Una mirada contemporánea con retrospectiva. Ese es el aporte de Ricardo Tojo un histórico dirigente del radicalismo de Trenque Lauquen, que fue parte de la generación de la juventud que impulsó el partido en el amanecer democrático y hoy analiza el devenir de la centenaria fuerza política.
En una entrevista con FM TIEMPO 91.5, este dirigente que fue senador y diputado provincial, y varias veces presidente del Comité, señala que está retirado, sin actividad partidaria pero que sigue de cerca los nuevos tiempos y que en alguna oportunidad es fuemte de consulta.
—¿Estás en actividad en la actualidad?
—No, la realidad es que en 1983 cuando nosotros éramos jóvenes y ganó la interna la Línea Nacional, que era la línea histórica del radicalismo, nosotros los alfonsinistas pedíamos que se vayan los viejos dirigentes que tenían 50 años (ríe). Nosotros mirábamos a la gente grande —que tendría 50 años— como un obstáculo. Y no era así, pero con la sangre joven uno quería ser protagonista. Ellos fueron muy generosos con nosotros: el ejecutivo municipal integró en sus direcciones y secretarías a jóvenes de nuestra edad, aunque el comité seguía en manos de los históricos.
—¿Y hoy, a la distancia, cómo ve aquel recambio generacional?
—Yo dije en su momento que no quería ocupar un lugar que no me correspondía. Si hago falta en algún momento, voy; cuando puedo dar una opinión, la doy. Pero no estoy activo en la estructura.
—¿Qué importancia le dan hoy los radicales al comité, al partido como institución?
—La política cambió muchísimo. Antes yo era convencional, producto de la elección interna, que suele ser previa a la elección general. Era incompatible ser legislador y convencional, como era incompatible ser miembro del comité y ser concejal o funcionario. Hoy no: el partido está en manos de los funcionarios y los legisladores. Se transformó de tal manera que perdió sentido, porque antes el partido y su presidente eran una institución respetada, no solo por la sociedad sino por los propios funcionarios y legisladores. Era una especie de juez: cuando había un conflicto entre el ejecutivo y el legislativo, se citaba a las partes y se trataba de componer. Además, el partido garantizaba que se cumpliera lo prometido. Hoy ni siquiera hay debate político, ya no hay propuestas. Y es una lástima, porque el partido político —no solo el radical, todos— es el núcleo de la democracia.
—Le pido una mirada general: ¿cómo ve el momento político?
—Estoy muy preocupado. Estamos frente a un gobierno fascista al que no le interesa el Estado. En realidad, no solo no le interesa, sino que trata de destruirlo. Escuché el otro día a alguien de derecha, con mucha difusión en Trenque Lauquen, opinar sobre las 48 viviendas que está construyendo el municipio por círculo cerrado. Decía que no estaba bien, porque el Estado se nutre del dinero de todos los contribuyentes y ese dinero termina yendo a quienes ya pueden pagar una vivienda, mientras el resto no puede acceder. Le preguntó el periodista qué había que hacer, y contestó: nada, si no es para todos, no hay que hacer ninguna vivienda. Con ese razonamiento hay miles de personas que hoy no tendrían casa si no fuera por los planes de vivienda, y tampoco debería construir la provincia ni la nación. Es un razonamiento preocupante, porque desatiende la solidaridad hacia quienes menos tienen.
—¿A qué atribuye el éxito de esta visión de la cosa pública?, porque es una opinión mayoritaria incluso entre los que no tienen vivienda.
—A un gran desprestigio previo de la política. Yo tengo memoria de que este mismo esquema lo usó Menem para liquidar las empresas del Estado: recuerdo que el periodismo de la época —Neustadt, decía «Doña Rosa» hoy los ferrocarriles perdieron un millón de dólares” y eso ayudó a instalar la idea de que había que privatizar. Ahora el presidente habló de «la casta», y la gente, con razón, viene de un desprestigio muy fuerte de los políticos y del sindicalismo. A eso se sumó una inflación altísima y mucha corrupción, y la gente dijo «este no es político». Veo sectores muy beneficiados con este modelo. Por ejemplo, se bajan las retenciones a los más poderosos, pero se congela la jubilación a los adultos mayores.
—Lo escucho y pienso ¿Tojo se hizo peronista? o el radicalismo ¿dejó de representar estos postulados populares?
