José Adhemar Changazzo tiene un extraño «privilegio»: es el único entre las personas nacidas en Trenque Lauquen y desaparecidas durante la última dictadura cívico (empresario-eclesiástica) – militar cuyos restos fueron recuperados, identificados y restituidos a su familia.
José Adhemar Changazzo Riquiflor, ‘Josecito’, tenía 28 años al momento de ser secuestrado, el 9 de septiembre de 1977 en la ciudad de Mar del Plata. Su padre, ‘Poroto´, comunicó la triste noticia a su familia unos días después, el 21 de septiembre, por lo cual a José lo hemos recordado en años anteriores usando esta última fecha (que figura asimismo en la mayoría de las fuentes informativas a las que se puede tener acceso). Hay datos de su ejecución, junto con la de otros detenidos-desaparecidos como Eduardo Alberto Caballero y Saturnino Ianni Vázquez, a mediados de noviembre de 1977, en un hecho que fue presentado como «enfrentamiento» a pesar de que los vecinos del barrio La Florida, aledaño a la ruta 2, no escucharon un solo disparo antes del hallazgo de los cuerpos asesinados. Antes de ese fusilamiento clandestino, tanto José como Eduardo y Saturnino habían permanecido en el centro ilegal de torturas y exterminio localizado en la Base Naval de Mar del Plata.
José militaba en el Partido Comunista Marxista Leninista, estaba casado y su esposa Silvia cursaba un embarazo avanzado cuando el terrorismo de Estado se ensañó con la familia. Así es que el joven Changazzo no pudo conocer a su hija, Mariana Alicia, como tampoco pudo saber que su padre, Francisco José ‘Poroto’ Changazzo Bacci (54 años), y su hermano, Oscar Rodolfo ‘Pato’ Changazzo Riquiflor (25 años) también fueron secuestrados y desaparecidos por un grupo de tareas genocidas, apenas cuatro meses después, el 26 de enero de 1978.
En julio de 2007, los restos de José Adhemar Changazzo y de Eduardo Alberto Caballero, enterrados en el cementerio parque de Mar del Plata, estuvieron entre los primeros en ser identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). La hermana de José, Graciela Cristina ‘Pelusa’ Changazzo, dijo por entonces que, dado que él cumplía años el 22 de julio, el mejor regalo que podía hacerle era llevar una flores al sitio donde reposaban los huesos recientemente recuperados.
Pero no sabemos aún dónde están los huesos de ‘Poroto’, los de ‘Pato’, los de más del 90% de aquellos y aquellas que desaparecieron entre 1976 y 1983. Desde el Gobierno nacional, sobremanera desde el entorno de la vicepresidenta Victoria Villarruel, nos quieren hacer creer que los asesinos genocidas son desvalidos ancianos, ocultando que siguen siendo feroces criminales que no se arrepienten de las torturas, violaciones y asesinatos que cometieron, y que no aportan un solo dato sobre el paradero de los cuerpos de las personas que desaparecieron. José Adhemar Changazzo Riquiflor constituye una excepción, y como tal sus huesos desnudos claman por saber dónde están los parecidos en aspecto pero irrepetibles en los detalles huesos desnudos de las miles y miles de víctimas del terrorismo de Estado, que continúan demandando Justicia.
Texto comisión por los derechos humanos de TL








