Entrevista a Alberto Gil: el parque solar, El Faro y «pensar la ciudad a 50 años»

El arquitecto Alberto Gil habla sobre energía solar, inteligencia artificial, el futuro de El Faro y el crecimiento urbano de Trenque Lauquen.

Alberto Gil es arquitecto de Trenque Lauquen y está cursando una maestría en Economía Urbana. Desde ese lugar reflexiona sobre los desafíos que enfrenta la ciudad: la energía renovable, el uso de datos para tomar decisiones, el rol del Estado como facilitador del desarrollo privado y la recuperación de edificios con valor simbólico como El Faro.
En una entrevista con FM Tiempo 91.5 dijo:
— Se habla de ciudades inteligentes ¿qué significa ese concepto?
-No es una ciudad llena de sensores que detectan todo. El concepto de ciudad inteligente es aquel que se tomó el tiempo para prever y generar su propio plan de crecimiento. Todas las grandes cuestiones —energías renovables, gestión de residuos, medio ambiente, agroquímicos— deben ser parte de ese plan estratégico. Es decir, definir cómo queremos crecer, sobre qué base y con qué proyectos.
— ¿Cuáles son los pilares sobre los que se apoya hoy una ciudad que crece?
-Básicamente tres patas: el conocimiento, el emprendimiento privado y la gestión del Estado, que es quien toma la iniciativa. Sobre estas tres patas se puede generar cualquier tipo de proyecto. Yo creo que Trenque Lauquen está en un punto donde debiera darse ese debate. Hemos consolidado los cimientos —acceso al suelo, infraestructura básica— a lo largo de todas las gestiones desde el 83. Ahora debiéramos tomarnos el tiempo para generar un proyecto a 50 años.
— ¿Qué opina de la idea del Parque Solar?
-Lo importante es que el tema está planteado. La energía renovable es un tema que nos va a pasar, que ya llegó, que se instaló, como la inteligencia artificial. Son temas que ya están y me parece bien que se esté pensando en este tipo de alternativas. Es algo que forma parte de la agenda de los privados se ven muchos proyectos y emprendimientos que la usan.
DATOS, TECNOLOGÍA Y DECISIONES
— ¿Qué es la ciencia de datos y cómo se aplica a la ciudad?

-La ciencia de datos te permite generar un dataset —una base de información sobre la ciudad— procesarlo y sacar conclusiones que te permitan tomar decisiones más inteligentes y con mejor criterio económico. Por ejemplo, acá tenemos el número 147 para hacer reclamos. Si generamos una base con todos esos reclamos —quién llamó, desde dónde, por qué motivo— podemos saber rápidamente cuál es el problema que más se repite, en qué zona de la ciudad ocurre con mayor frecuencia, si es de agua, cloacas, veredas o arbolado. Eso le permite al Estado actuar con racionalidad en lugar de reaccionar a las demandas en redes sociales.
— ¿Trenque Lauquen está en condiciones de avanzar en ese sentido?
-Yo creo que no lo está haciendo todavía, pero va a pasar, como va a pasar con la inteligencia artificial: no vas a tener otra alternativa. El Estado municipal va a tener que empezar a generar esa información para tomar mejores decisiones y ser más racional económicamente. La Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, viene trabajando en esto desde el primer gobierno de Macri, y tiene una base de datos impresionante. Es una ciudad con otro presupuesto, claro, pero la inversión se recupera con las mejores decisiones que permite tomar.
EL FARO: SÍMBOLO, IDENTIDAD Y DESARROLLO
— Otro tema de la agenda pública ¿qué hacemos con El Faro?

-Me pone muy contento que haya movilizado a la sociedad. Es un edificio que forma parte de la identidad de la ciudad, es simbólico. Cuando éramos chicos y mandabas una postal de Trenque Lauquen, El Faro era esa imagen representativa. Que los ciudadanos estén involucrados y con ganas de que se resuelva me parece fundamental. Además, el Estado municipal ha detectado esa demanda y se está involucrando. Y los profesionales que entendemos del tema también están aportando para encontrar una solución.
— ¿Cuál debería ser el rol del Estado en este caso?
-El Estado no tiene que cargar el proyecto en la espalda, no tiene que poner plata. Hay un propietario, hay propiedad privada. La función del Estado debiera ser la de facilitador: participar para sumar voluntades. La inversión tiene que venir del sector privado. Pero para que eso ocurra, el Estado no tiene que quedarse corto: debe poner a disposición todos los instrumentos necesarios, como mayor edificabilidad, transferencia de metros, cambio de uso. Nadie va a invertir si no tiene un beneficio. Y el beneficio de recuperar ese edificio sería enorme para toda la ciudad. Es un caso de externalidad positiva.
— ¿Qué significa eso?
-Son todos los beneficios que, más allá de los directamente involucrados, recibe toda la sociedad. Un emprendimiento en El Faro generaría un nodo de atracción, revalorizaría la zona, dinamizaría el comercio. No tenemos dimensión de lo importante que sería recuperar ese edificio. Tenemos un buen antecedente en la ciudad: la ampliación urbana es el caso emblemático de una asociación público-privada que salió bien. El Estado obtuvo suelo urbano accesible para la mayoría, los privados incorporaron suelo rural al mercado urbano. Hoy las ciudades crecen sobre esos acuerdos.
SUELO URBANO Y ACCESO A LA VIVIENDA
— ¿Cómo ve el acceso al suelo y la vivienda para los jóvenes? Parece muy difícil el sueño de la casa propia.

– Trenque Lauquen tiene una ventaja relativa: la ampliación urbana, ya con doce años de marcha, ha generado suelo urbano de calidad —con agua, cloacas, regularidad legal— a valores accesibles. Eso no es común. Y tiene posibilidades de seguir creciendo en etapas sucesivas.
— ¿Alcanza con resolver el suelo o también hay que pensar la vivienda?
-El acceso al suelo urbano es más importante que el de la vivienda, porque sin lote no hay nada. La vivienda tiene otros caminos: la autoconstrucción, el núcleo básico ampliable, distintas formas de financiamiento. Quizás hay que ser menos ambicioso. En lo que es construcción hay un camino más fácil de recorrer. El lote urbano accesible, si no lo genera el Estado, es muy difícil de conseguir.

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