Los pilotos de planeadores son tipos audaces. Sólo pensar que conducen un aparato sin motor, librado a la suerte de las térmicas y los vientos los ubica en un lugar que habitan muy pocos, aunque ellos dicen que hay mucho de mística en esa afirmación y que su tarea es mucho más segura que conducir un auto en las calles de la ciudad.
Trenque Lauquen tiene un Club de Planeadores que este año cumplió 75 años, un número que la alista entre las entidades más longevas de la comunidad. Surgió por iniciativa de un grupo de vecinos apasionados por la aviación en 1944, coincidente con el auge de la actividad en toda la geografía nacional y que puede explicarse por el incentivo del Estado que subvencionaba la práctica de este deporte, la construcción de aparatos y pagaba por cantidad de alumnos inscriptos en los clubes.
Tal era el estímulo que el Trenque Lauquen de mediados de la década del 40 tuvo un taller donde se construían planeadores y funcionó en la calle Belgrano entre Alsina y Pellegrini, donde hoy hay unas cocheras linderas a un edificio (ex escuela Politécnico). Fue ese el sitio de la sede originaria del club hasta su mudanza a la calle Nueve de Julio entre Avellaneda y Urquiza.
Fueron años de mucho crecimiento y empuje, que se miran a la distancia hoy. Los tiempos cambiaron. Existen múltiples ofertas deportivas para los jóvenes, la aeronáutica es una actividad costosa y el interés no es el mismo. Por eso el Club de Planeadores de Trenque Lauquen (CPTL) que en sus orígenes se llamó “Pilmaiquen” (Golondrina), quiere dar vuelta la página y abrirse para la llegada de jóvenes y una generación nueva capaz de asumir el mando.

El CPTL nació en la Biblioteca Rivadavia, allí se escribió el acta fundacional el 29 de abril de 1944 y durante muchos años contó con un servicio ejemplar, modelo en todo el país, que fue el servicio de traslado sanitario, para personas enfermas que requerían una derivación urgente. Funcionó entre 1960 y 2016, y los pilotos siempre lo hicieron gratis, nunca cobraron un peso. El Club llegó a tener 3200 socios por ese servicio, hoy sólo cuenta 40.
Federico Córdoba y Carlos Lorenzo son los que van narrando la historia para OESTE BA. El segundo de ellos entró al Club en 1980 y aún sigue vigente. Córdoba, en tanto, es una muestra de las asignaturas pendientes “a los 50 años hice el curso de planeador, porque era algo que quería hacerlo siempre y lo fui postergando por razones laborales y familiares” hoy tiene además la licencia de piloto de avión y es un activo colaborador del club “nunca es tarde” dice y es para creerle.
Lorenzo no sabe por qué le gusta volar, dice que siempre estuvo ahí “mi abuelo era mecánico de autos pero le llevaban aviones para arreglar, mi padre sabía volar aunque no había hecho el curso, entonces es algo que ya estaba en mí” gracias al curso también es piloto de avión de fumigación y es una salida laboral.
SERVICIO SANITARIO
Como se mencionó el Servicio de Traslado Sanitario Solidario fue único en el país. No existen instituciones que lo hicieran, no hay registros de pilotos que dejen a su familia y su trabajo para trasladar de urgencia a un vecino que está atravesando un problema de salud, y juntos enfrentar tormentas, vientos y distintas contingencias para salvar una vida. Durante las inundaciones, con las rutas cortadas fue clave.
“El servicio nació en 1960 y aparecen allí apellidos como Feito, Turchi, Etcheverry, Goycoechea que son los pioneros del servicios, compraron un avión en EE.UU. que lo trajeron en vuelo y funcionó hasta 1990. En 1984 compramos un avión más grande y en 1995 una ambulancia para ayudar al traslado terrestre”. Todo con rifas y la cuota societaria.

“En muchos casos te involucrabas para que los pacientes llegaran y tuvieran una oportunidad, algunas salían mal, pacientes que no lo lograron y eso aún te entristece cuando lo recordás” dice Lorenzo.
Las autoridades aeronáuticas y sanitarias endurecieron los controles y los requisitos, fue cada vez más difícil sostener el servicio hasta que en 2016 se decidió darlo de baja. Este tipo de servicio quedó reservado a empresas privadas, con pilotos pagos, seguros y otros requisitos que no se podían hacer frente.
Sin el servicio solidario las oficinas del centro de la calle 9 de Julio no tenían mucho sentido, vendieron los aviones sanitarios y metieron ese dinero a hacer obras. Construyeron un complejo de oficinas y cocheras que tienen alquiladas a un organismo estatal y compraron dos departamentos alquilados a privados. Con esos ingresos sostienen el funcionamiento de la entidad que mudó todas sus instalaciones al predio en el sector rural de 150 hectáreas surcadas por tres pistas. Es un predio del Estado Nacional que lo cedió en comodato
Además de los bienes inmuebles su patrimonio se compone además de 6 planeadores y 2 aviones. “Esta es una actividad cara, los costos de la aeronáutica son muy altos con respecto a otras actividades, el combustible, los seguros, todo”. Los servicios que prestan son vuelos de bautismo y los cursos para planeadores y aviones.
DOS HISTORIAS TRÁGICAS
El Club de Planeadores de Trenque Lauquen tiene una rica historia de pilotos, competencias y actividades comunitarias y solidarias. Pero en sus integrantes habita también una sensación de angustia contenida por dos episodios trágicos que signaron de alguna manera los tiempos más difíciles.
En 1979 un accidente durante un despegue le costó la vida a uno de los pilotos y en 2007 durante la competencia del Torneo Nacional que se desarrollaba en Trenque Lauquen, un accidente desafortunado también terminó con la vida de dos pilotos.
“Son hechos tristes, que alejaron a gente del club y que hicieron que sea muy difícil organizar eventos” dicen los entrevistados con tristeza.
Sin embargo, ambos remarcan que la actividad es muy segura y que como todo en la aviación los accidentes tienen saldos altos.
MIRAR EL FUTURO
No pueden borrar las páginas más amargas, pero sí pueden mirar hacia adelante. Esa es la idea de esta conducción. “En este momento es un ciclo para resurgir porque estamos sin renovación, hay gente grande y nos cuesta encontrar jóvenes dispuestos a participar de la actividad, algunos jóvenes vienen persiguiendo el objetivo de una salida laboral para poder luego pilotear aviones de fumigación. Lo fundamental seria que ingresara gente más joven como ocurrió en América donde se dio una gran renovación”.
Son pilotos de planeadores. Tipos capaces de leer el aire y los sembrados para analizar las térmicas, anticipar los vientos y mirar todo en perspectiva 360 antes que los demás. No parece entonces que sea una misión difícil para ellos, renovar el plantel y levantar vuelo como lo vienen haciendo hace 75 años.








