La doctora María Laura Cereigido es especialista en geriatría una especialidad médica que ganará cada vez más relevancia frente a los cambios de la sociedad. Según reveló para 2050 existirá el doble de adultos mayores que vemos hoy. También dijo que el 80% de ellos vive en su casa y sólo el 20% está institucionalizado. Habló de integrar la sociedad, de pensar la ciudad del futuro y de la experiencias de las nuevas comunidades que suplantarían a las residencias o geriátricos para los que pueden valerse por sí mismos. En una entrevista con FM TIEMPO 91.5 dijo:
—¿Cómo llegan hoy las personas a la vejez, en términos de salud?
—Antes se consideraba que la vejez arrancaba a los 72, y esa edad va subiendo: hoy con mucha capacidad funcional se llega bien hasta los 76 u 78, más o menos. Hay gente de 80 años mirando la calle desde la plaza y está muy bien. Y de 90 también: ahora tengo un paciente de 92 que va a arrancar a hacer gimnasia dos veces por semana.
—¿Por qué elegiste la geriatría como especialidad?
—En realidad la fui descubriendo. Cuando estudiaba medicina, los primeros tres años son en la universidad y los otros tres en el hospital, y yo vivía muy cerca del Hospital de Clínicas, así que hice las prácticas ahí. Tiene mucha cápita de PAMI, entonces había muchos adultos mayores, y cuando me tocaba atender a uno me sentía cómoda, me gustaba; cuando me tocaba un paciente joven, no me hallaba. Ahí me di cuenta de que esto era lo mío. Después supe que existía la especialidad y la posibilidad de hacer residencia, y me anoté directamente en geriatría. El Gobierno de la Ciudad tiene el Hospital Durand, que cuenta con sala de internación de geriatría; entré ahí e hice los cuatro años de la especialidad.
—¿Por qué creés que la geriatría va a tener tanto auge?
—Porque hay una tendencia de las sociedades modernas que va cambiando: nacen menos niños y las personas viven más años. Cada vez hay más geriatras, aunque igual somos pocos para todos los que tendríamos que ser. Y la geriatría se va mezclando cada vez más con otras especialidades, como la cardiología, porque los pacientes añosos necesitan procedimientos invasivos y uno tiene que evaluar si ese paciente se va a beneficiar o no, de una manera más integral. Eso es un poco el concepto de la geriatría: lo que dice la OMS es que hay que buscar un envejecimiento saludable, no vivir más años sino vivir años bien. Se busca que la persona mantenga su capacidad funcional —que sería la capacidad física y mental de hacer las tareas de la vida diaria— y eso también depende del entorno: es la persona más todo su entorno. Por eso hay que preparar un entorno favorable para el adulto mayor.
—¿Y qué papel juega la prevención, por ejemplo frente a enfermedades como el Alzheimer?
—La cabeza del adulto mayor también va cambiando, preparándose para una vida más larga: hacer actividad física, ejercicios de memoria. Y a eso hay que empezar a prepararlo desde ahora, porque todo depende de cómo uno arranca. En el caso de las demencias o el Alzheimer no tenemos una cura: hay tratamientos que ayudan, pero nada que lo frene del todo. Sin embargo, se habla mucho de cómo prevenirlo, y es justamente con una vida saludable, una alimentación adecuada y ejercicio físico. Todo eso ayuda a tener un envejecimiento más favorable.
LA SOCIEDAD DEL FUTURO
—Los nacimientos vienen cayendo fuerte. ¿Qué impacto va a tener eso?
—Los nacimientos bajaron un 40%, y se estima que para 2050 haya el doble de adultos mayores de los que hay ahora. Es un montón, y hablamos de mayores de 80, de 90, incluso cada vez hay más personas de 100 años, algo que antes no se escuchaba tanto. Toda la sociedad se tiene que preparar, y las familias también.
—La OMS declaró la década 2020-2030 como la del envejecimiento saludable. ¿Qué otros ejes plantea?
