“La pintura es mi manera de expresar las emociones”

Detallista y fresca, a Mercedes Jonas no le llevó mucho tiempo hacerse lugar en una familia de tradición de escribanos y emerger como una de las grandes referentes de la pintura artística en todo el país. Primero tuvo que romper el molde del mandato familiar que va por la quinta…

Detallista y fresca, a Mercedes Jonas no le llevó mucho tiempo hacerse lugar en una familia de tradición de escribanos y emerger como una de las grandes referentes de la pintura artística en todo el país. Primero tuvo que romper el molde del mandato familiar que va por la quinta generación  y luego imponer la técnica en acuarela que aún le cuesta sostener cierto prestigio global por razones que nos explicará más adelante.

Pero primero lo primero. La familia siempre estuvo. A pesar de una larga tradición de hombres serios con saco y corbata que firman escrituras, siempre alentaron los sueños de pinceles y pinturas de la más chica de tres hermanos: el primero escribano, la segunda arquitecta y la tercera artista plástica. Más aún, a lo largo de la charla nos revelará que su padre tiene una arista también vinculada al arte y una afición por la fotografía, y que su madre pintó cuadros cuando chica y hoy es su alumna.

Pero a Mercedes Jonas le gusta las empresas más difíciles, y una vez recibida en la carrera de artes plásticas decidió inclinarse por la pintura en acuarela, a contramano de la corriente que conduce a la mayoría al óleo que abre todas las puertas. Se especializó en esta técnica y hoy recoge los frutos por su reconocimiento a escala nacional y por haber expuesto y vendido obras a distintos lugares del mundo, hasta algunas de ellas llegaron al Vaticano.

Cuenta la leyenda que los primeros pintores realistas usaban la acuarela como boceto, que luego pasaban al óleo. Por tal motivo, durante muchos años fue considerada entonces como una técnica menor, como boceto o croquis, y esa una de la que se enseña poco. Mercedes Jonas, se especializó, tomó clases y conoció a un acuarelista santafesino con el que tomó clases que le permitieron desarrollarse en este camino.

“La acuarela a diferencia de otras técnicas no te permite corregir, no se trabaja con blancos, así que tenés que armar todo en la cabeza de ante mano. Me llevó mucho tiempo, y me sentía una fracasada porque no me salía al principio, me fui entusiasmando luego y pude dedicarme cada vez más”, le dice a este diario.

“Es abstracto, si tomás una parte es una mancha que no dice que hay un arbusto, pero si la amplias ves que hay césped, te lleva a la síntesis y es una técnica espontánea, por el movimiento del agua que te lleva a representar el paisaje o las flores”, señala.

Su historia

Cuando chica tomó clases con Ana Varela y se graduó en la UBA. Se muestra detallista, casi al borde de la obsesión “aprendí también el enmarcado, es fundamental para la obra, a veces el enmarcado de la obra no es el adecuado y la perjudica” y dice que todos los días después de almorzar, cuando sus hijos están en la escuela o en alguna actividad, se toma su tiempo para pintar sus obras  que no sabe qué cantidad tiene, ya perdió la cuenta. El resto del día lo complementa dando clases en el Instituto Miguel Di Gerónimo y en su taller particular.

“La obra que pinto es algo que existe, pero hay algo que se agrega o se quita, el poste, el tapial, el árbol, a veces agrego cosas o las corro de lugar para que haya equilibrio en la composición”. Es una artista realista por cuanto viaja a pueblos y pequeñas locaciones a pintar casas abandonadas y paisajes, y también le gusta el retrato.

“Me gusta pintar retratos de personas mayores, algunas las tomo de fotos, que tomo yo. Me pasa que veo gente caminando y le pido permiso para sacarle una foto que luego voy a pintar”.

Por su trayectoria que inició hace 20 años, se ganó un nombre en el ambiente de los artistas plásticos en acuarela. Hace tres años se hizo el primer concurso de acuarelistas argentinos y ganó el primer premio “ahora somos más, ya no somos tan pocos” dice y anuncia que el próximo mes debe viajar porque ganó el segundo premio en una sala de Buenos Aires.

