Valentín Miranda: «No elijo ni a Milei ni a Kicillof; estamos trabajando por una alternativa propia»

El diputado provincial de la UCR habló en MQS, por Canal 9, de la crispación en el Congreso, del Gobierno nacional, de su proyecto contra la ludopatía y de sus aspiraciones políticas.

El diputado provincial de la UCR habló en MQS, por Canal 9, de la crispación en el Congreso, del Gobierno nacional, de su proyecto contra la ludopatía y de sus aspiraciones políticas.
—Fue una semana movida, con los cruces que hubo en el Congreso. ¿Cómo se vive eso desde adentro?
—Yo estoy en la Legislatura provincial, que por ahí no tiene tanto nivel de tensión y de expresión como el Congreso. Pero a veces la política también se está convirtiendo en un show. Lo importante es que no sea solamente eso, sino que haya un contenido detrás, un objetivo, y que se discutan realmente las cosas que le preocupan a los vecinos de la Argentina. Si uno mira lo que fueron los últimos números de 2025, el ausentismo es cada vez más grande a la hora de ir a votar. Hay mucha gente que ni siquiera canaliza el desencanto en alguna opción política: dice «me quedo en mi casa».
—¿Por qué creés que se falta tanto el respeto? ¿Es una búsqueda de exposición en redes?
—Sin duda tiene que ver con eso. Y ojo, no es solamente en la Argentina, es en el mundo. Uno mira la política estadounidense: es un presidente que ganó tuiteando constantemente, que gobierna por Twitter, que tiene un montón de show. Pero atrás de todo eso se pierde el eje de los debates que tenemos que dar. Y mucha gente que es muy buena pensando la Argentina no tiene esa picardía, o no está dispuesta a hacer un show tan fuerte, a decir «me vivo peleando», y tiene menos visibilidad. Termina llegando solamente el que tiene visibilidad.
—Esta semana tuvo un cruce fuerte Juan Grabois, del kirchnerismo. ¿Le sirve de algo ese tipo de exposición?
—Uno tiene que mostrar que es diferente no solamente con lo que dice, sino también con la forma. Si se critica la forma de otros y después se hace lo mismo, nos ponemos todos a la misma altura. Y evidentemente nadie le está poniendo un límite. Se pierde mucha gente valiosa que tiene cosas para decir pero que no grita tanto. Ahí la Argentina está perdiendo una oportunidad. Todo esto tiene que ver con el respeto a las instituciones. Ustedes dirán «che, radical, aburrido, clásico», pero eso es importante, porque construye confianza y políticas públicas y termina generando una mejor calidad de vida. Para algo vivimos en sociedad, y para algo todos cedemos parte de nuestra responsabilidad al Estado.
—¿Cómo arrancaste en la política?
—A los 16 años. Yo iba a la escuela de Ciencias Naturales, en Trenque Lauquen, y en un momento empecé a ir muy seguido a la biblioteca y a leer libros de historia. Ahí me empezó a interesar y me metí en la política, en el radicalismo. Es una ciudad gobernada hoy por el radicalismo, aunque justo cuando yo entré era el año en que habíamos perdido el gobierno. Me picó mucho la curiosidad y, cuando me fui a estudiar a La Plata, continué. Armamos un grupo con varios que hoy están en lugares destacados, como Pablo Juliano, que es diputado nacional. Éramos gente del interior que se había ido a estudiar a La Plata; salíamos a recorrer la provincia y dormíamos en los comités, que son los locales tradicionales del radicalismo. Fue una etapa linda, con algo de épica, pero también con mucha formación.
—¿Qué pensás que hizo bien y qué hizo mal Milei?
—La Argentina no podía seguir viviendo con una inflación desbordada como la que tenía, de ninguna manera. Ahí hizo bien, aunque falta muchísimo en materia de inflación. La sociedad sufría por no saber cuánto iba a valer nada cuando iba al supermercado. El otro punto que destaco es el orden en las calles, sobre todo en lo vinculado al tránsito: los piquetes permanentes en la Capital Federal, donde no se podía ir a trabajar. Eran dos cosas donde la gente tenía una falta total de previsión: cuánto van a valer las cosas y cuánto voy a tardar en llegar de un lado a otro.
—¿Y lo malo?
—Le falta mucha sensibilidad. Lo vimos con el tema de la discapacidad: meter un recorte en esa área cuando sabemos las dificultades que atraviesan esas personas y sus familias. Y tampoco escucha. Cuando se habla del endeudamiento de los argentinos, la respuesta es que es un problema de ellos. Pero hay mucha gente que se endeuda para pagar alimentos o llegar a fin de mes; evidentemente no es un problema solo de los privados, sino que no está alcanzando.
—¿Hay algo que la UCR le reconozca públicamente?
