Progreso es el segundo club más antiguo de Trenque Lauquen, después del FBC Argentino. Durante buena parte de su historia, sin embargo, fue sinónimo de apenas un par de actividades asociadas puertas adentro a un público más grande. Hace unos años esa fotografía empezó a cambiar. Primero llegó el vóley, después el hockey, fútbol y más tarde el handball, entre otras disciplinas.
«Fue una política decidida del club», explica Juan Peñalba, vicepresidente de la entidad, que atribuye la apertura a dirigentes históricos como José Crespo y Esteban Rojo, quienes advirtieron que la institución necesitaba una renovación interna si quería seguir viva.
A Peñalba le tocó llegar de la mano del fútbol, hace cuatro o cinco años, y desde entonces trabaja con las categorías infantiles en un predio municipal cedido en la AU donde el club entrena los martes y jueves. «Vamos creciendo en número año a año, ya podemos dar una merienda y estamos muy metidos en el barrio», cuenta durante una entrevista con FM TIEMPO 91.5. Este año el club logró sumar cuarta y quinta división, y el objetivo para la próxima temporada es completar todas las categorías con la incorporación de sexta división.
Un dato ilustra el tamaño del fenómeno: sólo para la sección de fútbol, este invierno se encargaron 100 buzos. Sumando el resto de las actividades —hockey, vóley, handball, sóftbol y pelota-paleta—, Peñalba calcula que hoy hay cerca de 400 personas dando vueltas por el club.
Ese crecimiento, dice, superó por momentos la capacidad organizativa del club. La respuesta institucional llegó este año, cuando por primera vez todas las disciplinas se integraron a la comisión directiva general: el propio Peñalba, que hasta entonces solo participaba dentro del fútbol, pasó a ser vicepresidente, y representantes de handball se sumaron como secretarias. «Hasta ahora era todo más ganas que otra cosa, y está buenísimo que vayamos teniendo un orden», sintetiza.
UN LUGAR PROPIO, LA DEUDA PENDIENTE
El obstáculo más repetido en la charla es la falta de infraestructura propia. El fútbol de Progreso no tiene cancha: entrena en el polideportivo municipal y, cuando ese espacio no está disponible, recurre a un préstamo del municipio en la Ampliación, una solución que Peñalba define como «un paliativo», porque no permite construir nada permanente.
Ese mismo problema lo compartían el handball y el sóftbol, que hasta hace poco alquilaban distintos lugares para entrenar. La novedad de este año fue el alquiler de un predio en Quintana 248, donde antes funcionaba un gimnasio, que el club ya adaptó con obras propias: un baño nuevo y un sector acondicionado como vestuario. Handball y sóftbol entrenan allí desde hace poco, y el lugar también sirve para reuniones y asados de la institución.
Para el fútbol, en cambio, la solución definitiva sigue en carpeta. «Todavía no podemos develar mucho, pero el año que viene vamos a tener muy buenas noticias», adelanta Peñalba, entre risas, sobre gestiones en curso para conseguir un terreno propio. Mientras tanto, el financiamiento del día a día sigue el mismo camino artesanal de siempre: cuotas, ferias de ropa usada, publicidad en las camisetas y algún asado solidario. La obra de Quintana 248, más grande, se pagó con fondos que el club tenía guardados y que ahora se van reponiendo de a poco con eventos.
DE JUGADOR A DIRIGENTE
Peñalba jugó siempre de cinco, «más raspador que distribuidor», admite, hasta que una serie de lesiones lo empujaron primero a ponerse el traje de técnico y después a la dirigencia. Reconoce que nunca se había puesto a pensar por qué se quedó ligado al club después de colgar los botines: «Siempre tuve la voluntad y me gustaron los lugares sociales, soy como un emprendedor de siempre, tanto en lo privado como en lo público». Se crió jugando a la pelota en Barrio Alegre y asegura que sus mejores recuerdos —los asados, las juntadas de los jueves— nacieron siempre en lo colectivo. «Es como una devolución», resume sobre su rol actual.
Esa mirada convive con una autocrítica sobre el lugar que ocupa el trabajo social en un contexto que, según él, premia sobre todo lo redituable económicamente. «Cuando alguien entrega su tiempo y no busca un rédito económico, a veces resulta ingrato», admite, aunque aclara que no lo vive como un reproche a la gente, sino como un rasgo del sistema. Para Peñalba, la clave para sostener el crecimiento no pasa por el esfuerzo de una o dos personas, sino por la formación de subcomisiones: la de infantiles de fútbol, por ejemplo, nació de un grupo de padres que empezó juntando fondos para viajes y terminó organizando, junto a Atlético, el primer torneo Seven de la ciudad, con el que consiguieron viajar a Pellegrini y Beruti y comprar camisetas para todo el plantel infantil.
LOS CLUBES EN LA CIUDAD
Peñalba destaca el trabajo de todos los clubes de Trenque Lauquen y sostiene que la diversidad de clubes y disciplinas de la ciudad es una de las explicaciones, dice, de por qué la liga local no siempre alcanza el nivel de otras ciudades más chicas— es en realidad una fortaleza: «Hay un montón de ofertas para que chicos y chicas puedan hacer deporte de una forma social, no privada, donde no te cueste muy caro», explica, y agrega que esa puerta de entrada fue la misma que lo trajo a él, primero como futbolista y hoy como dirigente.
Sobre el fútbol femenino, cuenta que el club lo intentó una temporada y que el proyecto se disolvió al año siguiente por falta de un grupo sostenido que le diera continuidad. En las categorías infantiles, en cambio, el fútbol mixto funciona con naturalidad y hasta hay más chicas que varones en algunas prácticas. «Cuando yo era chico era raro ver a una mujer jugando al lado de uno. Hoy los chiquitos ni se lo plantean», reflexiona, y atribuye las dificultades en las categorías mayores a resabios de una sociedad todavía machista, algo que —dice— empieza a cambiar a paso firme desde las canchas de los más chicos.
La charla cierra con una buena noticia futbolera: el domingo anterior, Progreso ganó 4 a 0, la primera victoria del año. «Se labura un montón y a veces el tema de los resultados es ingrato. Que pase esto es un empujón para adelante», festeja Peñalba, con la misma convicción con la que describe cada paso de un club que decidió dejar de ser solo el del casino y la pelota-paleta.
El Club Progreso abrió sus puertas y no para de crecer: la renovación y nuevos proyectos
Juan Peñalba llegó al club como jugador de fútbol y hoy es su vicepresidente. Una institución centenaria, que durante décadas vivió de dos o tres actividades, se abrió al vóley, el hockey, el handball, el sóftbol y el fútbol infantil, y hoy suma entre 400 y 500 personas activas.

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