El arquitecto Alberto Gil, que cursa una maestría en Economía Urbana en la Universidad Torcuato Di Tella, mira a Trenque Lauquen y plantea una provocación necesaria: la ciudad está en condiciones de dar un salto de calidad, pero necesita animarse a debatir su futuro.
Con 30 años de ejercicio profesional, el arquitecto cuenta que la maestría era un viejo anhelo que pudo concretar recién el año pasado luego de “ordenar” cuestiones profesionales y familiares para dedicarse de lleno a este espacio de estudio junto a arquitectos, economistas y abogados para pensar la ciudad desde una perspectiva integral.
«Cuando uno conoce problemáticas de muchas ciudades, no sólo de la Argentina sino del exterior, podemos decir que tenemos una ciudad que ha resuelto un montón de problemas que en muchos lugares del resto del país y del mundo no están resueltos», afirma Gil en una entrevista con oesteba.com.ar. El punto clave, según el arquitecto, es el suelo urbano: «Trenque Lauquen tiene la capacidad de ofrecer suelo urbano de calidad, con servicios, calles, y aunque todavía no tenemos el equipamiento completo —educación, salud— ya va a llegar».
La maestría que cursa Gil propone un enfoque que fusiona economía y espacialidad. «Tal vez no nos damos cuenta, pero una decisión de carácter económico va a tener toda una repercusión sobre la ciudad», explica. En Trenque Lauquen, estas dinámicas se observan en cada expansión urbana. «Lo que hemos escuchado en cada uno de los loteos que se ha hecho: hay un porcentaje de lotes que son para propiedad del municipio, además del costo de infraestructura. Todas esas decisiones son de carácter económico», señala Gil, refiriéndose al mecanismo de plusvalía y contribución por mejora que el municipio ha aplicado sistemáticamente.
LA AGLOMERACIÓN URBANA Y SUS DESAFÍOS
A nivel mundial, entre el 60 y 70% de la población vive en ciudades, y la tendencia es a la aglomeración en grandes centros urbanos. En Argentina, ese porcentaje alcanza casi el 90%. «Las oportunidades están siempre en las grandes ciudades. El estar en contacto los profesionales, las distintas actividades económicas entre sí, se retroalimentan y se complementan», describe Gil.
Pero esa concentración trae aparejados nuevos problemas. El medioambiente urbano es uno de los más urgentes. «Por más que muchos lo nieguen, no se puede tapar el sol con la mano. Los problemas en las ciudades por los fenómenos naturales están», advierte, mencionando casos como Valencia, Nueva York, Bahía Blanca y el deslizamiento en Comodoro Rivadavia. «Las ciudades se tienen que preparar para eso».
Para Trenque Lauquen, el desafío es doble: «Tenemos que pensar el problema del agua. Agua y sequía prolongada. Cómo afrontamos la falta y el exceso de agua». La maestría le enseñó que existen herramientas para anticiparse: «Si uno empieza a tener información puede generar proyectos para resolver esos temas».
EL EJEMPLO DE TANDIL
Uno de los trabajos finales de la maestría llevó a Gil a estudiar el caso de Tandil, una ciudad que logró reinventarse después del cierre de su metalúrgica pesada. «Empezó en algo que es común en cualquier ciudad que crece, que tiene tres patas: el Estado municipal, el privado y la educación a través de la Universidad del Centro», relata.
Con esa alianza estratégica generaron un clúster tecnológico que atrajo a empresas globales líderes en tecnología. «La universidad se tomó el compromiso de generar profesionales para esas empresas que se iban a radicar, y el Estado se ocupó de generar las condiciones de ciudad», explica Gil.
El resultado fue transformador: egresados trabajando desde garajes para clientes del exterior, empresas grandes interesándose por la materia prima de recursos humanos calificados, y un efecto multiplicador sobre otras actividades como el chacinado y el turismo. Destacó que el hecho de contar con un intendente de varios años en la gestión le dio continuidad al proyecto.
TRENQUE LAUQUEN
Gil cree que Trenque Lauquen está en condiciones de protagonizar su propia transformación. «Nosotros podemos sumar a una actividad extractiva, natural del campo, un montón de elementos de tecnología que pueden dar un salto. Podés generar mayor actividad económica y mayor mano de obra calificada», plantea.
La ciudad cuenta con elementos clave: una universidad nacional, un polo tecnológico, empresas que se instalan, desarrollo arquitectónico y productivo. «Yo veo mucho desarrollo. Ahora, no sé si lo están haciendo bien, si lo están haciendo en el lugar implantado que deberían estar, si están enfocadas en la producción que debería ser para esta zona», reflexiona con honestidad.
