La vieja sirena de Porta, un sonido que acompañó a generaciones en Trenque Lauquen
En estos días de pandemia y cuarentena, el toque de queda que se establece a la hora 16 con el sonido de los Bomberos Voluntarios, nos hace acordar cuando en la ciudad sonaba una sirena histórica, y lo hizo durante casi un siglo.
El ulular de la llamada sirena de porta ha sido compañía casi familiar para Trenque Lauquen a lo largo de varias generaciones, escribió el recordado periodista e historiador Francisco Paco Aznárez en su libro “El Viejo Trenque Lauquen” recordando el sonido del artefacto que fue parte del patrimonio histórico de este pueblo y que se calló definitivamente hace dos años luego de haberse hecho escuchar durante más de un siglo.
Según rescata el libro, ese sonido uniformó horarios, marcó entrada y salida del trabajo, la actividad escolar y hasta la ruidosa bienvenida del año nuevo.
“Los hermanos Porta como tantos otros italianos llegaron a Trenque Lauquen en procura de nuevos horizontes y en 1927 se hicieron cargo de la vieja fábrica de carruajes de Latour que funcionaba en Teniente General Uriburu y Avellaneda y donde la bendita sirena importada de Alemania prestaba servicios para marcar los horarios laborales”.
Siempre según el libro de Paco Aznárez “el artefacto acompañó a la familia Porta en todos sus emprendimientos hasta recalar en el local de Belgrano entre Derqui y Pellegrini de donde salió una tarde en 1970 para ser instalada en la cancha de Atlético y hacer sonar su ruidoso sonido para alentar a la tan exitosa selección “Roja” de fútbol de Trenque Lauquen”.
En 1996 el diario La Opinión publicó una crónica con parte de esa historia en la que el propio Juan Francisco Porta habló sobre su historia y la sirena. Allí contó que “nunca se rompió”, nunca debió ser reparada. En esa misma nota periodística, don Porta hace una revelación que emitir el ruido de la llegada del año nuevo era algo que en los últimos años lo ponía muy melancólico y triste, pero que continuaba haciéndolo por tradición y porque la gente lo esperaba, y dijo categóricamente “mientras yo viva la sirena seguirá sonando”.
El empresario falleció un año después, en 1997, pero uno de sus nietos Juan Francisco Del Canto, siguió con parte de la tradición de la sirena. Fue compañero de su abuelo en las tareas del taller de repuestos de tractores y máquinas viales en la calle Belgrano. Consultado por OESTE BA recordó que le manejaba la camioneta y le ayudaba en distintas tareas y era el encargado de hacer sonar la sirena.
“A las 8 no la hacía sonar yo, pero sí a las 12, a las 16 y a las 20 horas” recuerda. Por ser el primer nieto, y el compinche en el trabajo, fue además bendecido como el heredero de un artefacto histórico para la ciudad: la sirena.
Desde la muerte de su abuelo hasta el 2018, fecha en la que se alquiló el salón para un culto religioso, la sirena sonó todos los 31 de diciembre a la hora 24, recibiendo al año nuevo.
“Ahora la tengo en mi casa, voy a armarla para que siga sonando en cada 31 de diciembre a la hora 24 como era la tradición histórica” dijo Juan Francisco a OESTE BA, alentando la continuidad histórica de un hito que se transmitió de generación en generación.









