Hay imágenes que se repiten cada vez que la Selección Argentina consigue un triunfo importante: plazas llenas, caravanas interminables, familias enteras abrazadas, desconocidos celebrando como si se conocieran de toda la vida. Durante un Mundial, el fútbol deja de ser apenas un deporte para transformarse en un fenómeno social capaz de modificar el estado de ánimo de millones de personas. Para el psicólogo trenquelauquense Sebastián Corenfeld, esa reacción tiene una explicación profundamente cultural.
«Somos un país culturalmente futbolero», sostiene. Y esa característica hace que buena parte de las emociones colectivas queden depositadas en el recorrido de la Selección. «Ponemos gran parte de las cosas que definen nuestra felicidad, si nos va bien o nos va mal, en estos partidos del Mundial. Para quien es hincha de un club ocurre algo parecido, pero el Mundial tiene otra dimensión” señala en una entrevista con la FM Tiempo 91.5.
La diferencia, explica, radica en que durante la Copa del Mundo desaparecen muchas de las divisiones que atraviesan la vida cotidiana. Las camisetas de los clubes quedan de lado y aparece una identidad compartida que reúne a personas de distintas edades, clases sociales e ideologías.
«Lo que pasó en 2022 fue exactamente eso. Hay personas que por otras razones de la vida cotidiana no se unen, pero el fútbol logra hacerlo de una forma realmente impensada», señala.
Corenfeld considera que, durante esos momentos, la identidad nacional adquiere una fuerza especial. La Selección funciona como un símbolo capaz de condensar sentimientos de pertenencia, orgullo y esperanza, incluso en contextos sociales complejos.
Pero el fenómeno no termina en la celebración. También modifica la manera en que los argentinos viven el juego y reaccionan frente a las decisiones arbitrales.
«Hasta defendemos causas que quizás por otros motivos no saldríamos a defender», reflexiona con una sonrisa. «Un gol anulado, un penal que no cobran… ahí todos nos ponemos de acuerdo enseguida”.
En ese escenario aparece un fuerte sentido de pertenencia que lleva a vivir cada situación con intensidad emocional.
Para el especialista, esa pasión forma parte de la identidad cultural argentina y explica por qué cada triunfo mundialista impacta mucho más allá de lo deportivo. Durante unas horas, o incluso algunos días, las preocupaciones cotidianas quedan en un segundo plano y el ánimo colectivo parece encontrar un motivo común para celebrar.
En un país acostumbrado a las diferencias, el Mundial vuelve a demostrar que existen pocas experiencias con tanta capacidad de reunir a millones de personas detrás de una misma ilusión. Y, como resume Corenfeld, esa emoción compartida habla tanto del fútbol como de la necesidad humana de sentirse parte de algo más grande que uno mismo.
Cuando el fútbol nos abraza a todos: la psicología sobre el nacionalismo a flor de piel
El psicólogo trenquelauquense Sebastián Corenfeld analizó el fenómeno social que despierta la Selección Argentina.

Otras noticias







