Por: Dr. Juan José Estévez
Especial para Oeste BA
Epidemias han existido miles a lo largo de la historia humana. Por razones de cercanía temporal, tenemos presente aquellas que asolaron Europa en la Edad Media y en la Edad Moderna. La “Peste Negra” que contrajo Sevilla con reiterados episodios; el último de ellos a mediados del siglo XVII, que exterminó al 60% de la población.
Sevilla era la puerta de España al Nuevo Mundo y el puerto al cual arribaban a España las riquezas de América. En un momento álgido del brote, España cortó todo nexo con Sevilla, aún cuando eso haya significado un grave deterioro de su economía. Es decir que, históricamente, la reacción más sensata haya sido priorizar la vida humana a la economía.
Estas epidemias causaron muchísimos muertos, en forma alarmante, pero en la generalidad de los casos no se convirtieron en “pandemias globales” porque los barcos tardaban más de un mes en llegar al nuevo mundo. Entonces llegaban a nuestro puerto del Río de la Plata, los que sobrevivían inmunizados, pero los muertos habían sido arrojados al mar.
Pese a ello, enfermedades que no conocían los habitantes originarios del Nuevo Mundo, con un proceso de contagio más extendido, llegaron a estas tierras, algunas a través de los roedores que venían en los barcos y otras portadas por los seres humanos que bajaban de los barcos.
Pero, paralelamente al desarrollo de estas epidemias, también hubo reacción por parte de los científicos de todos los tiempos que se abocaron inmediatamente a encontrar la forma de combatirlas.
El Dr. Carlos Malbran
En nuestro país, la titánica tarea fue emprendida por un médico, que mayoritariamente conocemos por el instituto que lleva su nombre. Nacido en el año 1862 en Andalgalá, Pcia. de Catamarca, la niñez de Carlos Gregorio del Carmen Malbran, seguramente transcurrió bajo la protección del entorno montañoso del paisaje y los ríos, que garantizaban a los descendientes mestizados de lo que fuera la cultura Aguada, un flujo de agua constante y limpia.
Pero seguramente los arrieros traían noticias al pequeño poblado, que en otros lugares, una peste llamada cólera y otra llamada viruela, hacían estragos en distintos lugares del país, matando de a centenares y a miles de personas en pocos días. Alguna vez algo motivó la mente de ese niño para que quisiera dedicar su vida a sanar a sus congéneres.
Las epidemias de cólera en la llanura pampeana
Tenía Carlos Malbran 12 años cuando el cólera, que había aparecido y expandido rápidamente en la ciudad de Buenos Aires, también se manifestaba en el seno de los regimientos de frontera. Durante los meses de noviembre y diciembre del año 1873 hasta enero de 1874 había mermado un poco, pero quedaban recidivas.
Con los espejos de agua infectados por la bacteria “Vibrio cholerae”, en toda la llanura pampeana del oeste bonaerense el cólera se expandió de manera alarmante. Familias enteras de ranqueles, salineros, Pincenes y otras tribus cercanas a la frontera como las de Manuel Grande, Manuel Díaz y los Coliqueo, que estaban acampadas en las márgenes de las lagunas, huían de las tolderías, ignorando que sus aguas infectadas eran la causa del mal catastrófico que soportaban. Caían muertas en los campos, por deshidratación por vómitos y diarreas. Huían del horror presenciado entre los miembros de su comunidad, sin saber que escapando del infierno, el fuego iba con ellos. Nadie enterraba esos huesos, que -según las creencias- una vez secos, alimentaban las historias de luces malas como almas que purgaban penas.
“La preocupación por la sequía era constante y … afectaba tanto a las tribus como a los cuerpos de frontera. La caballada estaba flaca y enferma. Esta era la situación en los Fuertes y fortines, pues bien, a través de una carta de fecha 6 de Julio de 1874, Borges le informó a Gainza lo que ocurría en las tolderías.
«…afortunadamente las noticias que tengo del desierto me hacen ver que por allí sucede otro tanto. Hace dos días llegó una familia que viene huyendo de los toldos de Pincén y casi han perecido de sed en el tránsito. Esta familia me da a más la noticia que el cólera hace estragos entre los indios y debido al pánico que se ha apoderado de ellos, han podido fugar….”.
Aludía también a la dramática situación que vivía la tribu de Pincén, el Ministro Gainza, en comunicación a Rivas de fecha 11 de julio: «… Me acaba de comunicar el Coronel Borges que en la tribu de Pincén ha entrado el cólera y mueren… fulminantemente y andan dispersados por los campos, huyendo del flagelo…».
Cuando llegó a las tolderías la propuesta del Ministro Gainza, para que los indios de Pincén vivieran dentro de la línea de frontera, el cólera ya se hacía sentir y de esta forma la peste hizo fracasar, tal vez, esa posibilidad. Las circunstancias dramáticas anclaban a Pincén y su gente en el desierto.
