“Hace falta más palabra y más encuentro”: dos psicólogas invitan a pensar cómo acompañar a los adolescentes

El encuentro, abierto a la comunidad, invita a reflexionar sobre el rol de los adultos frente a las nuevas generaciones y la centralidad de la salud mental en la agenda actual.

Carolina Angelucci y Vanesa Bonavita, licenciadas en psicología y organizadoras del espacio Diálogos Clínicos, presentaron “Acompañar a los adolescentes hoy. Un desafío”, un conversatorio abierto a la comunidad que tendrá lugar el 19 de este mes en el Teatro Español. En una entrevista con FM Tiempo hablaron del rol de los adultos frente a las nuevas generaciones y de por qué la salud mental ocupa hoy un lugar central en la agenda.
Angelucci y Bonavita trabajan desde el psicoanálisis y hace once años sostienen Diálogos Clínicos, un espacio de formación e intercambio. “Acompañar a los adolescentes hoy. Un desafío” es el quinto encuentro de un ciclo que arrancó en mayo de este año con cuatro jornadas virtuales dirigidas a profesionales de la salud, especialmente del área de la psicología. Esta vez decidieron abrir la puerta al público general y bajar los conceptos técnicos para que cualquiera pueda apropiarse de ellos.
“Siempre pensamos que, desde el psicoanálisis, tenemos que poder salir a hablar a la comunidad de cosas que no solo pasan en lo privado sino también en lo público. Y ofrecer las herramientas que el psicoanálisis sabemos que tiene al común de la gente”, dijeron en la entrevista radial.
Para llevar adelante el conversatorio invitaron a dos psicoanalistas de Buenos Aires, que serán quienes guíen la charla, con la intención de acercar a Trenque Lauquen —y a las ciudades del interior en general— a profesionales de referencia que suelen concentrarse en los grandes centros urbanos.
EL FOCO, EN LOS ADULTOS
La elección del tema no fue casual. Para las organizadoras, la adolescencia es uno de los períodos más “ruidosos” de la vida, y suele mirarse desde el problema que representa el joven y no desde lo que le pasa al adulto que lo acompaña.
“Por eso nosotras enfocamos este conversatorio en el rol del adulto, para que los adultos nos podamos preguntar qué estamos haciendo. El foco siempre está puesto en los adolescentes: hacen ruido, no se puede hablar con ellos. Pero hay que poder pensar el rol del adulto”.
Bonavita y Angelucci señalan que muchos adultos hoy se sienten desorientados a la hora de poner límites, y que esa incertidumbre es, justamente, uno de los motivos de consulta más frecuentes en sus consultorios: hasta dónde ceder y hasta dónde no. Los adolescentes, dicen, perciben esa desorientación con claridad.
También apuntan a la tecnología, pero no solo la que usan los chicos: la hiperconexión laboral y social de los propios adultos, siempre pendientes del teléfono, complica el ejemplo que se les puede transmitir a los más jóvenes.
“Esos adolescentes nos ven permanentemente con el teléfono. ¿Qué hacemos a la hora de comer, qué hacemos los fines de semana, cómo nos comportamos con nuestros propios límites? Si no los tenemos nosotros, ¿cómo se los ponemos a ellos?”.
El conversatorio está pensado principalmente para adultos, aunque los adolescentes también pueden asistir. Angelucci y Bonavita insisten en que no se trata de una charla con respuestas cerradas, sino de un espacio de diálogo real, con el público como protagonista.
“No es una bajada de línea, no van a venir a decir qué hacer. En esto nadie tiene la receta; si fuera fácil, la compraríamos y ya está. Pero es bueno poder hablarlo, porque hoy falta palabra, falta encuentro. Hay que poner el cuerpo para hablar también.”
LA SALUD MENTAL
La conversación derivó en otro tema instalado en la agenda pública: la salud mental. Para las psicólogas, que hoy se hable con naturalidad de ir al psicólogo es un avance frente a otras épocas, cuando esa consulta estaba asociada casi exclusivamente a cuadros severos.
“Antes al psicólogo iban ‘los locos’; hoy puede ir cualquier persona que sienta que necesita hablar con alguien de lo que padece. Está bueno que se hable de salud mental y que podamos compartir ideas, no solo desde la psicología, sino con otros profesionales”.
Mencionan además el efecto que generó que figuras públicas hablaran abiertamente de sus tratamientos como un modo de visibilizar que consultar a un profesional no está reservado a la patología extrema.
Consultadas sobre el auge de la inteligencia artificial y su cruce con la salud mental, ambas coinciden en marcar un límite claro. La escucha analítica, dicen, no funciona con la lógica de pregunta y respuesta.
“Es una computadora, no puede interpretarte lo que te está pasando. En nuestros consultorios funcionan los silencios, funciona un gesto, y eso puede dar pie a que el paciente retome la idea o se detenga. Eso el chat no lo tiene”. El padecimiento humano –agregan- necesita ser puesto en palabras, un proceso que —dicen, citando a Freud— lleva tiempo, como pelar las capas de una cebolla.

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