—Yo siempre respeté muchísimo al peronismo, porque en el fondo peronismo y radicalismo formaron parte de una misma propuesta. El radicalismo nació para representar a los sectores más populares, y hasta Perón se nutrió de muchos radicales en su primera candidatura; se nutrió del yrigoyenismo. Representamos a los mismos sectores, por eso fuimos siempre tan adversarios. El radicalismo de hoy es responsable de su propia historia: yo formé parte de un radicalismo que llegó a su máxima expresión con Alfonsín, y también de uno que llegó a su mínima expresión con Leopoldo Moreau, cuando sacó apenas el 2% como candidato. También soy responsable de eso. Los enfrentamientos internos, esto de «que se rompa pero que no se doble», hicieron que el radicalismo se rompiera en mil pedazos: se fue Lilita, se fue Margarita, se fue Moreau. Y se sigue rompiendo.
—¿Cómo analiza la ruptura que se dio este fin de semana en la convención partidaria? Que tiene a Trenque Lauquen como actor central.
—Es preocupante. Ya se había dado una ruptura parecida en la elección para presidente del comité, cuando finalmente los dos candidatos, Miguel Fernández y Dominichi, pudieron acordar un comité de contingencia. No sé qué resultado dio, pero evidentemente fue malo, porque el radicalismo no pudo llevar una sola lista. Y ahora esa experiencia no sirvió de aprendizaje: se repite la ruptura, que para mí no es más ni menos que una estrategia de cinco o seis dirigentes para ver en qué sector se ubican. Si uno mira los discursos de ambos sectores, hay contradicciones importantes: dicen que hay que armar un frente con los sectores más afines, pero entre los propios radicales no logran ponerse de acuerdo. Eso, en la práctica, termina siendo un acuerdo para negociar qué cargo les dan, como ya pasó con el PRO: terminar en la cola de las listas. Por otro lado, me llamó mucho la atención el hecho que el ministro Katopodis invitara a Miguel Fernández a cerrar un acto. En política esto no es gratis.
—¿Cree que hay algún acercamiento a Kicillof?
—Creo que esta ruptura tiene que ver con la sospecha de que un sector acompaña a Kicillof y otro quiere irse con el PRO o con La Libertad Avanza. Ahora, si me preguntan a mí, entre La Libertad Avanza y Kicillof, elijo a Kicillof, aunque me parece que como ministro de Economía ya fracasó: llegamos adonde llegamos y no rectificó nada, sigue sosteniendo que todo lo que hizo estuvo bien. Ideológicamente estoy más cerca del peronismo que de La Libertad Avanza. Pero lo que a mí me gustaría es que el radicalismo no elija con quién ir, sino que vaya con la Lista 3, aunque pierda, acompañado por los sectores que quieran sumarse.
—¿Una lista de candidatos por la denominada calle del medio tiene posibilidades electorales hoy?
—Somos conscientes de que en un escenario tan fragmentado tiene pocas probabilidades de ganar. Pero mire lo que pasó con la alianza con el PRO, que muchos cuestionamos en su momento: terminamos con cuatro o cinco gobernadores radicales, cientos de intendentes y muchos legisladores, y aun así el resultado final fue este. No sirvió, porque el gobierno de Macri consultaba muy poco al radicalismo: casi no hubo ministros radicales, el vicepresidente fue el peronista Miguel Ángel Pichetto. Fuimos furgón de cola, tal como después le pasó al propio PRO con Milei, cuyos funcionarios dejaron de ser del PRO para pasarse a La Libertad Avanza.
LA UCR LOCAL
—¿Y en el plano local? ¿Prevé alguna interna en Trenque Lauquen?
—No veo sectores. Creo que en ese aspecto el radicalismo de Trenque Lauquen está tranquilo. Lo que sí le veo es la dificultad de no tener referencia hacia arriba, porque va a quedar huérfano. Es una gestión muy buena, la ciudad está limpia, prolija, se podría hacer más, seguramente, pero no veo dificultades para que vuelva a ganar. Lo que sí es cierto es que el partido a nivel provincial y nacional no está acompañando a los intendentes.
—¿Cómo percibe el clima de debate? Casi no se habla de política, hay mucha red social y mucha enfrentamiento verbal. Antes se debatían más las ideas.
—Ahora se habla poco de política y mucho de candidatos. Nunca me imaginé el nivel que alcanzó el trato en la Cámara de Diputados, ni que un Presidente insultara a otro Presidente, como hace Milei con Lula de Brasil, y menos lo que hace Trump. Supongo que alguien les aconseja hacerlo, porque hoy se mide casi en tiempo real la reacción del público frente a lo que se dice, y por lo visto está dando resultado: es increíble que se traten como se tratan.