El clima, el estado de las caballadas y el temor al contagio hicieron imposible cualquier emprendimiento militar. Así se lo informó el Ministro Gainza al Coronel Borges con fecha 13 de julio de 1874: «…Es una fatalidad la seca por la que atravesamos, pero contra la naturaleza nada podemos hacer. Es muy probable que los indios se encuentren en el mismo caso y tal vez peor aun que nosotros, y entonces no habrá mucho que temer sus invasiones…». Estimó luego que en seis meses, de seguir así, los indios habrían quedado de a pié por haberse consumido las caballadas que poseen y finaliza con un macabro deseo: «… Ojalá que el cólera siga protegiéndolos…». Miserables hubo siempre.
El hambre, que desde hacía tiempo se hacía sentir entre los pueblos del desierto, comenzó a hacer estragos en las tolderías y consecuentemente se llevaron a cabo algunos malones en procura de alimento. Estas circunstancias dramáticas, aunadas a la extorsión que el Gobierno hacía al cacique reteniéndole desde hacía un año a familiares suyos en calidad de prisioneros, forzaron al cacique a firmar un Tratado de Paz. Pese a esto, Pincén nunca recuperó a sus familiares.
Se dice que en estas situaciones de pestes, el cacique Pincén solía recalar a buscar agua en un manantial existente en un campo cercano a esta ciudad y por esa razón lo llamaban el “Jagüel de Pincén”. El cacique no pudo conocer las razones, pero seguramente había comprobado que, bebiendo de esa surgente, las personas no se contagiaban. Con los años, se descubriría que allí debajo hay una lente de agua mineral, que aunque no la exime de riesgo, al no ser tan frecuentado, a diferencia de aquellas lagunas abiertas con agua estancada y en tiempos de sequía.
Transcurría el año 1875 con este escenario de desolación y faltaba solo meses para que las tropas del ejército pudieran ocupar la nueva frontera de Trenque Lauquen, Guaminí, Puán, Carhué y Fuerte Argentino. A no dudarlo, el traslado de la frontera se hizo mucho más fácil por la mortandad que hiciera el cólera con miles de guerreros indios.
Desde el 12 de Abril de 1876 el paraje “Chrenque Lafquén” fue ocupado por las tropas del ejército al mando del Cnel. Conrado Excelso Villegas, convirtiéndolo en un asentamiento estable. La pequeña aldea castrense creció en el constante temor por la condición de sitio en estado de guerra y desde el año 1882, cuando se retiraron definitivamente las tropas, en un estado que se ha calificado como de gran incertidumbre.
En el caso del cacique Pincén, capturado en Diciembre de 1878, fue llevado prisionero a la Isla de Martín García. Allí permaneció hasta fines de 1882 cuando se registró en Buenos Aires y en dicha Isla una nueva epidemia de cólera. Fue entonces que le fue otorgada su libertad, se fue a vivir con su gente en las inmediaciones de Los Toldos y un nuevo acontecimiento –del que fue ajeno- determinó a las autoridades a volver a detenerlo y llevarlo preso a Martín García.
Pero volviendo al año 1882, año en el que Carlos Malbran ingresaba a la Universidad de Buenos Aires para estudiar Medicina, Trenque Lauquen crecía temerosa de las pestes que solían asolar la frontera, como también lo hacían las bandas de forajidos, integradas por el saldo delincuencial que dejara la llamada «Conquista del Desierto», bandas integradas por hombres familiarizados con el degüello de animales o de personas, el hacinamiento en fortines, desertores o no recompensados, junto a los llamados «indios renegados», surgidos del atropello de los avaros sobre las posesiones que antes tuvieran. Los avaros siempre buscaron y lograron beneficiarse durante las pestes masivas. Si las nubes de tábanos debilitaban a las caballadas en ausencia de buenas pasturas, llevándolas al sacrificio y el charque, cuando no, a la muerte en grandes cantidades, los avaros de la vieja frontera vendieron al ejército el ganado al doble de precio corriente.
Y en el año 1886, tan solo 10 años después de la fundación, se creó el Partido de Trenque Lauquen. Ese año sería muy importante para Trenque Lauquen, porque comenzaron a fortalecerse sus instituciones, incorporando las judiciales y políticas. Para el cacique Pincén, prisionero en Martín García, significaría la recuperación definitiva de su libertad, que volvería a disfrutar en Los Toldos (Gral. Viamonte) con los restos de su familia.
Ese año, con 24 años de edad, el joven Carlos Malbran sin haber podido realizar su tesis de Doctorado, conociendo los profesores el deslumbramiento que el joven evidenciaba por las innovaciones introducidas por el Dr. Luis Pasteur, fue convocado para hacer sus primeras armas en materia de epidemiología, ayudando a contener el brote de cólera registrado en la Pcia. de Mendoza. Pero también se le encomendó estudiar la enfermedad. Al año siguiente, su tesis de doctorado se llamó «Patogenia del cólera», trabajo de investigación que lo colocó en la cima del prestigio entre sus pares.
La primera epidemia documentada en Trenque Lauquen
Decíamos que la región había sufrido varias epidemias a lo largo de su historia. En los registros históricos de Trenque Lauquen, existe documentación que da cuenta de una importante epidemia, posiblemente de viruela, ocurrida a mediados del año 1892.
