El día después de mañana, pasaron las elecciones

Por: Dardo Lambertt No hay mucha diferencia entre el paisaje que amaneció el día después de las PASO y el día después de las elecciones generales al menos en Trenque Lauquen. Aquí no hubo remontada épica; aquí no hubo dobles lecturas el que ganó, ganó y el que perdió, perdió.…

Por: Dardo Lambertt

No hay mucha diferencia entre el paisaje que amaneció el día después de las PASO y el día después de las elecciones generales al menos en Trenque Lauquen. Aquí no hubo remontada épica; aquí no hubo dobles lecturas el que ganó, ganó y el que perdió, perdió. Más aún, el ganador se llevó todo sobre la mesa como ocurre en los casinos no dejó nada.

El radicalismo, el Frente Juntos es el gran ganador en Trenque Lauquen, el peronismo el Frente de Todos el gran perdedor. En una Argentina polarizada y agrietada casi no hay lugar paras terceras opciones, aparecen siempre en el firmamento alguna que otra estrella fugaz pero para hacer una opción real en democracia hay que perdurar en el tiempo, y no se ve hoy que eso esté al alcance de la mano aquí.

Como decíamos el radicalismo es el gran ganador. Una elección legislativa con el 55% de los votos y 6 concejales es un premio muy grande, un capital político demasiado pesado para moldear con las manos durante los próximos dos años. La elección abrió, innegablemente, la carrera por la sucesión de Miguel Fernández un intendente que ya no tiene por ley la posibilidad de ser reelecto entonces aparecen en el horizonte hombres y mujeres en condiciones de sucederlo. Y nos preguntamos quién es el padre de la victoria  y quién administrará este capital político futuro.

Es innegable que la figura de Francisco Recoulat viene en ascenso geométrico y es hoy la primera carta del oficialismo. También es cierto que la sucesión de participaciones en el Ejecutivo de Esteban Vidal descubrió que hay otro dirigente en condiciones de calzarse el traje, y hay otras figuras como el diputado Valentín Miranda aunque parece éste, más enrolado hoy en la discusión partidaria y seccional que en la gestión pero no es para desechar, y otros como Gustavo Marchabalo de altísima valía pero que está autoexcluido. Como se ve, no tiene ninguna mujer hoy en el tablado mayor, ése es indudablemente un déficit que atender porque hoy en la agenda pública la paridad de género es importante.

Pero no todo es camino de rosas. Una fuerza política que gana las elecciones sin despeinarse corre riesgo de sentirse omnipresente y generar hacia adentro la oposición que pretende fagocitar afuera. No es esto una novedad en la fuerza centenaria, le ocurrió a finales de los 90 cuando abrió el capítulo post Barracchia y generó divisiones que se extendieron en el tiempo y devolvió el partido al llano. Esas grietas parecen hoy superadas.

Además a la institucionalidad, a la política, al sistema de representación no le sirve una democracia unipartidaria y una discusión monocorde. Los gobiernos son mejores si sienten la amenaza de perder el poder. Si Fernández sintiera que Badino, Estévez o Solimano le podrían ganar las elecciones a lo mejor algunas cosas no pasarían, habría menos relajamiento en algunos aspectos de la gestión. Por ejemplo, la obra de la Plaza que nosotros defendemos como proyecto, pero lleva un año en ejecución y con el centro cerrado cuando hoy no hay riesgo de electrocución ¿para qué está cerrada la calle Uruguay u Oro?; o funcionarios que contestan un mail a la Provincia para cambiar el horario bancario una semana después que los 134 municipios restantes en toda la geografía bonaerense; y algunas respuestas que se les da a los pedidos de los vecinos de la ampliación urbana que parecen muy subidos a un pedestal por parte de algunos funcionarios. Pero la contundencia de los votos hace que todas estas cosas sean reducidas a la mínima expresión. Más aún, el hecho de mencionarlas nos hace quedar en off side porque parecen extemporáneas.

Tampoco podemos responsabilizar a la gestión municipal que la oposición no genere entusiasmo en la gente y que por tal motivo no haya una amenaza de poder o de riesgo en la votación como mencionábamos arriba.

Fernández bien puede decirnos: “Encima que me criticás por la plaza me hacés cargo a mi que la oposición no tenga votos?”.

No, claramente. En eso el peronismo se encarga sólo de fugar votos y desencantar al electorado. Sería injusto caerle a Leticia Badino la responsabilidad plena de este presente, porque ella que tiene 40 años usaba delantal blanco y trencitas en el pelo cursando la escuela cuando el PJ ya se desangraba en internas feroces. Los que somos un poco más viejos, hemos cubierto todas estas batallas épicas entre Saredi, Estévez, Rodríguez, etc. esa dinámica recurrente de peleas entre clanes emergentes y residuales alejó a muchos votantes, a dirigentes y sobre todo a la gente. Una parábola que se repitió en el tiempo, un espiral que desde adentro no advirtieron a tiempo y estas son las consecuencias.

A Badino sí le cabe la responsabilidad de ahora en más de saber si quiere más de lo mismo o transformar una fuerza política que debe ser la voz de los humildes, de los trabajadores y los barrios pero que cada vez le da más la espalda a su papel histórico y se encierra en peleas de superestructura que no le interesan a nadie.

Este es el día después de mañana. En el medio hay una pandemia, una crisis económica, una dólar por las nubes y parte de una dirigencia agrietada que quiere que al país le vaya mal, que festeja que haya más pobres, que publica memes en las redes con el precio de la carne y que festeja que otros sufran. Así el diálogo es imposible. No hay un país posible si no nos ponemos de acuerdo y asumimos que todos pueden sumar su granito de arena. Sino seguiremos estancados en el momento. Con todo por hacer.

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