Desde hace varios años, esta vecina de Trenque Lauquen recorre cementerios, cámara de celular en mano, para registrar mausoleos, esculturas, placas y detalles arquitectónicos que, muchas veces, pasan inadvertidos. Su trabajo nació como una afición que reunió varias de sus pasiones: viajar, investigar, descubrir arquitectura antigua y fotografiar. Hoy, sus imágenes buscan preservar una parte de la historia que también se encuentra entre las paredes de los cementerios.
Hay lugares que guardan historias sin necesidad de hablar. Espacios donde la arquitectura, las esculturas, las placas y los mausoleos se convierten en una suerte de libro abierto sobre las distintas épocas de una comunidad. Para Virginia Martín, los cementerios son precisamente eso: lugares donde también es posible leer la historia.
Desde hace unos años, Virginia comenzó a recorrer con mayor frecuencia el cementerio de Trenque Lauquen. Al principio fotografiaba todo lo que encontraba a su paso. Con el tiempo, su mirada se fue haciendo más selectiva y atenta a los pequeños detalles. Una estatua, una inscripción, una ornamentación, una puerta de vidrio o un antiguo mausoleo pueden convertirse en el motivo de una nueva visita.
No es fotógrafa profesional. Utiliza su teléfono celular y luego edita las imágenes antes de publicarlas. Pero detrás de cada fotografía existe una mirada curiosa y observadora, interesada en descubrir aquello que muchas veces queda oculto a simple vista.
“En esta actividad de recorrer los cementerios se aúnan todo lo que a mí me gustaba: viajar, investigar, la arquitectura antigua, las fotos”, cuenta Virginia. Sus imágenes son compartidas en grupos vinculados con el patrimonio funerario, donde otras personas aportan información y ayudan a interpretar aquello que aparece en las fotografías.
Así, una imagen puede abrir una puerta hacia una historia desconocida. Un ramo de laureles, una figura religiosa o un elemento arquitectónico adquieren nuevos significados cuando alguien que conoce del tema explica su origen o su simbología. La fotografía, entonces, se transforma en el comienzo de una investigación.
Con el tiempo, Virginia también comenzó a viajar para conocer otros cementerios. Visitó los de 25 de Mayo, La Plata y Pehuajó, entre otros. Este último le llamó especialmente la atención por su variedad y por algunas semejanzas que encontró con el cementerio de La Plata.
Pero no todos los recorridos son iguales. En algunos lugares, reconoce, le gustaría contar con alguien que pudiera explicar la historia de cada mausoleo, de cada familia y de cada personaje. El cementerio de La Plata, por ejemplo, fue una de sus primeras experiencias y hoy siente que debería volver con una visita guiada que le permita comprender mejor aquello que observa.
“Me gusta el recorrido por los cementerios, me gusta de las dos formas: en recorridos que te ponen en contexto las cosas y también sola, viajando por cementerios”, explica.
Su interés también la llevó a participar de actividades vinculadas con el patrimonio funerario. Una charla y recorrido encabezados por especialistas le permitieron conocer historias y personajes vinculados con antiguas comunidades. Entre ellos recuerda el mausoleo de Mauricio Duva, relacionado con los orígenes de San Mauricio, y la posibilidad de comprender que detrás de cada construcción existe una historia que merece ser investigada.
En el cementerio de Trenque Lauquen hay, para Virginia, lugares que despiertan una particular fascinación. Uno de ellos es una pequeña estatuilla ubicada sobre la tumba de un niño. La figura, que ha fotografiado desde distintos ángulos, le llama la atención por la cantidad de detalles y por el misterio que encierra su origen.
También observa con interés las antiguas construcciones y los materiales utilizados en otras épocas. Algunas piezas, según las referencias que ha encontrado, fueron encargadas a marmolerías de Buenos Aires o incluso traídas desde Europa. Cada una de ellas representa, de alguna manera, el poder económico, las costumbres y las preferencias estéticas de las familias de su tiempo.
Entre esas construcciones se encuentra el mausoleo de Monferrand, que Virginia identifica como una estructura armada con piezas que habrían llegado desde Europa. También reconoce el valor histórico de las tumbas de personalidades vinculadas con la historia local, como García Salinas o el antiguo comisario Anselmo Trejo.
En ese recorrido aparece también una preocupación: el deterioro y el robo de elementos históricos. Virginia cuenta que algunas placas y piezas de valor patrimonial han desaparecido del cementerio. Recuerda, por ejemplo, el robo de un busto y la sustracción de placas pertenecientes a figuras de la historia local.
Para ella, el patrimonio funerario también necesita ser cuidado y puesto en valor. Muchas de las construcciones tienen cerca de un siglo de antigüedad y, en algunos casos, ya no existen familiares que puedan ocuparse de su mantenimiento.
“Todas” necesitan mantenimiento, sostiene al observar el estado de algunos mausoleos. La situación plantea un interrogante sobre quién debe preservar aquellas construcciones que, más allá de pertenecer a una familia determinada, forman parte de la historia y del patrimonio de una ciudad.
Virginia también observa cómo ha cambiado la relación de la sociedad con la muerte. Recuerda, a partir de los relatos familiares, que décadas atrás la conmemoración del día de los muertos era un acontecimiento mucho más presente en la vida cotidiana. Las visitas al cementerio, las flores y los preparativos formaban parte de una tradición que reunía a las familias.