En una nota fechada en Trenque Lauquen el día 21 de Junio de ese año, el vecino Francisco Barral, importante impulsor de iniciativas sociales y políticas, firmó un acta, copia de su original en el que consta lo siguiente:
Se hallaban reunidos en el “Hotel del Comercio” los señores José del Prado, Baudilio Rivas, Santiago Bozzini, Eustaquio Díaz, Benjamin Farrington y Francisco Barral en calidad de Secretario, el municipio constituyó la “Comisión de Higiene” para aconsejar a la Intendencia Municipal las medidas a adoptar con motivo de la epidemia que abatía a la población. El Intendente Municipal Juan Carlos Andrade se encontraba ausente, no obstante la magnitud de la epidemia obligó a su pronta constitución.
La misión encomendada a la Comisión quedó expresada en 10 medidas, llamativamente similares a las medidas adoptadas en la actual pandemia:
La Comisión solicitó a la Municipalidad que gestione la venida de uno o más médicos para reforzar la planta local, “… en vista del carácter grave que reviste la epidemia reinante en esta localidad”. Que “… se establezca un local de Asilo y aislamiento para todos aquellos que lo necesiten a juicio de la Comisión con la intervención de los médicos”.
La Municipalidad se iba a hacer cargo de proporcionar todo “… lo necesario para atender al ante dicho establecimiento”.
Se les ordenó a las casas de hospedaje (hoteles y fondas donde se daba de comer generalmente a los visitantes) que no podían “… recibir a ningún enfermo sin que antes sea visitado por los médicos de la localidad, los cuales aconsejarán si pueden o no ser admitidos”. Tampoco podían admitir “… ningún cadáver de otra procedencia”.
Las casas de comercio en general, debían cerrar sus puertas a las 10:00 pm. “… y toda persona que se encuentre en la calle pasada dicha hora sin causa justificada…” debía ser conducida el Departamento de Policía “… con el correctivo correspondiente”.
Quedaban excluidos de la prohibición anterior “… las personas pertenecientes a los médicos y casas de farmacia”.
La Comisión, debía “… hacer visita domiciliaria en todas las casas de la localidad y ordenar las reformas que sea conveniente”. Si se me permite una comparación con la actualidad, no podemos disponer visitas de médicos en todos los domicilios, pero podría equivaler a una aplicación masiva de testeos reactivos, para tener un acabado conocimiento de la situación.
Para el caso de resistencia de los vecinos a las medidas impuestas, la Municipalidad debía facultar a la Comisión para recurrir a la Policía local para su estricto cumplimiento, sin perjuicio de concurrir a las autoridades superiores, es decir, a la Justicia de Paz.
Por último se instaba a la Municipalidad a aprobar este mecanismo y ponerlo en vigencia sin demora alguna.
Un documento de mucho valor, para conocer además de qué manera este grupo de vecinos con actuación política y empresarial en la comunidad, asumieron un rol de compromiso con la grave situación, pusieron en riesgo sus vidas al recorrer los hogares, se asesoraron con los médicos de la comunidad y enfrentaron la epidemia en Trenque Lauquen.
Mientras tanto, Carlos Malbrán seguía bregando por la profundización de estudio epidemiológico y en mérito a una prestigiosa carrera y a sus desvelos en la materia, el día 10 de Julio de 1916 fue inaugurado el “Instituto de Bacteriología o de Microbiología”. Contaba con su depósito de vacunas por lo que fue considerado uno de los principales logros de la salud pública argentina de la época. En su creación Carlos Malbran tuvo un papel fundamental, por eso, habiéndose convertido en un importante centro de investigación en microbiología, era justo que llevara el nombre de su mentor: “Instituto Nacional de Microbiología Carlos G. Malbrán”.
¡Qué orgulloso estaría el Dr. Carlos Malbrán, de un titular de la casa como lo fue Cesar Milstein! Maltratado por la dictadura y debiendo exiliarse en 1962 acusado de tener un pasado anarquista y luego de continuar su perfeccionamiento en el exterior, ese genio recibió el Premio Nobel de Medicina en el año 1984, que nunca patentó, porque creía que ese hallazgo era “Patrimionio de la Humanidad”.
¡Qué orgulloso estaría el Dr. Carlos Malbran con el nuevo hallazgo protagonizado por los científicos de ese instituto! que lograron identificar tres cepas diferentes del virus del Covid-19 que circula en la Argentina, una de Asia, otra de Europa y la restante de los Estados Unidos, al lograr la secuenciación exitosa del genoma completo del SArs Cov-2 , lo que permitirá acelerar el proceso de hallazgo de la vacuna y facilitar la producción de reactivos con los cuales identificar el virus.
Deberemos repensar nuestra historia pasada y presente tantas veces sea necesario, para entender qué cosas no deberemos volver a repetir y qué cosas deberemos valorar de ahora en más. Alguna lección nos deberá quedar después de todo esto.










