Tres años atrás (marzo de 2023) enviamos para su publicación en medios de comunicación de Trenque Lauquen un artículo ilustrado con seis fotos, titulado “¿Qué nos está avisando el palo borracho de la Plaza San Martín?”.
Aquella nota pretendía visibilizar y alertar sobre las secuelas que provocan en los árboles del centro mismo de nuestra ciudad las derivas de los herbicidas fenoxiacéticos (2,4-D; 2,4-DB; dicamba, MCPA, etc.): hojas empequeñecidas hasta la “miseria foliar” más patética, alargadas, afinadas, retorcidas, órganos grotescos que más que fotosintéticos se vuelven una síntesis del estado actual de las cosas en los distritos agrícolas. Dicha “familia” de herbicidas tiene una acción tipo hormona de crecimiento: “apuran” a cada planta expuesta para que desarrolle hojas sin tener con qué, una vez consumidos los monómeros (moléculas orgánicas simples, como aminoácidos) necesarios para formar un follaje normal, de allí el efecto tan visible de las hojas deformadas (que no llega a “verse” realmente cuando alguien sólo evalúa la presencia del “verde” como indicador de salud vegetal, expectativa que suponemos tiene en mente la inmensa mayoría de nuestros vecinos).
Ahora, en pleno verano 2025/26, el palo borracho (Chorisia speciosa) que engalana nuestra Plaza central da mucha más pena que en 2022/23, con ramas secas en sus extremos y hojas todavía más finitas y pálidas (ya que con tan poco limbo foliar como el que les queda, poca clorofila pueden sintetizar y acumular, amén del “apuro” al que se ven forzadas por los herbicidas antedichos); si bien los extremos secos de sus ramas pueden ser resultado de las letales heladas de principios de julio/2025, las hojas deformadas nada tienen que ver con factores climáticos. Y este ejemplar majestuoso de palo borracho es sólo uno de los incontables árboles que muestran similar patología, en cada vereda, en cada rambla…
Si la sociedad de Trenque Lauquen, empezando por los funcionarios públicos y siguiendo por cualquier vecino que desee vivir en un ecosistema urbano con mínimas condiciones de salubridad del aire, no empieza a “des-anestesiarse” respecto de esta problemática de contaminación química, los árboles de nuestra ciudad seguirán clamando en el desierto, avisándonos infructuosamente sobre riesgos que no solamente los ponen a ellos contra las cuerdas (se sabe desde hace décadas de efectos tóxicos crónicos de estos herbicidas, en el sistema nervioso y en cuanto al desarrollo de neoplasias, y el Honorable Concejo Deliberante tiene constancia de ello, ya que las ONG ambientalistas – GITSA y “Vecinos Autoconvocados contra el abuso de agrotóxicos” – le hicimos llegar hace años un dossier con resúmenes de investigaciones sobre daños a mediano y largo plazo en la salud animal y humana).
Trenque Lauquen, pretendida “Ciudad Ecológica” orgullosa de su arbolado urbano, es poseedora cada año que pasa de más y más ejemplares de plantas enfermas por una causa que podría evitarse, si la búsqueda de rentabilidad a cualquier costo no fuera bandera intocable de los sectores con poder de decisión. Una verdadera pena, invisible para la mayoría, inocultable desde los gritos silenciosos de cada árbol, que a medida que las primaveras transcurren van pasando de desarrollar hojas normales a ostentar hojas deformadas por la falta de racionalidad en la gestión de los bienes comunes.
G.I.T.S.A. (Grupo Interdisciplinario de Trabajo por la Salud Ambiental), febrero de 2026.
Advierten que los efectos de la fumigación afectan a los árboles en pleno centro
Desde GITSA advierten que la “Ciudad Ecológica” corre riesgo de perder su patrimonio verde si no se toman decisiones responsables.

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