—Uno de los temas es el edadismo o viejismo, que nos atraviesa a todos como ciudadanos. Por un lado está cómo pensamos a los adultos mayores, con todos los estereotipos y prejuicios que eso trae; por otro lado, cómo actuamos con ellos, que va muy cerca de la discriminación. Uno lo tiene incorporado con ejemplos cotidianos que ni siquiera nota: viene una persona mayor con su hijo a la consulta, y termino hablando todo el tiempo con el hijo, como si la persona mayor no estuviera. Esa sería una mala conducta, y hay un montón de cosas así: decir «está re viejo, ¿para qué lo vamos a llevar si no lo va a disfrutar?», o «¿por qué le va a gustar la música si es viejo?». A veces las acciones cotidianas los van relegando sin que uno se dé cuenta. Y ni hablar de la sexualidad de los adultos mayores, que muchos creen que no existe, y no tiene por qué ser así.
—¿Es una cuestión cultural otorgarle espacio menos relevante al adulto mayor?
—Creo que tiene que ver con cómo vivimos, con la rapidez de todo. Hay que estar atentos y tratar de evitar esas actitudes. Hay que generar herramientas para que puedan integrarse, porque cada vez van a ser más parte de la sociedad. Y al vivir más, también hay que pensar en un «tercer proyecto de vida».
—¿Qué significa ese tercer proyecto de vida?
—Que jubilarte no significa quedarte encerrado en tu casa, sentado mirando la tele. Si te jubilás a los 60 o 65, te pueden quedar 20 años más, y 20 años en los que podés estar bien. Justamente eso es lo que hay que evitar: sentarse a mirar televisión y no moverse. Todo lo contrario: tener más vida social, más actividad física, no dejar de moverse nunca, porque cuando uno va envejeciendo va perdiendo masa muscular. Si me quedo quieto, pierdo masa muscular, pierdo fuerza, aparecen las caídas, aparece una fractura, aparece la fragilidad, y todo eso lleva a no tener el mejor envejecimiento. A veces esas cosas pasan, pero muchas veces se pueden prevenir.
LAS NUEVAS COMUNIDADES
—Se habla cada vez más de comunidades de convivencia para adultos mayores autoválidos, que no son un geriátrico. ¿Cómo funcionan?
—Depende de la gestión de cada lugar, pero habitualmente son personas que viven en distintos departamentos o casas con espacios comunes, y dividen entre todos el alquiler y los gastos. Son personas autoválidas, que podrían vivir solas, pero eligen vivir en comunidad para compartir talleres y salidas: un día van al teatro, tal día hacen otra actividad, los martes y jueves hay gimnasia por Zoom, y cada uno se suma a lo que le interesa. La idea es fomentar la vida en comunidad y evitar el aislamiento y la soledad, que es un tema muy importante en los adultos mayores. Y también tener un sistema de alerta: que alguien esté pendiente de vos, de si te pasó algo, si no bajaste a comer como siempre.
—¿Y ahí la tecnología también ayuda?
—Bastante. Hay relojes con GPS para las personas que viven solas: si salgo de casa, mi hijo puede saber dónde estoy, algo útil si hay un trastorno cognitivo leve y la persona puede desorientarse. O si hay una caída, se aprieta un botón y eso genera una alerta en el celular del responsable. También salió un dispositivo parecido a una Alexa con el que uno puede conversar, que genera recordatorios, habla de la familia, recuerda cumpleaños y la medicación. El tema de la soledad es un denominador común: los hijos no siempre tienen tiempo, los nietos tampoco, y se generan muchas horas de soledad. Por eso es tan importante estimular la vida en comunidad, hacer actividades, ir a un taller, a baile, a canto: estar activo es lo que mejor ayuda a tener mejor calidad de vida, mejor autonomía y mejor funcionalidad.
—¿Es viable pensar en algo así para Trenque Lauquen?
—Se llama cohousing, y sí, creo que es posible. Tengo varios pacientes, o hijos de pacientes, que me dicen «yo quiero armar eso, juntarme con mis amigas y después irnos a vivir ahí». Falta que se animen a concretarlo, pero es como una inversión a futuro, y ya poder pensarlo está buenísimo. A mucha gente le cuesta mucho dejar su casa, la casa donde criaron a sus hijos, el patio; es difícil, porque ahí está tu vida. Por eso es algo que hay que ir trabajando con plasticidad a lo largo de los años, para poder elegir después lo que sea mejor para cada uno: si es tu casa, que sea tu casa; si es una residencia, que sea una residencia. Eso también ayuda a la familia, porque institucionalizar a un familiar es una decisión muy difícil, sobre todo cuando esa persona siempre dijo que nunca lo iba a aceptar. A veces se necesita igual, porque no se pueden coordinar todos los cuidados en casa. Si uno a lo largo de la vida fue diciendo «si lo necesito, estoy abierta a que busquen un lugar para mí», eso alivia mucho, alivia la culpa.
