eléctrica y teléfono.

A pesar que Landeta es el único vecino que se puede visualizar, la comunidad rural es amplia en la zona, y varias familias trabajan en establecimientos vecinos, por eso cuando el agua aisló el paraje en 2017 se hicieron alteos importantes en los caminos para entrar y salir. “Esperemos que no venga más agua” aspira el entrevistado. El cree que sería bueno haya más gente en el lugar, aunque eso es difícil, pero en el mientras tanto se le ocurre cómo hacerlo más entretenido “los fines de semana cada 15 días o una vez por mes hacemos unas peñas, con una comida. Jugamos al truco y hacemos una guitarreada, vienen de América, Fortín y hasta Trenque Lauquen, tengo conocidos en todos lados, es para no estar solo. Siempre está la guitarra, y algún cantor improvisado siempre hay”, dice Landeta.

La historia

Ahora para entender por qué estos lugares que nacieron con el sueño de los primeros pobladores cayeron en el olvido y nunca se desarrollaron, recurrimos a nuestro amigo el historiador Orga, estudioso de la vida de Rivadavia.

Autor de varias publicaciones históricas el profesor es un libro abierto. “Villa Sena es una consecuencia del ferrocarril provincial que pasa por el sur del partido de Rivadavia y que su última estación fuera del mismo es Francisco de Vitoria. Desde Villa Sena gira a Fortín Olavarría, Roosvelt, Sumbland y Mira Pampa”.

El FFCC “fue el motivo de la fundación de pueblos que eran puertos secos, estaban a una distancia tal uno de otros que las chatas de la época podían recorrer esas distancias en un día, es decir unos 20 ó 25 kilómetros que la función era transportar la producción de un país que exportaba”.

Orga nos dice que los Fernández aún tienen campos en esa zona, la que se llama igual que su pueblo español “estos pueblos se fueron cayendo con la salida del FFCC en muchos casos las vías se levantaron y las estaciones son taperas o vive algún cuidador”. El historiador destaca la escuela, que es el corazón del lugar, que alberga a los chicos de la zona. “Nunca dejó de ser un paraje, lo más interesante de ese lugar fue el FF.CC. que era sumamente utilizado para viajar a Buenos Aires y La Plata”.

El tren ya no está. Las vías fueron levantadas. La estación conserva sólo una parte de la su fachada original y la otra parte fue remodelada por el vecino que allí vive, y es custodia de lo único que queda en pie de una historia de sueños españoles que quedaron truncos.