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Las manos que hicieron grande a Barrio Alegre

Se ha dicho todo ya de Omar y Roberto Pedretti. Su vocación de servicio, su voluntarismo, su vida dedicada al club Barrio Alegre, a las causas comunitarias, a la cultura. Fueron distinguidos hace 5 años como “personas destacadas” por el Honorable Concejo Deliberante y la entidad celeste denominó con sus hombres al campo de deportes. Sin embargo, hoy a los 85 y 93 años siguen dando que hablar. Se reúnen con otros veteranos dirigentes, hablan del pasado pero también del futuro y aportan ideas a la Comisión Directiva, incansables.

Los Pedretti y Barrio Alegre son sinónimos. No se puede hablar de uno sin el otro. Fueron autores intelectuales y materiales (junto a otros vecinos, claro) de la transformación de una entidad que pasó de ser un incipiente equipo de fútbol a uno de los clubes más reconocidos del interior provincial, con instalaciones de avanzada y con la organización de espectáculos de primer nivel.

Dedicaron su vida, largas noches de reuniones y deliberaciones. Viajes, presentaciones y asistencia a eventos deportivos a lo largo de 70 años, no es poco. El club se formó en 1942, hace 77 años. A los Pedretti se los puede ver en las fotos blanco y negro. Muy jóvenes, desde el comienzo, desde la esquina de Brown y Orellana, donde nació todo al ritmo de la armónica de Hernández que sonaba por las noches, que le dio alegría a los jóvenes, una algarabía que sería luego la materia prima con la que se designaría al nuevo equipo de fútbol “Barrio Alegre”.

“Ovidio García, el representante de Rafaela Carrá me dijo que con ese nombre que tenía el club y en esa ciudad no iba a venir a cantar” recuerda hoy Omar Pedretti en esta chara con OESTE BA. La entidad celeste no tenía aún la tradición organizativa de eventos musicales que se ganó con el tiempo y por la que hoy se pelean por venir artistas nacionales e internacionales. “No pensaban que nosotros podíamos pagar ese recital, cuando vinieron a Trenque Lauquen y conocieron el club nos ofrecieron traer también a Franco Simone” se ríe.

Pero antes que Rafaela Carrá, Julio Iglesias o Soledad, sólo por nombrar algunos, cantaran en la cancha de Barrio Alegre, hubo un sueño: tener un club, tener una cancha, tener instalaciones. Omar recuerda que ingresar como empleado ferroviario a los 16 años y su traslado a General Pico le abrió la cabeza “allí vi cómo eran los clubes en La Pampa, volví corriendo a contarle a José Bisignago que teníamos que invertir en tierras y armar una infraestructura”.

Roberto entró al club por su hermano menor. “La Comisión Directiva tenía personas mayores, no entendían las nuevas ideas de los jóvenes, eso me motivó a participar y ayudar. Recuerdo que organizaban los bailes para recaudar fondos, era una idea de los más jóvenes para ayudar a los chicos del fútbol”.

Para ellos más allá de la pileta, la cancha y todo lo que es Barrio Alegre hoy, primero fue una escuela de formación de valores. “Muchos chicos los llevamos a la escuela, los ayudamos porque había casos de chicos con dificultades para alimentarse, otros pudieron estudiar gracias al club, hay profesionales que hoy son muy agradecidos”. Eso, dicen a coro “es más importante que cualquier logro deportivo”.

Barrio tuvo primero una sede, aún antes de tener la cancha de fútbol. Eso marca que el club tenía una visión social. “Nuestro club surgió como un club humilde, de gente trabajadora, éramos hijos de pobres. Eso no se tiene que perder, no hay que desviarse de eso, de la función social”, aclara Roberto e invita a no nublarse con las riquezas que hoy ostenta la entidad.

“Un día se apareció Omar en la casa de mi viejo, venía con un montón de ollas y cosas, se había peleado con los dirigentes por la organización de los bailes y se había ido, ahí entendí que tenía que ser parte de esto, ayudar a formar los chicos”. Desde es momento, son dos de un par.

Lo demás es historia conocida. El club compró 52 hectáreas en el sector noroeste donde tiene sus instalaciones, también invirtió en tierras que recientemente loteó. Los Pedretti destacan que la entidad donó tierras para la construcción de escuelas, jardines y guarderías “es el sueño de cualquier club apostar a la educación” y subrayan que un gran golpe de suerte fue “conocer al arquitecto Vladimiro Acosta, fue un genio, hizo mucho para el club, nos dio ideas que fueron importantes para el futuro”.

Dicen que están agradecidos con la distinción del HCD de hace unos años y con eso les alcanza que nunca pensaron en tener una calle con sus nombres.

Aún van los domingos a la cancha a ver al equipo y de vez en cuando se presentan en alguna reunión de la comisión directiva, pero sí mantienen firme las reuniones “de los viejos” dicen en el living de la casa de Roberto. Funcionan como un Consejo Asesor de Mayores, donde hablan del club del pasado, presente y futuro, y hasta sugieren algunas ideas a implementar. “Tenemos siempre algo nuevo que estamos pensando” y en off disparan algunas que suenan muy atractivas y serían importantes para el desarrollo de ese sector de la ciudad. En fin, no sería una sorpresa, son los que mejor entienden lo que pasa dentro de las partes del club, respiran el aire celeste, son las manos que hicieron grande a Barrio Alegre.