—¿Es lo mismo que un geriátrico?
—No, son cosas distintas. La mayoría de las personas que están en residencias de adultos mayores tiene más dependencia para las actividades de la vida diaria: necesitan ayuda para bañarse, para movilizarse. Esa persona no encajaría en el modelo de comunidad; ahí encaja alguien de, por ejemplo, 88 años que vive solo, con capacidad funcional física y mental para hacerlo. Y hay muchos así: uno piensa que la mayoría de los adultos mayores están institucionalizados, pero en realidad el 80% aproximadamente vive en su casa. El 20% restante está institucionalizado, y ese número sube a medida que sube la edad. Pero la mayoría vive en su casa.
—¿Te gustaría que un proyecto de comunidad para adultos mayores se concrete en Trenque Lauquen?
—Sí, me parece muy interesante, y creo que sí sería posible. Hasta el municipio podría plantear algo así. Ya existe la residencia municipal, pero es para otro tipo de residentes, con otra necesidad. Sería un proyecto hermoso si el municipio lo planteara.
LA CIUDAD DEL FUTURO
—¿Creés que como sociedad estamos en deuda con pensar la infraestructura para este cambio demográfico?
—Sí, creo que es un tema a poner en agenda. Hay que hacer que la comunidad sea cada vez más amigable con el adulto mayor: que todas las veredas tengan rampas, porque si voy con andador o viene el cuidador con la silla de ruedas, hay que ir buscando pequeñas cosas que no me limiten la salida de casa. Trenque Lauquen ya tiene bastantes opciones para adultos mayores: está el PAMI, que ofrece gimnasia y otras propuestas, y hace muchos años que funciona así, con mucha gente que participa, se está trabajando bien.
—¿Cómo es tu tarea profesional en la ciudad?
—Trabajo en mi consultorio privado, estoy dos días a la semana en el Hospital haciendo consultorio, trabajo en una residencia privada y también en GENAP. En mi formación también hice cuidados paliativos, porque la geriatría te lleva un poco a eso, a acompañar enfermedades terminales y el fin de vida, y también lo necesitaba para mi formación. Cuando vine a Trenque Lauquen y me enteré de que existía GENAP, dije «quiero trabajar ahí», y por suerte me aceptaron.
—Además en tu espacio dictan talleres y gimansia para adultos.
—En mi consultorio, que se llama Casa Encuentro, hay posibilidad de hacer gimnasia funcional y gimnasia en silla, además de talleres de estimulación cognitiva, talleres de conversación y ahora empiezan talleres de mindfulness, que es una técnica que ayuda a generar nuevas conductas a través de la neuroplasticidad. La idea es generar oportunidades: que si alguien no sabe dónde ir a hacer gimnasia porque tal lugar está lleno, tenga otra opción, y si le gusta, buenísimo, y si no, que busque otro lugar. Lo importante es que haya adónde ir.
—¿Ves que cada vez hay más adultos mayores haciendo deporte, como running o ciclismo?
—Tengo varios pacientes que empiezan a hacer ejercicio y lo notan en la vida diaria: en el equilibrio, en que se caen menos. El otro día justo tuve el caso de un señor de más de 80 años que estaba muy bien físicamente porque hacía mucho ejercicio, y tuvo una infección aguda que lo dejó varios días internado con un cuadro complicado: perdió mucha movilidad, funcionalidad y masa muscular. Pero se fue de alta con actitud de recuperarse: empezamos con sentadillas y algo de brazos, y a la semana siguiente ya me decía que hacía cien sentadillas por la mañana. Ese señor pudo recuperarse de una enfermedad aguda gracias a la reserva física que tenía, porque ya venía entrenando; si no, quizás no salía de esa situación. La fragilidad es justamente otro de los grandes temas de la geriatría.










