Los Vascos, una tienda con historia: cumple 80 años en el centro de la ciudad

Se inició como una de las grandes tiendas con más de 50 empleados en Villegas al 400 y desde hace 35 ocupa el actual local también en pleno centro. Alejandro Urbaneja está al frente y habla del futuro y la identidad de una marca es que patrimonio histórico de nuestro…

En el año del 150 aniversario de la ciudad, hay lugares que son patrimonio histórico de nuestro pueblo, como algunos comercios que aún continúan abiertos a pesar del tiempo uniendo generaciones de trenquelauquenses. Uno de esos casos es Tienda Los Vascos en pleno centro de Trenque Lauquen que este año cumple 80.
Al frente del negocio está hoy Alejandro Urbaneja, hijo de César Urbaneja, el hombre que durante décadas fue la cara visible de Los Vascos en la zona. Alejandro creció entre perchas y rollos de tela; empezó de cadete a los 13 años, se incorporó de manera formal en 1994 y lleva los últimos siete u ocho años conduciendo el timón, desde que su padre, como él mismo cuenta con una sonrisa, “fue jubilado por la tecnología”.
El origen de la tienda se remonta a dos socios fundadores —Lecoq y Rodríguez— cuya historia Alejandro reconstruye de memoria, a través de los relatos que escuchó de boca de los viejos pilares de esta tienda: Pedretti, Molinaro, Aguirre. “Roberto Pedretti era el alma máter, el que llevaba toda la parte contable”, recuerda. “Él siempre decía que Los Vascos y Sartoris eran los negocios más antiguos de la ciudad que seguían funcionando”.
Durante gran parte de su historia, Los Vascos ocupó un enorme edificio en Villegas al 409, dividido en secciones: hombre, camisería, zapatería una de las grandes tiendas de departamentos que marcaron la vida comercial de los pueblos bonaerenses en el siglo pasado. Atrás, depósitos y sótano para la venta mayorista; adelante, hasta cincuenta personas trabajando.
“Trabajar en Los Vascos, en el Banco Edificador o en la Cooperativa Eléctrica era como tener una carta abierta en Trenque Lauquen”, sostiene.
El traslado al local actual —en lo que fue la antigua Farmacia Argentina— ocurrió hace unos 35 años, cuando el negocio ya operaba desde Villegas al 170 bajo la conducción de César. “Justo se dio que ese local quedó libre y nos pudimos mudar para acá”, recuerda Alejandro. Desde entonces, ese espacio es Los Vascos.
“En su esplendor, Los Vascos era famoso por sus liquidaciones de telas. La gente confeccionaba mucho más en su casa. Había sección de mercería, telas por metro, corte a medida. Se hacían trajes, bombachas de grafa. Era otro mundo.”
A pesar que la superficie del local es más reducida y ya no se prestan algunos servicios ni se venden algunos productos históricos, Alejandro insiste en que el espíritu sigue intacto: “Hoy es una versión reducida, pero tratamos de cubrir todos los rubros. Blanquería, ropa de trabajo, colegial, vestimenta. Lo mismo de siempre, adaptado al espacio y a la época.”
LA IDENTIDAD DEL TRABAJO Y EL CAMPO
Si hay algo que identifica a Los Vascos en el imaginario trenquelauquense, es la ropa de trabajo y de campo. Bombacha, mameluco, pantalón de grafa, marcas como Ombú y Pampero: ese universo fue —y sigue siendo— el núcleo del negocio. “Siempre estuvimos muy identificados con eso”, dice Alejandro. “Con la ropa del que trabaja”.
A eso se suma una fuerte presencia en el mercado colegial, con marcas líderes en ese segmento, y una activa participación en licitaciones municipales y presupuestos para empresas y campos de toda la zona. “Gracias a Dios en eso podemos competir”, afirma, con el tono tranquilo de quien conoce el terreno.
REINVENTARSE PARA EL FUTURO
Alejandro no tiene nostalgia paralizante. Habla del pasado con cariño, pero su cabeza está en el presente. La pandemia fue, paradójicamente, un punto de inflexión positivo para Los Vascos: con los locales cerrados al público, el negocio volcó esfuerzos en la atención a empresas que seguían operando. “¿Por dónde facturar? ¿Por dónde le damos salida?”, recuerda haberse preguntado.
Hoy el negocio también viaja. Alejandro sale a la zona, visita pueblos en un radio de 200 kilómetros —desde Bolívar hasta Pigüé, desde Santa Rosa hasta Tejedor— atendiendo tiendas y negocios con una venta mayorista que es, en muchos sentidos, el ADN heredado de aquellos viajantes de comercio que su padre fue antes que él, y participa de licitaciones para uniformes de trabajo en municipios.
“En un país como este que te cambian las reglas de juego a cada rato, tenés que reinventarte permanentemente. Más en un negocio como el nuestro. Barajar y dar de nuevo, cambiar el enfoque, ver a dónde apuntás”.
Hoy la empresa, aunque tiene empleados, está reducida a una iniciativa familiar que lidera Alejandro pero que involucra a toda su familia y en tiempos de comercio electrónico, el entrevistado sostiene que “soy un convencido de que la atención personalizada y poder ver y probarse la ropa todavía vale. Queda mucha gente que quiere eso”.

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