Hoy esa relación parece haber cambiado. Y quizás por eso su actividad todavía genera cierta sorpresa. Más de una vez le han preguntado por qué elige recorrer cementerios en lugar de visitar otros lugares turísticos.
La respuesta es sencilla: ella no va en busca de historias de fantasmas ni de relatos sobrenaturales. Tampoco lo hace desde una mirada ligada a la tristeza. Va a observar arquitectura, arte e historia.
En sus recorridos suele estar sola. A veces llega con una idea concreta de lo que quiere fotografiar. Otras veces, simplemente camina. Si descubre una tumba que no había visto antes, toma nota mentalmente o recuerda volver otro día. El cementerio de Trenque Lauquen, después de tantas visitas, se ha convertido en un territorio conocido, aunque todavía capaz de sorprenderla.
“Cuando creo que ya tengo todo fotografiado, aparece otra tumba”, dice.
Esa búsqueda también la llevó recientemente al cementerio de 30 de Agosto, en el marco de una actividad vinculada con el patrimonio y la educación. Allí encontró un espacio más pequeño, pero con algunos mausoleos que despertaron su interés. Entre ellos, uno perteneciente a la familia Piorno, que le permitió establecer una conexión personal con una familia que había conocido a través de sus abuelos.
Para Virginia, el desafío es que esta mirada pueda ser comprendida y compartida. Le gustaría que más personas conozcan el patrimonio funerario y que los cementerios puedan ser considerados también como espacios de memoria, cultura e historia.
Actualmente concentra buena parte de su actividad en una página de Facebook, donde publica sus fotografías y comparte sus recorridos. No descarta que, con el tiempo, su trabajo pueda transformarse en un libro, una exposición o una charla en la que pueda contar su experiencia.
En especial, le interesa acercar esta temática a los más jóvenes. En la actividad realizada en 30 de Agosto pudo observar la curiosidad de los chicos, que se acercaron al tema sin los prejuicios ni los temores que muchas veces tienen los adultos.
Quizás allí esté una de las claves de su trabajo: aprender a mirar los cementerios de otra manera. Entender que entre las tumbas también hay arquitectura, arte, historia y memoria. Que cada mausoleo puede contar algo sobre una familia y una época. Que una pequeña estatua puede despertar preguntas que llevan a investigar durante horas.
Virginia Martín recorre esos lugares con la tranquilidad de quien sabe que todavía queda mucho por descubrir. Y mientras camina entre las antiguas tumbas, busca registrar con su celular aquello que el paso del tiempo amenaza con borrar.

Virginia Martín y la memoria detrás de los cementerios: una mirada al patrimonio funerario
Su trabajo, nacido como afición, busca preservar el patrimonio funerario y poner en valor estos espacios como parte de la memoria, la cultura y la identidad comunitaria.

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