—Inflación, seguridad y el orden del déficit. No sé si tenía que ser tan abrupto: decir «tiene que ser déficit cero sí o sí y entonces recorto a la discapacidad» no me parece. Pero en la UCR, si hay lugares donde tenemos preponderancia, es en las intendencias y gobernaciones. Un intendente no puede gastar más de lo que le entra; no tiene posibilidad de endeudarse. El radicalismo reivindica el déficit cero: tenemos 27 intendentes en la provincia de Buenos Aires que gobiernan con lo que entra, ni un peso más ni un peso menos. Y se han arreglado en momentos en que Nación y provincia prestan menos funciones, y el vecino, igual, va y le toca la puerta al intendente.
—¿Qué le falta al Gobierno nacional?
—Para mí es estratégico: la idea de cortar a cero la obra pública y no pensar que hay obras estratégicas que son totalmente necesarias para que el país se desarrolle. Además, la obra pública mueve muchas aristas: no solo el obrero, también el corralón, el que fabrica la ventana, la ferretería. Y hay lugares donde el privado no va a venir a decir «te hago la autovía en la Ruta Nacional 5» o «te hago la obra hidráulica que es necesaria». Tampoco va a hacer viviendas para gente carenciada: ¿va a poner diez millones de dólares para hacer la casa y alquilarla? De ninguna manera. En una visión de un Estado que crezca, se desarrolle y produzca más, eso tiene que estar.
—Hablamos fuera de cámara de la Ruta 5, que conecta Buenos Aires con Santa Rosa.
—Es la ruta por donde hoy pasan los camiones de arena para Vaca Muerta, que viene volando y genera cada vez más empleo y más dólares. Y la ruta está cada vez peor. Se hizo una concesión a 20 años sin prever ni un kilómetro de autopista; lo único que se hizo fue concesionar y aumentar el peaje. Esa ruta sí o sí tiene que ser autovía. Hay que buscar la forma de que quienes participan fuertemente en Vaca Muerta, como YPF y las empresas privadas, aporten para que pueda serlo. Hoy subirse a esa ruta es una ruleta rusa.
—Si el año que viene tuvieras que elegir entre Axel Kicillof y Milei, ¿a quién elegirías?
—No elijo ninguno de los dos. Estamos trabajando por una alternativa propia. Creemos que sería bueno que haya una alternativa distinta en la Argentina, y trabajamos todos los días para eso.
—¿Ya tienen un candidato?
—Todavía no, pero hay perfiles que van asomando y creciendo. Seguramente será en charlas con otros espacios políticos que también quieran constituir una alternativa al kirchnerismo, al que siempre fuimos oposición; yo, desde que soy diputado, soy opositor al gobierno de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires. Y una alternativa distinta a Milei, justamente por las diferencias que uno tiene con el Gobierno nacional.
—¿Cómo te llevás con el PRO?
—Tenemos buen diálogo; formamos parte de Juntos por el Cambio. Así como hay distintos tipos de radicalismo, hay distintos PRO: están los que están muy pegados a La Libertad Avanza, que prácticamente forman parte de ella, y hay unos tantos que no, que tienen esta idea de constituir una alternativa distinta a La Libertad Avanza y al kirchnerismo. En política nada vuelve para atrás, así que pensamos hacia adelante.
—Si hoy tuvieras que decir un nombre, ¿quién te gustaría que sea presidente?
—Me encanta la gestión que tiene Santa Fe con Maxi Pullaro, y ojalá que él quiera dar un paso hacia la presidencial, aunque entiendo que está muy concentrado en la provincia. Y me gustan muchos perfiles que vienen creciendo, como Pablo Juliano, diputado nacional, que ha tenido un crecimiento importante en el último tiempo.
—¿Qué creés que busca la gente en un candidato?
—Va cambiando mucho según el momento, y la clave es esa magia de conectar. Alfonsín conectó con la necesidad de la vuelta a la democracia: denunció un pacto militar-sindical y habló de una esperanza. Milei también conectó con un momento de mucho enojo de la sociedad, con críticas muy fuertes a la clase política y con problemas económicos, más allá de lo que haya hecho después en el gobierno. A mí me gustaría, primero, alguien con visión federal, que no piense que el país empieza y termina en la Capital Federal y sus alrededores, y que entienda la infraestructura y la producción. Y después, una visión que no sea ni la de quienes dicen que el Estado lo puede todo —cuando detrás había un Estado corrupto e ineficiente, donde uno pagaba cada vez más impuestos y terminaba contratando seguridad privada, obra social y colegio privado— ni la de quienes dicen que no hay que hacer nada porque el mercado lo arregla todo.
—¿No sentís que la gente vota siempre lo que está en la vereda de enfrente?
—Sin duda. Es así. Hoy es muy difícil decir «ya sabemos qué va a pasar el año que viene»: mañana sale un personaje, se instala en las redes sociales y pega un golpe. Antes era impensado que alguien se instalara en poco tiempo y terminara siendo presidente. Milei ni siquiera visitó la mayoría de las provincias en campaña y aun así ganó. Pero la sociedad no se equivoca, y no hay que subestimarla: encontró la herramienta para canalizar un enojo muy grande con la clase política tradicional y con la situación económica, y él era el que más gritaba contra la casta.

