Por Mauricio Rodecker
Consejero escolar
Para poder entender el desenlace de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa el día 20 de diciembre de 2001 es indispensable poder comprender el contexto real de aquella época.
El presidente Fernando de la Rúa asume su gobierno en medio de una crisis económica financiera y social producto de la ya devaluada convertibilidad ideada por el entonces ministro de economía Domingo Caballo en la década del 90, durante el gobierno justicialista de Carlos Menen. A fines de esa década la convertibilidad ya se tornaba insostenible ya que se necesitaban una gran cantidad de dólares para asegurar y sostener la paridad ( 1 pesos = 1 dólar). Hasta esos años había gran cantidad de dólares producto del proceso de privatización de la mayoría de las empresas del estado como también la privatización de los fondos jubilatorios. El gobierno de la Alianza ( UCR / FREPASO) intentó sostener lo que había prometido en campaña y que le permitió ganar las elecciones presidenciales, “conmigo un peso, un dólar” decía el eslogan de campaña de la alianza.
Despegar de la retina la imagen del helicóptero como símbolo de la caída del gobierno de la alianza se hace imposible, quizás podría haberse evitado si se hubiese entendido el contexto de manera real. Era indispensable en aquel momento salir de la convertibilidad, era imprescindible devaluar. Devaluación que llegó más adelante en el gobierno de Eduardo Duhalde.
La crisis social, monetaria, económica y financiera obligó al endeudamiento, al blindaje y mega canje. La crisis continúa, los depósitos se comienzan a retirar de los bancos y el FMI se niega a refinanciar.
Ya no había manera de salvar al gobierno, invadido de una crisis institucional, de representación, de conducción y fundamentalmente de gobernabilidad. El 21 de diciembre de 2001 renuncia el presidente Fernando de la Rúa, careciendo de todo apoyo.
A 20 años de aquellos acontecimientos algunas palabras quedaran grabadas para siempre: corralito, blindaje, mega canje, saqueos, un peso = un dólar, estallido, cacerolazo, convertibilidad y la más simbólica como síntoma de una sociedad agotada, “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.









