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Darío Brucart y una disco virtual que rompió la monotonía de la cuarentena

Estamos en emergencia. Estamos en cuarentena, una situación de aislamiento social y encierro que nos cambia los hábitos de raíz y que dejará huellas ineludiblemente en cada uno de nosotros. En este contexto, todos creemos que podemos hacer un aporte, y no todos en la sociedad son médicos, policías o enfermeros que representan la punta de lanza en este ejército imaginario contra el enemigo invisible.

Como todos seres sociales, entendemos que la distracción y el pasatiempo nos completan, y en esta instancia de bombardeo de noticias sobre la epidemia, videos, memes y audios de WhatsApp que nos hacen hablar todo el tiempo del coronavirus, aquel que aporte algo que nos dibuje una isla, un bálsamo en medio de este mar negro nos arranca una sonrisa.

Así proliferaron los músicos que dan conciertos en los balcones de los edificios porteños, los músicos que dan recitales en vivo por Instagram y los profesores de educación física que dan clases en vivo por redes sociales de ejercicios para mover el cuerpo en casa en cuarentena. Todo suma.

En ese tren deberíamos anotar a nuestro amigo Darío Brucart. Es conocido en la comunidad por ser uno de los mejores realizadores audiovisuales contemporáneos, pero no vamos a hablar de su faceta profesional, sino de su hobby que es ser DJ, disck jockey como se decía antes, y que en la noche del sábado estuvo “tocando en vivo” a través de una plataforma de streeming, es decir una página web con video y las canciones seleccionadas eran pedidas por el público.

Fue una gran noche de disco a distancia, una disco virtual. Brucart, que huele a vinilo, utilizó una fina selección de rock de los 80, algunos de los simples que ya hacía girar en las bandejas de la vieja FM Proyección o FM Omega, donde empezó el camino de los medios, de la música y la mezcla de sonidos. Uno de sus programas más recordados en los que metió mano fue TOP Circus, en aquellos años que pocos llegaban al micrófono y a las salas de operaciones, y muchos estaban del otro lado de los parlantes en sus casas.

Desde hace 40 años que dice le gusta pasar música, y a los 13 años su padre le compró un equipamiento que en aquellos años era tendencia y hoy sería una pieza de museo. Luego organizó también como hobby un par de fiestas retro, donde “movió las pistas con su música”. Promediando la noche Darío se calzó un sombrero y hasta ensayó algunos pasos de baile en cámara, con sus auriculares recostados en el cuello, mientras respondía mensajes en vivo y ponchaba videos que le enviaban sus amigos desde su casa.  

En síntesis, Brucart puso su granito de arena para la cuarentena sea menos desanimada para todos. Es también una invitación para que otros  vecinos se sumen, aquellos que quieran sumar su aporte a transmisiones en vivo, a través de las redes sociales, sumarse a una comunidad virtual donde nos podamos encontrar, compartir momentos no presenciales, una modalidad a la que nos vamos acostumbrando.