Hay algo del silencio que le gusta a Mercedes Nosetti. Sale a correr sola, muchas veces de noche, en invierno, “toda emponchada”, cuando las calles de Trenque Lauquen están casi vacías. Nadie la mira ni la reconoce ahí afuera, y eso, dice, es parte del secreto: no busca la vidriera del deporte, sino ese rato a solas que le devuelve algo que ni ella termina de explicar del todo. Antes de las carreras, antes de los podios y de los kilómetros cruzando calles y montañas, hubo un diagnóstico de anemia severa que nadie había visto, un cambio de alimentación “medio sin querer” y una decisión que sostiene como bandera: correr no para ganar, sino para no perder el norte.
Ella es psicóloga. Trabajó, incluso, dando charlas de psicología deportiva a chicos de fútbol. Y desde ese lugar —el de quien conoce tanto la cabeza como el cuerpo— habla del deporte como quien habla de un tratamiento: es “el antidepresivo por excelencia”, dice. Este es el mano a mano con FM Tiempo 91.5.
— Tenés muy bajo perfil para todo lo que lograste. ¿Por qué no estás en la vidriera de los atletas?
-Surgió un poco sin darme cuenta. Nunca busqué estos resultados. Mi vida siempre pasó por mi familia —tengo tres hijos con mi marido— y por mi consultorio, que es mi cable a tierra. Correr ocupa una linda parte de mi día, además nunca manejé mucho las redes sociales. Hace años que entreno sola: salgo a correr por mis horarios, a veces en invierno a las ocho de la noche, toda emponchada. Hay muy poca gente corriendo a esa hora. ¿No me ven? Mejor.
—Hay mucha gente que corre o hace un deporte para no ir al psicólogo.
– Creo que son cosas que tienen que ir de la mano. Yo creo que el deporte es el antidepresivo por excelencia, de eso estoy convencida, y hay una frase que dice más zapatillas y menos pastillas. Pero también voy al psicólogo. Se entrena todo, cuerpo y mente, ese sería el gran combo. Y no hay que ser bueno para hacer deporte: hay que tener ganas y listo. La élite son muy pocos, Messi hay uno solo. El cerebro tiene la capacidad de aprender a cualquier edad, cualquier actividad; el problema son nuestros propios prejuicios. No hay que aspirar a eso, sino a la calidad de vida.
— ¿Cuándo empezaste a correr?
-Hice todos los deportes de chica: natación, hockey, handball, softball, pádel. Nací en Salliqueló donde viví hasta que me fui a estudiar. Me crié en un club, Newberry. Empecé a correr acá en Trenque, hace unos 6 ó 7 años, cuando había nacido mi tercera hija. Era el único deporte que podía sostener sin un horario fijo. Con el pádel o el tenis siempre surgía algo y no podía cumplir el compromiso; correr lo puedo hacer en cualquier momento, aunque me obligue a levantarme a las cinco y media de la mañana en verano. Es mi ratito.
— En poco tiempo llegaste a resultados muy importantes. ¿Cómo se logra eso?
-Yo corría bastante y no sabía que tenía una anemia muy severa; me la detectaron de casualidad. Al tratarla empecé a sentirme mucho mejor. También cambié la alimentación medio sin querer, y arranqué con el gimnasio cuando decidí correr los 42 kilómetros de Buenos Aires, mi primera maratón. Antes no iba porque me daba fiaca, pero dije: esta distancia la quiero hacer bien, necesito nutrición y fuerza. Ahí se notó la diferencia.
— ¿Es un entrenamiento sacrificado, el de una atleta de elite?
-No sé si soy objetiva, porque a mí me divierte. Corro 5 ó 6 veces por semana y hago gimnasio dos veces, con Ezequiel Corea. Pero no me mato: entiendo que no todos los días nos sentimos igual. Hay días que dormí mal o tuve mucho trabajo —tengo tres hijos— y ese día entreno a conciencia de lo que da mi cuerpo. El día que eso se convierta en presión, dejo de correr. No quiero esa presión.
— ¿Y con la comida? ¿Sos estricta?
-Como saludable, de toda la vida, pero no vivo de esto. Los fines de semana me tomo un vasito de cerveza. Si un día queremos un helado, nos tomamos un helado; si tengo cena con amigas y piden empanadas, como empanadas y las disfruto. La nutricionista con la que trabajé me lo decía: la parte social de compartir tiene que estar. Yo tampoco quiero ser un mal ejemplo para mis hijos con eso.
— ¿Es verdad que tras una carrera, una marca de ropa deportiva te ofreció un contrato y lo rechazaste?
-Sentí que me quitaba la libertad de elegir. Representar una marca significa anotarte en las carreras que ellos te piden, y a mí eso no me sumaba. Lo revaloricé, se lo agradecí muchísimo y lo sentí como un reconocimiento lindo, pero mi objetivo es no perder nunca el norte: disfrutar, tener los pies sobre la tierra. No quiero negociar esa libertad, y eso no lo negocio.
—Te escucho y sonás como una atleta “anti sistema”.
-(risas). Una amiga me definió como “la antirunner”. Al principio me incomodaba un poco que la gente me ovacionara al costado de la ruta. Una vecina me dijo una vez: “vos no entendés, lo que a vos te da vergüenza, nosotros lo admiramos; yo te veo correr y pienso qué lindo sería poder correr así”. Eso me quedó resonando. A veces uno piensa una cosa y la gente está pensando algo totalmente distinto. Hay que sacarse esos prejuicios y disfrutarlo como se pueda.
—Los que hacen atletismo, o muchos de ellos, destacan que es un deporte en el que compites con vos mismo.
-Para mí es un espejo entre mente y cuerpo. La fortaleza física también te la generás mentalmente cuando salís sola: “qué hago acá, me quedo en casa tomando mate, hace frío, hay viento”. Hay mil excusas. Vencerte a vos misma y encontrarte sola te hace mucho más fuerte emocionalmente, más allá de los resultados. Yo pienso más en cómo me siento después que en cómo me siento durante. Esa sensación de haberlo hecho es incomparable.
— ¿Cuál es, entonces, tu meta?
-Sentirme bien. Si sale un buen resultado, es un plus. Es lindo ganar, no lo voy a negar: cuando el chico de la moto me acompañaba relatando que iba primera, en San Juan, fue emocionante. Pero hasta el kilómetro 18 yo ni siquiera sabía que iba adelante, y no me desesperaba por eso. Todo esto es transitorio. Si pienso que tiene que ser eterno y salir siempre bien, me pongo una vara tan alta que no tiene sentido. Yo quiero correr… a veces no corro, huyo, me dicen mis hijos. “Vos no corrés, mamá, huís”. Y con eso, la verdad, sale todo.
Mercedes Nosetti vive en Trenque Lauquen, es psicóloga y madre de tres hijos. Corre desde hace siete años y ya sumó podios en distintas carreras a lo largo y a lo ancho del país.
Una mirada muy especial desde lo alto del podio: Mercedes Nosetti psicóloga y atleta
Psicóloga, madre de tres hijos y atleta que llegó a lo más alto del podio casi sin proponérselo. Corre desde hace apenas siete años.

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