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Agricultura urbana: una huerta en pleno centro

Cada vez son más las familias que incursionan en lo que se denomina agricultura urbana una práctica que impulsa el desarrollo productivo y el consumo de alimentos saludables y de calidad, producidos con métodos sostenibles. El auge, no sólo llegó de la mano de la crisis económica, sino también por un cambio de paradigma que nos hace replantear la manera de comer y generar los alimentos, y que marca un camino de regreso a la producción sin químicos.

Esto no es nuevo en Trenque Lauquen. La feria Eco Fines marcó un sendero por el que caminan ya decenas de familias que, a la vuelta de la esquina, producen tomates, zapallos, ajíes, y otras cosas. Los Hoffman – Chitian son una de esas familias precursoras de este movimiento local y hoy son unos referentes ineludibles en el ambiente. En pleno centro de la ciudad tienen una huerta que es visitada de manera incesante por vecinos que acuden en búsqueda de los plantines, las semillas, para iniciar la producción.

Es una actividad que hacen con mucha pasión, según cuentan en una ronda de mates amargos con yerba saborizada y unos trozos de pasta frola. El encuentro es además una danza de idiomas, porque si bien Raúl Hoffman es tan argentino como el dulce de leche, su permanencia durante una década en Italia le conserva una pronunciación extraña en algunas palabras, y su señora Mihaela Chitian, de origen rumana habla un excelente español, pero con tonada italiana que se acentúa en el uso de las “r” y las “c”.

De Europa a la ciudad

En pocas palabras, decimos que Raúl se fue en el 2001 escapando de un país en llamas, como lo hicieron tantos compatriotas. Estuvo una década en Italia donde conoció a Mihaela que es de Rumania, pero vivía en Italia, y en el 2010 se pegaron la vuelta para Trenque Lauquen. Ella además, tiene una peluquería en la que trabaja medio tiempo y las “charlas” con sus clientas –dice- le ayudó con el idioma.

Pero volvamos a las plantas. La casa en la que viven, con el terreno en el que producen, la compraron desde Europa, cuando llegaron hubo que realizar una tarea de forestación intensiva para que se vea como se ve hoy, y como parte de esas nuevas plantas se sembraron frutillas que se volvieron masivas e invasivas “no sabíamos qué hacer las regalábamos” dice Mihaela a OESTE BA y cuenta creció en una familia que tenía huerta en Rumania “pero en nuestro país es muy difícil tener tierra” para producir como sí hay aquí.

Una amiga le habló de Eco Fines, y eso cambió el destino de las frutillas y de la familia. “Nos dimos cuenta que podíamos generar ingresos con nuestra pasión con nuestro amor por las plantas, así empezó todo”.

A la frutilla le siguieron las berenjenas, morrones, tomates, albahaca, etc.  Hoy producen más de 20 variedades de tomate, otras tantas de ajíes y zapallos. Mientras hacemos esta entrevista el timbre suena varias veces, son vecinos que vienen a comprar y le sacan de las manos los plantines.

“Esto es mucho sacrificio porque las plantas si no las atendés con amor no crecen. Nosotros vamos todos los sábados a Eco Fines y la gente nos compra en casa. Es lindo comunicarse y relacionarse con la gente en la feria la gente siempre vuelve a comprar, o nos manda a las familias, los vecinos, los amigos. El gran mérito no es nuestro, sino de la gente que cuida las plantas. Las plantas no fallan, la producción orgánica, sin químicos siempre crece”.

Raúl hace su aporte en la charla: “Nosotros usamos abono natural, bosta de vacas y residuos orgánicos de la cocina. Es el abono prehistórico, la humanidad se desarrolló comiendo esto, no hay muchos secretos hay que hacer lo que hizo la gente toda la vida”.

Esta práctica, sostuvo, en Europa  ya es moneda corriente “donde se está dejando de lado la producción con agroquímicos”. En nuestros días “todo el mundo quiere producir y de manera orgánica, a todos los interesa hoy poder hacer una huerta en su casa, quizás motivados por la situación económica o la alimentación saludable”.

Su producción

En su teléfono celular Mihaela tiene fotos de su producción de tomates de hasta 600 gramos, berenjenas grandes, al igual que ajíes y otros productos.

La familia cree que la agricultura sustentable debería enseñarse en las escuelas porque es una manera de garantizarle alimentos a las familias, aún con poco espacio pueden producirse alimentos, además que tiene una cualidad “terapéutica”.

Eco Fines “es una gran creación de Santiago Romero y otros chicos, es fantástico todas las ciudades deberían seguir teniendo el mercado del pueblo y orgánico, nadie puede vender algo que no se producido por sus propias manos y orgánico”.

Raúl dice que no sabe si en algún momento levantarán campamento otra vez para Europa, donde tienen también una pequeña producción, mientras Mihaela señala que ya se acostumbró a la Argentina “me gusta porque me dio tranquilidad, aquí no se corre tanto como en Italia”, dice.