Gabriel Mansilla es pianista, profesor y multiinstrumentista formado en la Escuela de Música de Trenque Lauquen, hoy reparte su tiempo entre varios proyectos: un trío de jazz que ya lleva cinco años de rodaje, un grupo de folclore, las agrupaciones sinfónicas de la escuela donde también da clases, y algún que otro ciclo de música clásica armado «entre el repertorio propio y el de quien se sume con ganas de mostrar algo guardado».
La música, para Mansilla, no fue una elección tardía sino una costumbre de toda la vida. «A mí me agarró mi tío (Raúl) para el coro y ya tenía tres años y ya estaba cantando», cuenta, y recuerda que se mantuvo en esa formación coral durante más de una década, hasta que se fue a estudiar. En el medio, alrededor de los ocho años, empezó a tocar en la banda municipal de la escuela, y de ahí en más no paró de sumar instrumentos: primero el contrabajo, con el que tocó cerca de diez años en la orquesta, después el piano —»soy pianista, nato pianista», se define—, la guitarra y el clarinete.
Sobre ese oficio de nunca terminar de aprender, reflexiona con una honestidad poco solemne: «Es un bardo, porque hace muchos años que lo vengo estudiando y la verdad que siempre te encontrás con algo que te rompe la cabeza. Es muy loco, porque decís, no puede ser que hace tantos años que uno esté tocando y parece que sigue costando. Pero bueno, supongo que es así con todos los instrumentos”, señala en la entrevista con FM Tiempo.
LA ESCUELA COMO SEGUNDA CASA
Mansilla estudió en la Escuela de Música de Trenque Lauquen desde que era, en sus palabras, «el galpón», antes de que la institución tuviera el edificio actual, allá por 2014 o 2015. Hoy, además de tocar, da clases de piano y trabaja con distintas agrupaciones dentro de la escuela, un lugar al que describe como una segunda casa. «Acá podés estudiar lo que vos quieras. Querés tocar la guitarra, vas a la escuela de música; querés aprender percusión, batería, lo que sea. Eso es lo loco: siempre está equipada, tanto de profesores como de instrumentos, porque te los prestan para que te formes y después formes parte de las agrupaciones», explica.
Para Mansilla, ese acceso cumple una función social que va más allá de lo musical y agrega que, además de formar músicos, la escuela forma comunidad: «Te encontrás con gente con la que sos amigo desde hace un montón de años, desde que arrancás. Es un lugar que siempre te abre las puertas, no solo a hacer música sino a formar compañeros y a crecer como persona.»
LES ALIPUS: UN JAZZ SIN ETIQUETAS
El proyecto que más lo conecta con el público de la región es Les Alipus, el trío de jazz que integra junto a Santiago Novareux en batería y Manuel Heredia en bajo y que ya cumplió cinco años tocando en la zona: Bolívar, Pehuajó, Villegas, Casares. Sobre el origen del nombre, Mansilla se ríe: «En un momento pensamos que significaba algo en castellano antiguo, medio nativo. Después nos enteramos de que había un alcohol que se llamaba así. Pero bueno, quedó bien, y ya está”.
Hace poco, el grupo grabó un streaming en vivo de cinco canciones para el ciclo «Somos Cúbico», que se realiza en un estudio de Pehuajó por el que también pasaron otros artistas de la escena regional. «Nos dieron la oportunidad de grabar y dijimos que sí porque el proyecto estaba buenísimo: las imágenes que te quedan son espectaculares, tienen luces, está muy bien equipado», cuenta. El video, de unos treinta minutos, muestra lo que el trío hace en vivo: jazz instrumental cruzado con funk y soul, con referencias que van de Egberto Gismonti y Hermeto Pascoal a Herbie Hancock y Miles Davis.
Sobre los prejuicios que rodean al género como que el “jazz es medio elitista» o que «hay que saber de música para escucharlo»; Mansilla tiene una respuesta tranquila: «Nosotros tratamos de mezclar un poco de todo, no hacemos un jazz estilizado de una sola época. Y creo que hay público, pero no porque sea jazz, sino porque hay público para todo. He tocado música clásica, folclore, tributos a los Beatles, y siempre hay gente”. Aun así, reconoce una preferencia personal: «En el jazz es donde más cómodo me siento. Pero me gustan todos los géneros: cada uno te abre puertas, te hace conocer gente, te lleva a lugares”.
Uno de esos lugares fue el Cine Zurro de Pehuajó, donde el trío compartió escenario con referentes del blues y el jazz nacional. «Fue muy loco llegar hasta ahí y compartir con artistas que uno escucha siempre en Spotify. Son momentos que uno se guarda para siempre», dice.
LA VIDA EN LA RUTA
Girar por los pueblos de la zona —Pehuajó, Bolívar, Casares, Villegas— es, para Mansilla, parte esencial del oficio. «Lo disfruto un montón. Es algo que me dio la escuela: viajar, dar en otros escenarios, encontrarte con otra gente, con otro tipo de escucha.» Recuerda que esa costumbre viene de sus años de adolescente en la orquesta, cuando ya recorría Junín, Bariloche, 9 de Julio. «El Cine Sarro es hermoso, no solo para ir a escuchar sino para tocar. Carlos Casares tiene un ciclo de jazz bárbaro. Todo eso suma, siempre”.
De cara al futuro, Mansilla habla de crecer, de «abrir un poco más el radar» y de empezar a tocar más seguido en Buenos Aires, donde según cuenta hay una escena de jazz enorme, con bares y circuitos que le interesa recorrer. «No sé si ser conocido es el deseo, pero sí llegar a la gente desde un lugar como el jazz, que se diga que la banda es buena, que es algo respetable”. En lo personal, no descarta mudarse: «En algún momento me gustaría ir a vivir allá, o incluso a otro país, para probar cosas en lo musical”.
Además del trío, Mansilla lleva adelante un proyecto solista: ya grabó su «primera sesión», con tres temas, en el estudio local de la familia Chazarreta, con un videoclip realizado por Jamila Bianchi. El material está disponible en su canal de YouTube y es, según cuenta, parte de un empuje por difundir su música más allá de los escenarios de la región, incluidas las plataformas de streaming.
Sobre el hecho de tener que promocionarse a sí mismo, algo que a muchos artistas les cuesta, Mansilla es franco: «Yo nunca fui una persona que se desenvuelva bien socialmente. En la escuela era súper tímido. En algún momento tenés que romper con eso, inventar un personaje para salir. Creo que ya soy así”.
Y sigue estudiando, a pesar de los años ya recorridos desde aquel coro de los tres años: «La música tiene eso: es un viaje de ida, solo se puede avanzar. Uno nunca sabe todo, y de ahí salen los artistas que a uno le gustan. Mi idea es seguir estudiando todo el tiempo que pueda, porque eso también te abre puertas”.
Gabriel Mansilla: a los 3 años cantaba en el coro y hoy es un reconocido pianista de jazz local
Con su trío Les Alipus, ya recorrió escenarios de la región y busca expandir su propuesta hacia Buenos Aires y más allá.

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