El diagnóstico es claro: «Creo que tenemos que empezar a discutir en otro nivel. Me parece que ya todos los temas básicos de la ciudad, aunque tenemos problemas de infraestructura, los tenemos resueltos. Nos tenemos que permitir empezar a pensar en cómo podemos generar una asociación entre el crecimiento económico y el desarrollo de la ciudad».
En este sentido, el profesional informa que hay líneas de crédito del Banco Mundial y el BID que financian proyectos en las ciudades.
SUPERAR EL DEBATE DE LOS ’90
Para Gil, hay una barrera mental que atravesar. «Es como que hay que superar una barrera de debate que quedó instalada en la década del ’90. Ahora hay que pensar que el mundo ha cambiado. Hay otra visión», sostiene. En los 150 años de la ciudad, Gil ve una oportunidad histórica: «Es un momento para empezar a pensar, bueno, llegamos hasta acá, estamos bien, cómo seguimos, cómo podemos crecer, cómo podemos dar un salto de calidad».
El arquitecto propone involucrar a todos los actores: «Las organizaciones y todos los que están involucrados en la producción, el comercio, el Estado municipal, empezar a ver cómo entre todos, con la ventaja de tener una universidad nacional que puede ayudar y el polo tecnológico, empezamos a generar una ciudad que tenga un mayor crecimiento».
LA REVOLUCIÓN DE LOS DATOS
Una de las herramientas más poderosas que Gil descubrió en la maestría es el análisis de datos urbanos. «Hoy por hoy se puede tener muchísima información de qué pasa en una ciudad, cómo se mueve, cómo consume. A partir de esos datos, uno puede hacer un análisis estadístico y generar diferentes proyectos», explica.
La diferencia es abismal: «Ahora vos podés poner un sensor y saber cuántos autos pasan por esa esquina cada 24 horas. Si vos empezás a tener información avalada por análisis de datos, vas a tener una alta probabilidad de acertar y no de equivocarte».
Gil identifica además, tendencias globales que impactarán en las ciudades. Una de las más significativas es el envejecimiento poblacional. «Vamos a hacer una sociedad en sillas de ruedas, pero no vamos a tener quien las empuje», cita a un periodista español. «Para el 2050 vas a tener en la Argentina aulas que de 30 alumnos van a pasar a entre 15 y 18 alumnos, porque hay menos chicos».
En Trenque Lauquen, los números ya empiezan a reflejarlo: «Han bajado los nacimientos. No nos pasa solo a nosotros, está pasando en el mundo». Las decisiones vitales se postergan: las personas se reciben más tarde, deciden dónde vivir más tarde, forman pareja y tienen hijos más tarde, o no los tienen. «En la Ciudad de Buenos Aires tenés más perros que chicos mayores de 10 años», ejemplifica.
Otra tendencia que Gil destaca es la elección del lugar de residencia desvinculada del trabajo. «Antes la gente iba donde había trabajo. Las generaciones más jóvenes se plantean: yo desarrollo una app para Corea y decido vivir donde quiero», observa. Este cambio puede favorecer a ciudades intermedias como Trenque Lauquen si logran ofrecer calidad de vida y conectividad.
UN MÉRITO COLECTIVO
Gil reconoce que Trenque Lauquen tiene una fortaleza histórica: la continuidad en las decisiones estratégicas. «Todos han contribuido en algo. Mejor, peor, más, menos. Fue una decisión estratégica y todos la siguieron hacia adelante. Todos aportaron: una obra de infraestructura, se incorporó tierra. Eso es muy importante, porque las modificaciones y los cambios en una ciudad son en años. No en 2 ni en 5, lo vas a ver en 10, 20, 50 años». La ciudad es vista como polo regional: «Esa centralidad es un activo que debe aprovecharse.
Con herramientas legales como los convenios urbanísticos, la asociación público-privada, los proyectos inclusivos que combinan vivienda social con desarrollos privados a cambio de bonos de densidad, y la capacidad de generar información para tomar decisiones basadas en datos, Trenque Lauquen tiene todo para dar ese salto del que habla Gil.
La pregunta que deja flotando el arquitecto es incómoda pero necesaria: ¿está la ciudad dispuesta a darse ese debate? Después de 150 años de historia y con los cimientos básicos resueltos, tal vez sea el momento de animarse a pensar en grande.

«Trenque Lauquen tiene que darse la oportunidad de pegar un salto»
El arquitecto Alberto Gil cursa una maestría en Economía Urbana y plantea que la ciudad debe superar el debate de los ’90 para pensar su desarrollo futuro con nuevas herramientas

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