Marcelo Zabala relata la parábola de su vida contando los inicios desde muy abajo: empezó lavando platos en la cocina de la vieja Petrolauquen y con esfuerzo y sacrificio pudo llegar a tener su propio restorán que abrió hace 10 años y que ahora cree que no podrá reabrir después de la cuarentena. Ya entregó la mitad del local y admite que será imposible reabrir.
Además del restorán 65 la familia está al frente de la concesión del buffet de la Terminal, que es de una asociación que preside y que rescata a chicos de las adicciones, pero también allí la crisis hace peligrar el futuro.
“Soy una persona de trabajo, nosotros vivimos con lo justo no podemos seguir sosteniendo esto” le dijo a OESTE BA Marcelo Zabala y dijo que fue “un tristeza enorme desarmar las herramientas de trabajo que logramos fruto del esfuerzo y el trabajo”.
La realidad de los locales gastronómicos es durísima, de las más complicadas que deja el saldo de la cuarentena. Hace 60 días que no trabajan y no pueden sostener los gastos.
“Tenemos dos alquileres juntos, uno ya lo entregué porque era imposible sostenerlo y nos quedamos con la mitad, pero la verdad veo muy difícil abrir, muy posiblemente entregue todo y sólo me quede con el buffet de la Terminal, que también tiene un local hermoso que no podemos usar”.
En Restorán 65 los empleados comenzaron a buscar otros rumbos y aunque gestionaron la ayuda del Estado para el pago de salarios, indican que igual es difícil cumplir con las obligaciones.
“Desde muy chico nací dentro de la gastronomía, cuando terminé la escuela primaria empecé a trabajar en la Petrolauquen en la cocina, aprendí a cocinar, después me radiqué en CABA y La Plata donde siempre seguí vinculado al sector de la gastronomía. Retomé a Trenque Lauquen al restorán del Club Argentino. Después empezamos por nuestra cuenta con mi señora, hacemos una cocina muy casera, muy elaborada, con el aporte de la repostería que hace mi señora, teníamos una casa de comidas y luego alquilamos hace 10 años el 65. Todo fue producto del trabajo, imagínate la tristeza que nos agarró ahora desarmando todo”.
Zabala sigue con su relato a OESTE BA: “Fuimos haciendo todo a pulmón, comprando herramientas en ese plan que pagás por día, un día mi señora me fue a buscar al restorán porque no había vuelto a la tarde a mi casa, y me encontró durmiendo en la mesa de la sala de pastas, trabajaba 18 horas y le metía con todo porque era nuestro. Era mi sueño, arranqué lavando platos y llegué a tener mi propio restorán, fue algo maravilloso”.
UNA MISIÓN SOLIDARIA
Zabala integra la comunidad de Auditorio Cristiano y lo mueve la acción solidaria, está al frente de un centro de rehabilitación de adicciones que se llama Misión de Vida. El Municipio les dio una mano cediendo la concesión del buffet de la Terminal, en diciembre del año pasado, nadie pensaba que lo ocurriría en el 2020.
“En la terminal comenzamos a diciembre del año pasado, con una misión solidaria. Veníamos muy bien y esto nos complicó muchísimo. Tenemos 7 chicos que trabajan con nosotros hacemos pizas, pastas y otras cosas. Los chicos tienen clases de oficios carpintería, soldadura, están haciendo un invernadero para que aprendan oficios, hay mucho trabajo por hacer porque las adicciones destruyen la familia”. Allí tienen el servicio de delivery.









