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Bichos de ciudad: ¿Impulsará la pandemia un éxodo de zonas urbanas a sectores rurales?

 Por: Alejandro Gómez Blanco

Especial de Infocielo 

El brote de COVID 19 y el contexto de aislamiento conduce a muchas personas a reflexionar sobre el futuro y a replantearse su estilo de vida en las grandes ciudades. ¿Cómo será la vida post cuarentena?

Pasaron más de dos meses del aislamiento obligatorio y, mientras que buena parte del país avanza hacia una “nueva normalidad”, en la provincia de Buenos Aires la situación es distinta. Capital Federal y el Área Metropolitana continúan siendo los principales focos de contagio de todo el país, por lo que se dispuso la extensión de la cuarentena por 21 días más. Después de tanto encierro ¿Traerá consigo la pandemia una revalorización de la vida al aire libre?

En diálogo con INFOCIELO, el investigador del CONICET especialista en sociología rural, Guillermo Neiman, consideró que la pandemia llevó a que se evaluara de forma mucho más crítica la forma en la que se estaba viviendo en las grandes concentraciones de habitantes y agregó que “posiblemente esta circunstancia de la pandemia haya motivado a que sectores de la población que tenían en su agenda de vida la idea de desplazarse para vivir en pequeñas localidades o zonas rurales, se terminaran decidiendo”.

“Con mi hermana ya veníamos pensando dejar la ciudad. Después de esto, sin demora, vendemos todo y nos vamos” comenta Alicia, una usuaria de Facebook, en un grupo sobre pueblitos y localidades del interior. “Mi familia y yo pensamos después de la cuarentena mudarnos a un pueblo tranquilo. Poder disfrutar, poder andar en bicicleta”, acota en la misma publicación Romina. Marcela dice que, cuando termine el aislamiento, se subirá a su moto y se irá “a donde la lleve el viento”. Así se podrían mencionar muchísimos más casos de personas desencantadas con la ciudad.

El hartazgo por la vida en la ciudad y el deseo de una nueva vida en el campo son comentarios recurrentes en las redes sociales.

“El 90% de los casos de personas que dicen querer ir a vivir a un pueblo, no aguantan ni el viaje, pero ese 10% sí lo logra”, comentó a este portal el periodista y escritor Leandro Vesco, quien recorrió cientos de pueblos de nuestro país durante más de una década recolectando historias para compartirlas en sus columnas del diario La Nación y en los dos tomos de su libro “Desconocida Buenos Aires” y agregó que “primero, hay que recorrer, no se puede pretender irse a vivir a un pueblo desde el living de una casa en un barrio capitalino, sin mover un pie”.

En febrero de 2016, Florencia, acompañada por sus dos hijas, abandona la ciudad de La Plata para instalarse con Diego, su marido, en Arrecifes, una ciudad de 24 mil habitantes ubicada en el norte de la provincia de Buenos Aires, aproximadamente a 250 kilómetros de la capital bonaerense. Si bien se instalaron ese año en esta localidad, habían viajado para conocer previamente y se enamoraron de inmediato de “la vida tranquila, los abuelos sentados a la tarde en la vereda, los chicos solos jugando en la puerta” describió Florencia a INFOCIELO.

La razón de su partida de la ciudad de las diagonales tuvo que ver con los reiterados hechos de delictivos de los que fueron víctimas. Un sábado por la tarde, mientras cortaban el pasto y una de sus hijas jugaba en la puerta de su casa, fueron abordados por dos sujetos que se bajaron de una moto e intentaron ingresar a su vivienda. “A partir de ahí dijimos esto no es lo que queremos para criar a nuestras hijas”, explicó Florencia.

El Río Arrecifes le dio nombre a la ciudad y es una de las principales atracciones turísticas del lugar. Cuenta con un balneario al que concurren no solo los vecinos de Arrecifes, sino también los de otras localidades cercanas como Pergamino y San Nicolás.

Las actividades económicas que se desarrollan en Arrecifes son fundamentalmente dos: por un lado, la agrícola-ganadera,que se ve favorecida por su ubicación en la zona núcleo de la provincia de Buenos Aires, donde se encuentran los mejores campos para este tipo de producción; y por el otro una industria incipiente. “La mayoría de los ingresos de los vecinos de Arrecifes en aquél momento dependían de dos o tres empresas, pero las más importantes eran Arcor, en Pergamino y La Gauchita, en donde trabajaba mi marido” detalló Florencia.

