Estela Pincetti, 97 años y los recuerdos del viejo Beruti

Cuando Estela Pincetti nació en 1923 el mundo estaba entre guerras, amanecía un tiempo inestable e impredecible. Su pueblo natal, Beruti, era sólo el proyecto de un grupo de familias, y también iniciaba un proceso de auges, caídas y resurgimientos. Y en todo este tiempo, en casi un siglo, ella…

Cuando Estela Pincetti nació en 1923 el mundo estaba entre guerras, amanecía un tiempo inestable e impredecible. Su pueblo natal, Beruti, era sólo el proyecto de un grupo de familias, y también iniciaba un proceso de auges, caídas y resurgimientos. Y en todo este tiempo, en casi un siglo, ella fue testigo de este devenir global y también del doméstico.

Es la persona más longeva de Beruti, el pueblo del distrito de Trenque Lauquen que este año celebra 130 años de vida, aunque desde hace un año ya no vive en esa localidad sino en la ciudad cabecera, en una residencia para adultos mayores luego que un accidente doméstico le llevara a una operación de cadera y sus hijos decidieran que ya no era aconsejable vivir sola en Beruti.

Hija de inmigrantes italianos, es la menor de 8 hermanos. Viuda de Ernesto Razeto, quien fue peluquero histórico de Beruti y también corresponsal del diario La Opinión durante muchos años, madre de dos hijos Daniel Ernesto y Claudio, de 76 y 62 años respectivamente, y cuatro nietos Juan Pablo, Micaela, Mauricio y Ernesto, es propietaria de una memoria prodigiosa y a pesar de su edad tiene una excelente ubicación en tiempo y espacio.

Cuando grabamos esta entrevista para OESTE BA aún no había aislamiento obligatorio y el coronavirus no era la palabra más usada. La cita periodística se pactó para hablar de la historia de la localidad y el Club Giat, ante la proximidad de un aniversario de la institución. Es la persona con más años en la localidad así que es palabra autorizada para hablar de todo.

A lo largo de la charla, sus recuerdos van aflorando como páginas de un libro interminable. Allí dedica párrafos a su vida laboral, en la fábrica Giat y Bat, como casi todos los berutenses.

“No hay secretos para llegar a esta edad, sólo estar contenta, no hacerme problemas por cosas que no son importantes”, dice Estela a quien le gusta maquillarse, estar siempre peinada y bien cambiada, cuenta. 

“Trabajé toda la vida en Giat y Bat. En Beruti no había escuela secundaria así que a los 14 años ingresé a la fábrica, hacíamos piezas textiles y luego cordones para los zapatos. A los 20 me casé y me fui de la empresa, y luego regresé. Llegamos a ser 450 empleados en tres turnos rotativos, siempre había gente trabajando”, recordó.

SU INFANCIA

Como dijimos, Estela es la menor de 8 hermanos. Sus padres llegaron en los barcos de Italia, escapando de la primera postguerra. Cuando se radicaron en Beruti se dedicaron al trabajo con un horno de ladrillos y luego fueron comerciantes con una despensa de expendio de alimentos y bebidas.

“En mi casa había una quinta, mis padres se dedicaban a eso y de ahí comíamos”. Dice que habla el italiano a la perfección, aunque no tiene ahora con quien hacerlo. “Mis hijos lo entienden pero no lo hablan”.

Su infancia la recuerda en un pueblo chico, en el que se conocían todos “cuando era chica Beruti era muy chiquito. La infancia ahí era muy tranquila, no conocíamos otra cosa. Había mucho movimiento de familias porque la fábrica atraída a gente de otros lugares que venía a trabajar”.

La fábrica, el club, el pueblo, terminan siempre uniendo sus caminos. Y ella siempre estuvo ahí. “El club se hizo en una usina vieja, había un motor que daba luz eléctrica en el pueblo. Un día el gerente de la fábrica que se llamaba Pablo Ronald y le gustaba el deporte, decidió comprar ese local porque decía que la gente de la fábrica tenía que tener un lugar. El local era de un señor de apellido Lorenzato y empezaron a arreglar el club, hicieron una cancha de fútbol, reformaron el galpón y quedó muy bonito, se hacían fiestas, se montó un cine que tenía butacas muy lindas” describe con singular detalle de nombres y apellidos.

“Después hacían bailes, venían cantores de otros lados. Se hacían rifas y esas cosas, el club empezó a progresar, viajaban equipos de Trenque Lauquen y otras ciudades”. Para ella el club Giat fue fundamental para la ciudad, a pesar que ella era hincha del otro club que dejó de existir tiempo después La Luisa.

“Los jugadores de Giat eran empleados de la fábrica, había uno que jugaba muy bien de apellido Gazul. El club fue algo importante para el pueblo porque era el lugar de los obreros, después quedó para toda la comunidad. Si no hubiera estado el club donde hubiera ido la gente, qué hubiéramos hecho nosotros” se pregunta. 

Pero en Beruti no siempre los días fueron de alegrías como las del Club Giat. Hubo capítulos de sinsabores como lo inundación de la década del 80.

“En 1987 nos tocó la inundación. Tuvimos que poner maderas y vidrios en las puertas y el agua se filtró por el piso. Nos mudamos a Trenque Lauquen, estuvimos en el hotel y luego en una casa, mi esposo viajaba todo el tiempo para ver si bajaba el agua hasta que finalmente se canalizó y bajó el agua y pudimos volver tuvimos que arreglar toda la casa”.

Después de ese pasado, llegó la época de esplendor y crecimiento de Beruti que “está muy lindo gracias a Barracchia, ése sí que era un genio, hizo asfalto por todos lados”, dice.

PRESENTE

Y cómo son sus días. “Yo le digo a mis chicos el día que yo esté mal de la cabeza péguenme un golpe en la cabeza” dice y se ríe. “Leo mucho, novelas, historias, y escribo, estoy escribiendo reflexiones, pero no las comparto, por ahora sólo las leo yo”.

También le gusta hacer sopa de letras y comer caramelos sabor café. “No hay que hacerse muchos problemas, yo  siempre me río” dice para finalizar y pide ver las fotos para elegirla. “Pongan ésta y la otra borrala” ordena y señala con el dedo.

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