CARTA DE LECTORES. Él no tiene idea de lo que hizo

Una vecina de Trenque Lauquen escribió una emotiva carta para reconocer hoy (día del artista plástico) a Germán Villamor, quien retrató a su hija fallecida y permitió que sus hermanos pudieran conocerla.

En una fecha como esta, en nuestra ciudad y en nuestra región hay muchísimos artistas que merecen ser reconocidos. Personas capaces de embellecer nuestro mundo, de llenarlo de colores, de transformar lo cotidiano a través de su arte.
Pero hoy quiero hablar de un artista en particular.
Un artista reconocido. Un SEÑOR en el mundo del arte. Un señor, con todas las letras.
No solamente por lo que es capaz de crear, por su talento o por sus obras. También —y especialmente— por su esencia, por la persona que es.
Él no tiene idea de lo importante que es para nosotros.
No tiene idea del amor, el respeto y la admiración que le tenemos.
Un artista es alguien que crea obras, que expresa ideas, emociones y visiones del mundo a través de la creatividad y de la técnica, pero él hizo mucho más que eso, porque además de ser un enorme artista, es una enorme persona.
Aunque hoy la palabra empatía esté tan utilizada, tan repetida y, muchas veces, tan desgastada, no encuentro otra que lo describa mejor. Por eso, sentimos la necesidad de contarle a nuestra comunidad quién es él. Para que, cuando se lo crucen, cuando vean una de sus obras, sepan que no están solamente frente a un gran artista: están frente a alguien que, sin saberlo, fue muy importante para nuestra familia.
En 2020 falleció Jazmín, nuestra bebé, en Capital Federal.
Nos fuimos solos, mamá y papá, buscando esperanza.
Rodeados de restricciones, permisos, documentos, controles y autopistas desiertas. Lejos de nuestros otros hijos, de nuestros padres, tios, de nuestros hermanos, de nuestros afectos.
Estábamos en una ciudad desconocida, atravesando uno de los momentos más dolorosos de nuestras vidas y había algo que nos dolía especialmente: sus hermanitos, sus tías y su abuela, que se habían quedado en Trenque Lauquen, no habían podido conocer a Jazmín.
No pudieron verla, no pudieron despedirse, ni siquiera tenían una imagen de ella que mostrara cómo era realmente.
Las únicas fotografías que teníamos eran las de la incubadora, rodeada de cables, respiradores y aparatos. Y las que habíamos podido tomar después de su fallecimiento.
Nosotros necesitábamos mostrarle su belleza al mundo, necesitábamos que sus hermanos pudieran conocerla, necesitábamos tener una imagen de nuestra niña que no estuviera asociada al dolor de aquellos días. Pero no podíamos hacerlo.
Hasta que apareció él.
Llegamos a él gracias a la reconocida artista María Chiampan, amiga y vecina nuestra, que nos lo recomendó.

Cuando lo conocimos, le contamos que necesitábamos un retrato de nuestra niña.
Al principio creyó que hablábamos de una hija que estaba viva y confieso que yo no fui cuidadosa al contarle que Jazmín había fallecido. Recuerdo perfectamente su asombro…su emoción.
Nos hizo preguntas sobre ella, sobre su nombre y sobre otros detalles que necesitaba para realizar el retrato. Confiamos en él y le compartimos las pocas imágenes que teníamos. Y él, las recibió con un respeto enorme. Fue cuidadoso con cada palabra, con cada pregunta, con cada detalle.
Mientras nosotros estábamos prácticamente en automático, intentando sobrevivir al dolor, él fue capaz de ponerse en nuestro lugar y se comprometió con aquella tarea de una manera que todavía hoy nos emociona.
Retrató a nuestra niña.
Le dio vida y color.
Y gracias a sus manos, sus hermanos pudieron conocerla.
No tiene idea de lo valioso que fue aquello para nosotros.
No dimensiona el bien que nos hizo.
No sabe cuánto nos ayudó en un momento en el que éramos simplemente dos padres atravesando el duelo por la pérdida de una hija.
No sabe lo que significó poder presentarles a sus hermanos a esa niña que había llegado al mundo y se había ido demasiado pronto, sin que casi nadie pudiera conocerla.
Hoy, seis años después, su obra sigue acompañándonos en nuestro hogar.
El retrato de Jazmín está ahí. Llena de vida. Llena de color.
Sus hermanos la tienen presente, también gracias a esas maravillosas manos de artista.
Recuerdo el día en que nos llamó para decirnos que había terminado, fuimos a su casa y no podíamos creer lo que estábamos viendo.
Había logrado retratar a nuestra niña. Cada detalle, cada rasgo.
Su hermosura.
Era ella.
Los tres estábamos profundamente emocionados, creo que nos quedamos con ganas de abrazarlo fuerte. No lo recuerdo con exactitud. Como dije antes, en aquellos días, en aquellos meses, estábamos en automático. Sin poder procesar completamente lo que había sucedido. Simplemente respirando y atravesando el dolor. Y él nos dio luz.
Nos dio alegría…Nos dio color.
Pero hay algo más, algo que todavía hoy nos cuesta creer.
Él no quiso cobrarnos, no aceptó nuestro dinero. Nos dijo que se sentía honrado de que hubiéramos confiado en él para algo tan importante.

Nosotros no podíamos creer que aquel gran artista, a quien nunca habíamos tratado y a quien prácticamente no conocíamos, quisiera hacernos semejante regalo. Un regalo tan preciado, tan cargado de amor.
Él no sabe lo que hizo.
No sabe que desde aquel día se convirtió, de alguna manera, en un miembro más de nuestra familia.
En un momento en el que nuestro país estaba atravesando una situación que nos había vuelto, muchas veces, más individualistas y desconfiados, nosotros nos encontramos con una persona que hizo exactamente lo contrario. Nos abrazó con su arte, nos devolvió un poco de luz. Puso color y belleza en uno de los momentos más grises de nuestras vidas.
Él sabe hacer algo que no todos pueden hacer: dar vida, esperanza y amor a través de su arte.
Por eso hoy queremos compartir algo que para nosotros es inmensamente valioso.
Queremos compartir su obra. Pero, sobre todo, queremos que nuestra comunidad conozca a la persona que hay detrás de ella.
Porque hay muchísimos artistas talentosos. Hay grandes artistas, pero personas capaces de poner su talento al servicio del otro, con semejante sensibilidad y generosidad, no se encuentran todos los días.
Él es Germán Villamor y nosotros tenemos el honor de tener en nuestro hogar una obra suya.
Para nosotros, la más importante de todas.
Germán:
No tenés idea de lo que hiciste en nuestras vidas.
No tenés idea de lo importante que sos para nuestra familia.
No tenés idea del lugar que ocupás en nuestra historia.
No tenés idea de cuánto bien hiciste.
Te debemos mucho.
Te debemos demasiado.
Por eso, en este día, y en todos los días:
gracias.
Gracias por tu arte.
Gracias por tu sensibilidad.
Gracias por tu generosidad.
Gracias por haberle puesto color a nuestros días más grises.
Y gracias, sobre todo, por haber retratado a nuestra Jazmín para que sus hermanos pudieran conocerla.

Hoy, seis años después, ella sigue estando con nosotros gracias a vos.
No tenés idea de lo que hiciste.
Pero nosotros sí.
Y nunca vamos a olvidarlo.
Gracias, Germán.

Silvana Ustarroz y Joaquín Fernández.

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