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Cómo se vive la cuarentena en un edificio: los códigos de convivencia y el encierro

Si hay un patrimonio histórico de la vida en el interior se define con una fórmula que integra el patio, las plantas, el jardín, el aire libre y una mirada matinal desde la vereda, cosas tan nuestras que parecen imperceptibles pero que cobran mayor relevancia cuando no se tienen, y cuando impera una cuarentena obligatoria.

Hay un porcentaje de la población, que es reducido aún, que vive en edificios de departamentos. Que no tienen jardín, ni patio y por el aislamiento ni siquiera tiene permitido transitar en los pasillos. Más aún, si se tiene en cuenta que estos inmuebles tienen una sola puerta de ingreso y en algunos casos un solo ascensor, las áreas de tránsito se convierten en lugares de riesgo por lo que es necesario “un código” de convivencia interno.

OESTE BA habló con vecinos del edificio de Argentino, en Sarmiento y Belgrano, uno de los más antiguos de la etapa moderna de la ciudad. Tiene 11 pisos y 55 departamentos, es decir 55 núcleos familiares aunque muchos están habitados por personas solas. Allí hay reglas de desinfección de lugares comunes, de prohibición de ingreso de personas ajenas pero también hay mucho cooperativismo y solidaridad: si uno sale hace trámites para otros, si viene un delivery piden para otros también, y hay horas de música y buena onda para levantarse el ánimo entre todos.

“Esta es como la casa de Gran Hermano” dice Jorgelina Marchessi en una video llamada con OESTE BA. Ella, junto a su madre, habitan uno de los departamentos del edificio, en el piso 9, y desde el minuto 0 del aislamiento social está de licencia laboral, así que junto a su madre jubilada pasa las 24 horas del día dentro del inmueble.

Jorgelina lleva la voz cantante a la hora de la entrevista de la que también participan otros tres vecinos y es quien además saca los parlantes al balcón y pone música de 19.30 a 21.00 horas. Es tal la “movida” musical que de otros edificios también se suman, y piden canciones al vivo de Facebook que transmite desde su cuenta personal. Otros vecinos, bailan en sus balcones.

“La portera viene 3 días a la semana, pero en esta emergencia la desinfección y la limpieza debe ser permanente, por tal motivo y como hay cinco departamentos por piso, todos limpiamos con lavandina los lugares de tránsito común de las personas”, dice Jorgelina. Lo mismo con el ascensor “se rompió un ascensor justo ahora y por la cuarentena no llega el repuesto, tenemos uno solo y lo cuidamos como oro, es el único lugar porque el que transitamos todos así el que lo usa debe desinfectarlo con lavandina en el piso y alcohol en la parte de la botonera”.

Manuela Rosas vive sola en el séptimo piso, y es una de las que más sale a la calle. Trabaja haciendo repostería y tiene un servicio de delivery personal, así que una vez al día sale y hace todo el recorrido. Cuando sale también lleva facturas de luz e impuestos de sus vecinos para pagar. “En mis caso, esto me complicó mucho la situación económica, el trabajo se cayó mucho” dice del otro lado del teléfono.

Sólo un porcentaje menor de los departamentos tiene balcón, así que para muchos el encierro, es encierro y sin metáforas. Esto, sumado a que la situación económica viene en caída libre, hace que algunos atraviesen bajones

“Antes nos cruzábamos y decíamos ‘hola que tal y nada más’ ahora estamos más unidos y hasta nos queremos, nos sentimos parte de la familia, si alguien no contestó en el grupo nos interesamos por si alguien tiene un problema. Si vemos que hay gente bajoneada tratamos de levantarle el ánimo, no es fácil sobrellevarlo en 4 paredes, porque acá no tenemos patio ni nada” dice Jorgelina.

 Armaron un grupo de WhatsApp para estar al tanto de lo que necesita el vecino, porque muchos viven solos y porque está prohibido que ingrese alguien que no tenga domicilio en el edificio. Los deliverys entregan en la puerta y se toman todas las medidas porque hay muchas personas adultas mayores y embarazadas en el edificio.

“No puede entrar nadie que no tenga domicilio en el edificio, no permitimos que ingrese nadie, nos cuidamos entre todos, por eso cuando uno sale a pagar un impuesto o algo, se lleva las facturas de los demás, para nosotros es importante evitar el tránsito”. No se puede reunir en los pasillos ni tener circulación interna.

Miguel Angel Cardinali y su esposa Mabel, son jubilados. Con 74 años y su vida dedicada a la lonería de camiones, Miguel dice que se siente encerrado porque su ritmo de vida era  muy activo antes del Covid 19 “me levanto todos los días temprano, estoy muy bien físicamente y con ganas de hacer cosas, así que obviamente es una situación difícil esta, yo he recorrido el país y trabajado toda mi vida, estar ahora sin poder salir es algo que cuesta. Pero bueno, cocino, hago las tareas que puedo y bailamos en el balcón” dice el hombre del otro lado del teléfono.

MÚSICA PARA SUS OÍDOS

Jorgelina desde el primer día de la cuarentena es la encargada de pasar música desde el balcón del piso 9. La rutina es de una hora y media diaria y comienza siempre con el himno nacional, la Marcha de San Lorenzo y alguna que otra canción patria y luego sí le dan rienda suelta a la música para divertirse, con canciones pedidas por Facebook y también música china porque enfrente hay un súper chino que “tiene la mejor onda y cruzan la calle para traerle alimentos a vecinos adultos mayores”.

Cuando termina la sesión musical aplauden, pero no es la única vez que lo hacen. También aplauden a dos vecinos que salen todos los días a trabajar, a una doctora y a un policía.

“Afortunadamente la gente es muy saludable en el sentido de buena onda, de asimilar este momento, de escuchar música, reírse, gritar por la venta y bailar. Como te digo, aprendimos a tratarnos como una gran familia” dice Jorgelina en el final.