Doudou, pastelería con envase en lata: el sabor que abraza

Una docente jubilada y su pareja armaron este emprendimiento. Importaron una máquina para envasar en latas pet y sus productos de pastelería artesanal. Venden por redes y no paran de crecer.

No hay vidriera ni mostrador. Los postres de Doudou se piden por internet, se arman durante la semana en una cocina familiar y llegan en una latita pet transparente, con tapa sellada y cuchara incluida. Detrás hay una historia que empezó en pandemia, cuando Nélida Goycoechea, docente cerca de jubilarse, y su pareja, Sergio, se preguntaron qué querían hacer con la etapa que venía.
«Hoy estoy en otra etapa de mi vida y es importante no solo dedicarse a la familia, sino también disfrutar de hacer cosas nuevas», cuenta Nélida en una entrevista con FM Tiempo 91.5. «Para nosotros fue un desafío”.
Ninguno de los dos era pastelero. Siempre les gustó cocinar —ella confiesa una debilidad por lo dulce—, y después de la pandemia empezaron a ensayar sabores y a hacerlos probar a familiares y amigos. Ese testeo casero sigue siendo la regla de la casa: un postre sale a la venta recién cuando saben que va a tener buena aceptación.
La idea de la lata apareció al investigar qué se hacía en el mundo. En Trenque Lauquen abundan los postres individuales, pero ninguno se presentaba sellado. El camino no fue sencillo: la máquina de sellado no se conseguía en el país, así que la trajeron de China, igual que las latas y las tapas. La inversión, además, fue gradual: hornos, herramientas y todo lo necesario para trabajar con alimentos.
Además, hicieron el curso de bromatología para conocer las exigencias del rubro. Las latas son transparentes y están aprobadas por la ANMAT, algo que, dicen, les da tranquilidad a ellos y a los clientes. Cuando arrancaron, casi no había casos similares en el país. Hoy, aclara Nélida, el formato empieza a aparecer en otros lugares, también con golosinas, ensaladas de frutas y bebidas. «En Trenque Lauquen, hasta ahora, creo que somos los únicos que lo presentamos así”.
UNA LATA, UNA PORCIÓN
Cada lata contiene entre 200 y 230 gramos de postre: una porción clásica para una persona, o para compartir si el postre es de los más generosos. La ventaja, explican, es la libertad: en una casa de tres, cada uno puede elegir un sabor distinto en lugar de resignarse a una torta grande que hay que terminar en tres días.
La carta tiene hoy ocho o nueve variedades. Están la «sinfonía de chocolate» (bizcochuelo con almíbar y ganache), el red velvet, la panna cotta de frutilla con gelatina y almíbar de mango, el trifle de frutos rojos, el tres leches con brigadeiro de dulce de leche y la chocotorta con cremoso de Nutella. El más pedido es el tiramisú, que lleva un pequeño relleno de Nutella y almendras.
El chocolate es importado y lo compran por plataforma. Las cremas, los quesos —incluido el mascarpone— y las leches los consiguen en Trenque Lauquen. Para el resto se guiaron por lo que recomiendan pasteleros de Buenos Aires. La manteca, sin sal, es una de las pocas cosas que cuesta encontrar en la zona.
La semana está organizada al milímetro. Los lunes se hacen los bizcochuelos y las masas. Martes y miércoles, las preparaciones que necesitan reposar. Jueves y viernes se arman los postres que no se pueden congelar y duran poco. «El sábado vuela todo», dice Nélida. Esta semana, los pedidos empezaron a llegar desde el miércoles.
Nélida, que ya está liberada de horarios, se ocupa de buena parte de la producción; Sergio, que tiene otros trabajos, se suma por las tardes. Cuando el pedido se desborda, recurren a la ayuda del resto de la familia. Todo lo demás lo hacen ellos: la página web, el diseño, la elección de los postres y las redes sociales, sin community manager. Empezaron a vender al público en agosto y, tras un comienzo con pocos seguidores, cuentan que en este último tiempo el Instagram «estalló».
POR QUÉ DOUDOU
El nombre es una palabra francesa: así se llama el muñequito de apego que acompaña a los bebés. «Un muñequito de apego implica cercanía y calidez», explica Nélida. «Pensamos que nuestros postres tenían que ser cercanos a todos, para disfrutar en los momentos importantes de la vida o del día.» De ahí el eslogan: el sabor que te abraza.
Ese detalle artesanal se nota también en las propuestas especiales. Para el Día de la Madre ofrecieron una copa de vino de 22 centímetros con más de medio kilo de postre, dentro de una caja que Nélida pintó a mano, con moños y tarjeta. La copa, claro, se queda como regalo. Es que Nélida, profesora de dibujo, también pinta, aunque no se dedica a eso: «Lo hago para mi familia».
LO QUE VIENE
Por ahora no venden en comercios, aunque hay conversaciones avanzadas con un local que ya les cedió un lugar en heladera. La cautela es deliberada: son postres delicados y la cadena de frío debe respetarse. «Después la marca es la tuya», resume. Hacia adelante piensan en una carta más fresca para el verano, con ediciones limitadas semanales.
Sobre el precio, Nélida remarca que es accesible y acorde al mercado en este rubro. Y sobre el balance de estos meses, sostiene: «Estamos muy contentos con la devolución de la gente, vamos creciendo».

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