Por: Martín Diego Fisicaro
Profesor de Historia, Contador Público
Pensar el 144 aniversario de la ciudad, en las actuales circunstancias de aislamiento social para enfrentar la pandemia del virus covid-19, fue el desafío propuesto que motiva la escritura de estas líneas.
Siempre es difícil escribir sobre esta fecha que rememora la fundación de la ciudad. Aún en situaciones menos angustiantes que las actuales, el tema del nacimiento de ciudades como corolario del corrimiento o desaparición de poblaciones indígenas a través del uso de la violencia, es polémico y conflictivo, en los ámbitos científicos y en los cotidianos. Si tenemos cierto compromiso con la verdad histórica, no debemos caer en versiones edulcoradas que sostienen un imaginario “encuentro” entre indios y blancos, como si ambas culturas se hubiesen abrazado tiernamente para dar como fruto a nuestra bella ciudad.
En los últimos años, existe cierto consenso en el mundo de las ciencias sociales, para conceptualizar aquellas excursiones militares contra el indio, como genocidio. Entendiendo este concepto, como aquellas prácticas que buscan de forma intencionada la destrucción total o parcial de un grupo humano, sobre la base de razones raciales, nacionales, ideológicas, políticas o sociales.
También hay un criterio común en quienes estudian la historia, que indica no juzgar con ojos y valores de hoy, lo que ocurrió en otro contexto histórico. Pero la utilización científica de este principio, no debe llevar a la justificación moral de ciertos hechos o acciones, sino por el contrario, a buscar una mayor objetividad desprendiéndose de la necesidad de emitir un juzgamiento moral sobre ellos.
El tema de las, mal denominadas, “campañas al desierto” o “conquista del desierto”, es uno de los más polémicos, y sobre el cual existen tratamientos muy disimiles según las distintas corrientes historiográficas. Las interpretaciones sobre aquellos hechos históricos son muy heterogéneas.
Cuestión que no es un tema menor, ya que está íntimamente relacionado con la búsqueda de una identidad argentina. Por muchos años se insistió en la identificación con las culturas europeas, dando la espalda a la identidad latinoamericana, proceso que pareciera revertirse en las últimas décadas.
Así, encontramos la interpretación de la llamada Historia Oficial, elaborada por Bartolomé Mitre, y continuada por la línea historiográfica que suele denominarse liberal-conservadora. Según la visión de esta corriente, que conlleva un alto contenido de racismo, existió un derecho de la sociedad blanca para terminar con las poblaciones indígenas, consideradas símbolo de la “barbarie” y el “salvajismo”. Sostienen que estas poblaciones nunca podrán ser “civilizadas”, por una incapacidad inherente a su raza. Obviamente, se olvidan de mencionar los objetivos económicos de la conquista: la tierra. La dicotomía “civilización o barbarie” ocupa el centro de la cuestión, sirviendo como justificación del genocidio, y tendiendo un velo sobre las motivaciones de los grupos económicamente más poderosos.
En el polo opuesto, encontramos interpretaciones exageradamente indigenistas, que reivindican al indio como portador de valores morales superiores a la raza blanca, y por lo tanto con derecho a retrotraer la historia, y recuperar un idílico, e imposible, “pasado glorioso”, donde la “pureza” de las comunidades indígenas no era “corrompida” por la sociedad blanca. Este pensamiento, algo infantil, que despierta cierta simpatía y parece ser ingenuo e inofensivo, cobra seriedad cuando es utilizado para sostener posturas separatistas.
Ambas interpretaciones son simplistas y no logran ver la complejidad de la cuestión. Es necesaria una investigación más profunda. El solo hecho de dividir la sociedad en blanca e india, es un ejemplo de esa simplificación: en la “sociedad blanca” encontramos habitantes negros, mestizos e indios, que sumados eran, seguramente, mayoría frente a los descendientes de europeos. Asimismo, en las tolderías, junto a la población india, vivían blancos y mestizos.
Además, investigaciones de los últimos años, han demostrado el gran intercambio cultural existente en las zonas de frontera.
Pero este complejo tema, escapa a los objetivos de este breve texto, dedicado a enmarcar el aniversario de la ciudad, en las angustiantes circunstancias actuales producto de la pandemia.
