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Historias de viejos almacenes en Rivadavia

Personajes y lugares. Se trata de esos comercios que son parte de la identidad de cada pueblo que ya casi no quedan. Lugares llenos de mística que fueron puntos de encuentro, de socialización, entre la comunidad rural y urbana. La historia contada por OESTE BA.

 

EN FORTÍN OLAVARRÍA, LOS DE LA BARRERA

Un enorme edificio en una esquina céntrica muestra sus ladrillos gastados como testigos silenciosos del paso del tiempo. Supo ser un almacén de ramos generales, de los más grandes de la región y permaneció abierta durante 72 años, en manos de la familia de la Barrera.

Los alumnos del Jardín de Infantes contaron la historia hace unos años. 1913 Nicolás de la Barrera, inmigrante gallego nacido en Lugo España, radicado en América, decide junto a sus socios Amejeiras y Delatorre abrir una sucursal de su comercio de ramos generales en la pequeña pero pujante Fortín Olavarría

El primer lugar que ocupó fue en el edificio de la antigua Cooperativa Agrícola. Don Nicolás ya casado con Carmen Martín llegaron a Fortín para quedarse por un corto período hasta encontrar un encargado pero la ciudad los atrapó y se mantuvo en este pueblo hasta que murió en 1959. En su casa hoy vive parte de su familia.

En 1931 el comercio cambia de dirección y se trasladan a Hipólito Yrigoyen y Sáenz, a una cuadra de la plaza, en pleno centro. Ese lugar estaba hecho de largas e interminables estanterías de pinos en las que se vendían desde latas de tomates hasta sartenes y tornillos. En el negocio se podían comprar artículos para el hogar, comestibles, pinturas, elementos de librería, ropa, calzados, materiales para el campo, etc.

Llegaron a trabajar hasta 14 empleados. En cada caja se realizaron hasta 100 boletas de fiado más lo que trabajaban de contado. Hay un recuerdo por los carruajes que llegaban a trasladar mercadería, del reparto de carbón y otras, contaron los chicos del jardín en su historia.

Sus puertas estuvieron abiertas durante 72 años. La tradición de los de la Barrera pasó de don Nicolás a su hijo que también se llamaba Nicolás y de éste a Nicolás Pablo “Cacho” que por problemas de salud bajó las persianas definitivamente en 1985.

Su hijo, Pablo, que sería la cuarta generación familiar, levanta el teléfono para atender a este diario y contar la historia del inmueble que casi no conoció. Nació en 1982 muy próximo al cierre definitivo. No tiene ningún recuerdo más que la reconstrucción que le hicieron los viejos pobladores y las historias que le contaba su padre que ya falleció. El viejo almacén se apagó y con él, un pedazo de la historia de Fortín Olavarría.

EN MIRA PAMPA, LOS MONGIARDO

Salvador Mongiardo llegó en 1949 a Mira Pampa, era un inmigrante italiano que había incursionado en el rubro de la panadería en Sundblad pero terminó comprando el almacén de los Pujol en Mira Pampa. Ese es un dato concreto, que se conoce, pero no está claro desde cuándo funcionaba el comercio como almacén de ramos generales.

Se cree que el inicio es el mismo del pueblo, que siempre estuvo atado a la llegada del tren. Eso ocurrió en 1913, cuando Mira Pampa era punta de riel y tenía una playa de maniobras para que las formaciones giraran.

Algunos se animan a poner esa fecha aproximada de vida del local, lo que le daría más de un siglo de existencia. Aún sigue abierto, en manos de Mirtha Esther Mongiardo y su marido Manuel Guido Olivera. Mirtha es la tercera generación de los Mongiardo al frente y creen que la dinastía se terminará acá porque su hijo, Aldo, que estudia para contador en General Pico será difícil que se radique en la pequeña localidad.

Mira Pampa llegó a contar con más de 700 habitantes y era un pueblo pujante, pero todo eso fue. Hoy viven unas 45 personas y el almacén abre unas horas diarias porque obviamente no hay clientes para estar todo el día.

A Salvador le siguieron sus hijos Francisco y Jesús que eran mellizos, y ahora quedó Mirtha al frente. “Era un almacén de ramos generales cuando corría el tren estaba abierto las 24 horas” dice Olivera que hace 51 vive en esa localidad.  Allí vendían alimentos, muebles, carnicería, hasta combustibles, aún están los surtidores en la vereda.

Eran años de mucha población rural y hasta había un puesto de despacho de bebidas, pero eso se fue apagando y hoy es una pequeña despensa que se mantiene como tradición que nunca fue declarada patrimonio histórico, aunque es la postal de Mira Pampa. “A mí me gustaría que siga, que se mantenga la historia” dice Olivera que quiere que la historia siga latiendo.