En 2016 a partir de una situación económica del país muy negativa, comienzan los despidos y muchos vecinos se quedaron sin trabajo, incluso Diego. Fue momento de regresar a La Plata. “Más allá de eso, que fue un golpe terrible, sigo creyendo que fue la mejor decisión” aseguró Florencia, “Hoy por hoy seguimos pensando en irnos pero de otra manera, con algo armado, sin tener que depender de un empleador”.

Según Guillermo Neiman, una de las primeras dificultades vinculadas con la vida en zonas rurales y localidades con baja densidad poblacional se relacionan con la falta de oportunidades de empleo: “las posibilidades de trabajo en la actividad agraria, que es la que sostiene la ocupación en el medio rural, son cada vez más limitadas” explicó Neiman.

Para el periodista Leandro Vesco, la autogestión es crucial:  “Hay trabajo en los pueblos, pero hay que autogestionarlos. Todos los casos de emprendimientos familiares luego son un éxito”.

¿En qué etapa de la vida es conveniente hacer este cambio de vida?

La edad es relativa: “Para los jóvenes las posibilidades de adaptación y de cambios en esto de reubicarse en un nuevo entorno, uno supone que hay una mayor capacidad de adaptación, pero también tiene que haber condiciones para esto se produzca”, comentó Neiman, quien también se refirió a este mismo proceso en personas de mayor edad: “En el caso de la población de mayor edad, muchas veces los costos de vida en localidades más chicas son más bajos que en la ciudad, con lo cual tendrían la posibilidad de generar un nuevo arraigo”.

Desde el punto de vista de Vesco, todas las personas pueden hacer este paso, aunque “está claro que lo más positivo son familias con hijos para que ellos puedan aumentar la matrícula de las escuelas rurales, que todos los gobiernos se empeñan en cerrar”

María Luján nació y se crió en Tornquist, un pueblo rural de no más de 6 mil habitantes ubicado al sudoeste de la provincia de Buenos Aires, a pocos kilómetros de Sierra de la Ventana y Villa Ventana. A los 14 años debió mudarse a Bahía Blanca por una oportunidad laboral de su padre y, al cumplir 19, emigró hacia La Plata. Allí comenzó a trabajar, se enamoró, se casó, tuvo 3 hijos, se separó y, en 2018, con el empuje de Lucía, Alejo y Lucas, sus hijos, volvió a las raíces.  

Plaza Ernesto Tornquist, en el sudoeste bonaerense.

En 2017 no se hablaba de aislamientos preventivos, ni de cuarentenas, pero María Luján se sentía confinada: “me quería volver al pueblo, me sentía muy lejos de mis padres, pero no quería insistirles a mis hijos con la mudanza a Tornquist porque debían separarse de su padre”. Ese mismo año la asaltaron en la calle entre cuatro, apuntándole con un revólver en la cabeza, la golpearon y le robaron todo lo que tenía. A los pocos meses internaron a su padre, quien se encontraba muy grave de salud. María Luján y sus hijos llegaron a despedirse, dos días antes de que falleciera.

¿Qué esperamos para vivir acá? le preguntó Alejo, uno de sus hijos y, a partir de ese momento comenzaron a planificar su nueva vida en Tornquist, una ciudad tranquila, ordenada y familiar ubicada al pie de las sierras. “Ellos eligieron escuela, buscamos casa, mi mamá nos ayudaba mandandonos fotos para alquilarla a distancia, fueron días movidos pero llenos de esperanza” comentó a INFOCIELO María Luján. Pidió el pase en su trabajo en el Ministerio de Salud y, desde 2018, reiniciaron sus vidas alejados del ruido de la ciudad.

Una de las actividades más importantes de Tornquist es el turismo, que es el que más visibilidad le da al pueblo. Los que llegan de afuera quedan impresionados con la Plaza Ernesto Tornquist, diseñada a principios del siglo XX por el paisajista Carlos Thays, que ocupa cuatro manzanas de espacio verde y cuenta con un lago artificial, pequeñas islitas unidas con elegantes puentes, coloridos y jardines coloridos. En el centro de la Plaza puede visitarse la Iglesia Santa Rosa de Lima, construida totalmente en piedra extraída de las sierras. Según María Luján, “Tornquist está más lindo, un poco más moderno, pero aún conserva su recelo de ´no me invadas´”

Para Leandro Vesco, quien además de su labor periodística, es el fundador de Proyecto Pulpería, una ONG que busca repoblar los pueblos olvidados, “la pandemia ha idealizado la vida rural, y está bien que así sea: Lo mejor que puede tener este virus es que dé el empujón final a las familias que han soñado con hacer un proyecto sustentable en los pueblos” Según Vesco, para que este cambio exista, “el ser urbano tiene que dejar de lado gran parte de su identidad ciudadana para aceptar y hacerse propia, la rural”.