Una reciente investigación de Juan José Estévez, revela la que, quizás, sea la primer epidemia en Trenque Lauquen. Ocurrió a mediados del año 1882, y posiblemente haya sido caudada por la viruela. Lo que más llama la atención del investigador, son las similitudes de las medidas tomadas en aquella novel población, con las tomadas en la pandemia actual: aislamiento de enfermos y población, control sobre ingresantes a la ciudad, restricciones a la circulación, entre otras.
Pero la viruela no fue fácil de vencer, en el libro “Huellas”, encontramos una transcripción de un artículo publicado en el diario “El Independiente”, fechado el 22 de junio de 1904, con el título “Viruela”. Donde se ve la preocupación de aquel momento por los casos provocados por la enfermedad, sobre todo en la zona rural, donde “se producen tan lejos de los centros de población, sin que se puedan tomar las medidas de aislamiento y de desinfección que se hacen necesario, son las causas por la que la enfermedad se propaga…”. El “Huellas” menciona el “ alto porcentaje de mortalidad infantil”, y la desesperación que provocaba, llevando a la población a la utilización de “remedios caseros, curanderismo…” que no lograban evitar las “dolorosas lágrimas”. Finalmente, los planes de vacunación lograron erradicarla, los últimos casos de viruela registrados en el país corresponden al año 1970.
La tradición oral también nos hace su aporte en esta temática. Los pobladores de la ciudad con más años, nos recuerdan el terrible flagelo de la poliomielitis, y sus terribles consecuencias, principalmente en la población infantil. La enfermedad tenía una alta tasa de mortalidad, y provocaba severas secuelas en los que lograban sobrevivir.
En Argentina hubo tres brotes de poliomielitis de magnitud, en los años 1936,1943 y 1956. Este último, fue el brote más importante, y de él quedó una enseñanza que parece que hemos aprendido. El gobierno cívico-militar que asume tras el golpe de Estado de 1955, había eliminado el Ministerio de Salud, y en 1956, ya con Pedro E. Aramburu presidiendo el gobierno de facto, prefirió ignorar la epidemia, quiso ocultar la gravedad de la situación, y reaccionó demasiado tarde, ya cuando la situación se había desbordado. Los casos se multiplicaban, y la población, desesperada, empezó a tomar medidas por sí misma sin acompañamiento del Estado, muchas de las cuales no tenían una base científica, y resultaban poco eficaces.
La aparición de la vacuna permitió controlar la enfermedad. En realidad fueron desarrolladas dos vacunas. Una por Jonas Salk, probada por primera vez en 1952 y dada a conocer el 12 de abril de 1955. Y otra desarrollada por Albert Sabin, cuyos ensayos clínicos se iniciaron en 1957 y fue autorizada en 1962. Gracias a la vacunación la poliomielitis pudo ser erradicada. En Argentina la erradicación definitiva se declaró en 1984, y fue el primer país de América Latina en lograrlo.
La última pandemia sufrida, fue en este siglo y la recordamos todos. Fue la denominada gripe A, causada por una variante del influenzavirus A, subtipo H1N1, en el año 2009. También en esa oportunidad se tomaron medidas restrictivas similares a las actuales, aunque más atenuadas, con cese de actividades y cierre de escuelas. El virus no provocó, afortunadamente, una alta tasa de mortalidad. En Trenque Lauquen no se registraron consecuencias significativas, mientras que en el total del país se registraron 626 fallecimientos. La vacuna se desarrolló rápidamente, en menos de un año.
Puede observarse entonces, que no es la primera vez que Trenque Lauquen, se ve envuelta en situaciones difíciles como la del presente. Podemos ensayar algunas conclusiones esperanzadoras, que tal vez estén alejadas del rigorismo científico, pero son necesarias para “endulzar” la amarga realidad presente. Más allá de los desencuentros, en el origen, en la historia o en el presente, ha sido Trenque Lauquen una ciudad donde, en momentos difíciles, ha surgido una gran virtud: el esfuerzo común para afrontar los problemas y salir de ellos. La lucha contra las inundaciones, en la década de 1980, seguramente es el ejemplo emblemático de ello.
Si bien la historia como ciencia no puede hacer futurología, las experiencias pasadas, y la responsabilidad con que el Estado, en sus tres niveles, ha tomado la situación, pueden darnos la esperanza que este critico momento tendrá un corolario menos doloroso que en otros países. Y que, finalmente, el 144 aniversario de la fundación de Trenque Lauquen en “cuarentena”, será simplemente una anécdota para los libros de historia.
Foto Hugo Tiseira