LA LUDOPATÍA Y LAS APUESTAS ONLINE
—Te enfocaste en la ludopatía y las apuestas digitales, y presentaste un proyecto de ley. ¿Salió?

—No salió. Presidí la Comisión de Prevención de Adicciones durante 2024-2026, que fue la que llevó adelante todo el tema de la ludopatía. Logramos sacar un dictamen, pero está pendiente. Para mí es un tema tremendo. Antes era imposible que un chico de 14, 15 o 16 años entrara a un casino; hoy lo tiene todo el día en el celular. Las estadísticas dicen que 4 de cada 10 adolescentes jugaron, y va creciendo día a día. Empiezan con jueguitos y terminan en las apuestas.
—¿Cómo entran los menores si es solo para mayores?
—Porque no hay un registro: ponen que son mayores de edad y se crean la cuenta, o directamente mienten. Entre las cosas que planteamos en el proyecto está la validación biométrica obligatoria, como ya se exige para cualquier aplicación o para el banco. También que no se puedan usar cuentas asociadas a planes sociales, ya sean municipales, provinciales o nacionales; que no haya bonos de bienvenida para enganchar a la gente; que cada usuario pueda poner un límite de depósito y que la plataforma lo corte; y que la aplicación avise cuánto tiempo se lleva jugando.
—¿Y el juego ilegal?
—Hay que hacer un ataque muy fuerte contra el ilegal. Los porcentajes que se manejan hablan de cerca del 80% en la ilegalidad. Además, creo que, aunque no corresponde a la provincia de Buenos Aires, hay que darle un abordaje al tema de la publicidad; es la misma discusión que ya se dio con el cigarrillo. Es un tema muy vinculado al endeudamiento, a la salud mental y a los suicidios de jóvenes. La legislación no va a solucionarlo todo, pero controlar y dar gestos muestra que nos interesa atacar un problema que está más desbordado de lo que tenemos conciencia.
VERDE, AMARILLO O ROJO
En el segmento de juego del programa, Miranda respondió con colores —verde («banco»), amarillo («dudo») o rojo («no»)— a una serie de planteos:
• Javier Milei: rojo. «Estamos construyendo una alternativa.»
• Axel Kicillof: rojo. «Siempre oposición en la provincia.»
• La UCR de hoy: amarillo.
• Una alianza entre la UCR y La Libertad Avanza: rojo. «Estamos construyendo una alternativa.»
• Una alianza entre la UCR y el peronismo: rojo. «Siempre fuimos oposición con el peronismo, sobre todo en las comunidades del interior.»
• Ser intendente de Trenque Lauquen: amarillo. «Ahora, apoyando a mi intendente.» Sobre el futuro, agregó: «El día de mañana puede ser.»
—Después de diputado, ¿qué queda? ¿A dónde te gustaría llegar?
—Me gusta mucho el rol legislativo, pero me gustaría tener algún rol más ejecutivo, vinculado a lo provincial. Durante este tiempo trabajé todo lo vinculado con municipios y con justicia; soy abogado y estuve cuatro años en el Consejo de la Magistratura. Me gustaría un rol ejecutivo para complementar, formando parte de un equipo de gobierno. Creo que es el próximo paso. Y algún día también me gustaría llegar al Congreso Nacional, que es un escalón más en esa visión.

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