A 47 años del secuestro y desaparición de Alicia Larrubia y Juan Coloma Machuca

“Cuántas veces hay que perdonar. La primera por amor. La segunda, la tercera, la décima también. Las siguientes. La última no tiene perdón de dios. Errar es humano, perdonar es divino. Hay errores brutales que no merecen perdón. Solo a los hijos se les perdona todo. Ni olvido, ni perdón.…

“Cuántas veces hay que perdonar.
La primera por amor.
La segunda, la tercera, la décima también.
Las siguientes.
La última no tiene perdón de dios.
Errar es humano, perdonar es divino.
Hay errores brutales que no merecen perdón.
Solo a los hijos se les perdona todo.
Ni olvido, ni perdón. Como a los genocidas.
Sin odio. Ni eso.
Y de a poco el viento en la cara, la risa.
Los cantares nuevos, el sol, el mar.
Las margaritas.”

Edith Sáenz

Libro destinado a la Bayer y sus lectores, y en memoria de Susana Larrubia y su compañero Juan Adolfo Coloma Machuca, secuestrados y desaparecidos por miembros de la dictadura cívico-militar el 11 de diciembre de 1978. Según testimonios de sobrevivientes fueron vistos con vida en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio de personas El Olimpo –en el barrio Floresta de Capital Federal- hasta enero de 1979. Permanecen desaparecidos.

El trabajo de Zícari pone en foco la estrecha asociación entre el poder civil y militar en la dictadura, para llevar a cabo una suerte de reseteo de la sociedad a través de medidas económico-sociales y genocidio. Martínez de Hoz y su cohorte civil no fueron colaboradores de la dictadura y sus crímenes… fueron coautores:

“Habíamos dicho que el objetivo central de la dictadura era realizar una enorme reforma social, una refundación nacional, con vistas a reorganizar las relaciones de poder en el país y que hubo dos estrategias principales para llevar esto a cabo. Por un lado, la trasformación estructural de la economía, a cargo de Martínez de Hoz […]. Por otro lado, se aplicaría una sanguinaria estrategia represiva. Así, la combinación de ambas estrategias tendría su punto de confluencia más importante con respecto a buscar destruir el poder sindical y el de las masas obreras. De hecho, para tener idea sobre la combinación de estas dos estrategias vale aportar un dato: mientras la cartera de Economía fue el ministerio con mayor cantidad de civiles durante la dictadura (el 82% lo era), en el Ministerio de Trabajo un 83% del personal eran militares, siendo este último el más militarizado de todos los ministerios. Evidentemente la división de tareas era clara: los civiles se encargarían de ejecutar la reforma en el área económica, mientras los militares tendrían a cargo la cuestión represiva en el ámbito laboral.” Julián Zícari

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