“Nada viene de arriba, mandé cuadros a distintos lugares, hice varias exposiciones en la Municipalidad, en el chalet de los ingleses, y empecé a crecer. En Trenque Lauquen existe la modalidad de comprar cuadros, en otras ciudades no es así”.

En España y el Vaticano

El arte y su obra le ha llevado a vivir distintas experiencias. Una de ellas ocurrió en San Luis donde un hotel internacional organizó un concurso para artistas plásticos y allí fue “pinté una vieja casona de Potreros de Funes, me la pidieron del hotel porque era la primera casa de la ciudad, yo no sabía, y al año siguiente cuando vuelvo me dijeron que se lo había llevado el gobernador Rodríguez Saá y que estaba en exposición en la Gobernación”.

En otra oportunidad recibió un mail en un castellano difícil de leer. Pensó que era una broma, aún no estaba desarrollado Facebook ni las redes sociales, y en este texto la invitaban a enviar obras a Italia y le pagarían en dólares. Todo sucedió tal como lo señalaba el mail, se trataba de un coleccionista de Milán que compraba trabajos de jóvenes promesas del arte.

Y en otra ocasión, una familia de Trenque Lauquen viajó al Vaticano a una audiencia con el Papa Francisco. “Yo justo estaba pintando un cuadro con su imagen, me lo pidieron y se lo llevaron” al Sumo Pontífice, hay fotos de Jorge Bergoglio con el cuadro en la mano. Luego hubo otros viajes de vecinos y gente de la región que le compró obras para entregar en la sede eclesiástica de Roma.

Pero, una de las historias que más le gusta contar ocurrió en España. Viajó a Salamanca a un congreso de acuarelistas europeos, y le permitieron ingresar a pesar de ser argentina.  “Me habilitaron por ser la única no europea, fue un gran aprendizaje porque pude hacer y ver cosas que acá no hay”. Durante un paseo en Madrid “conocí a un viejito de ojos verdes, barba blanca, camisa amarilla, sombrero y bastón, le dije que era hermoso y le pedí sacar fotos, después no lo vi más. Lo pinté y subí esa obra a Facebook. Llamó tanto la atención que una empresa vinculada al servicio de embajadas, me compró obras para todas las casas diplomáticas en Buenos Aires y durante un par de años siguieron pidiéndome. Nunca supe quién era ese señor que abrió un camino en lugares de Buenos Aires”.  

Presente y futuro

Mercedes Jonas está casada con Germán Grau, profesor de educación física, y es madre de Fátima (11) y Jerónimo (9), a los que nunca pintó. Su hija, dice, tiene condiciones artísticas pero insta a los hijos a “no obligarlos” por eso ya no le da clases en su taller a chicos sino a gente adulta “hay gente grande que descubre que puede pintar, a lo mejor es algo que postergaron durante muchos años, y hay muchas técnicas que se pueden hacer. Todos pueden” dice.

Su pasión comenzó a muy pronta edad. Desde que recuerda, dice, ya pintaba “aún sobre telas y cualquier superficie. Supongo que voy a pintar toda la vida”. El arte es “una forma de comunicarme, es una forma de expresar las emociones, si veo un paisaje me emociona y necesito plasmarlo, lo mismo con las personas que las veo, algo me llega y necesito representarlo”, a través del lenguaje que mejor conoce: pinceles y pinturas, con los que ha dibujado toda su vida.

La familia 

Como ya dijimos los Jonas son una familia de larga tradición notaria, no artística. “Mi familia siempre me apoyó. Mis padres siempre me llevaban a las muestras. A mi me gustó siempre pintar, desde chica, y cuando era chica exponía en la heladera de la casa de mi abuela, siempre tuve la idea de dedicarme al arte”.

Cuando se recibió y abrió el taller de pintura, la primera alumna que se inscribió fue su madre María Teresa Zoppelletto. “Ella había pintado cuando joven, recuerdo haber visto cuadros suyos en la casa de mi abuela, pero se casó y dejó la actividad que hasta que la retomó en mis clases”. Su padre, Enrique, es un fotógrafo aficionado y tiene gusto por la música y la poesía.

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