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Clarín destacó a la rivadaviense Lía Salvo: “la millennial que quiere cambiar la historia del polo”

Lía Salvo llegó hace menos de un día de Singapur y el jet lag de más de 16 horas no se le nota. Coordinó algunas cuestiones menores de arreglos en la caballeriza, se quedó preguntando sobre el estado de algunas yeguas, terminó un termo de mate con los petiseros y ya está lista para hacer fotos en el rato que tiene libre. A la tarde tiene que jugar al polo y en menos de una semana estará de camino a los Estados Unidos para seguir la temporada. Ser la mejor jugadora argentina de la historia en el exigente mundo global del polo te obliga a estar siempre al trote.

A sus 31 años y luego de un largo recorrido, Lía Salvo logró posicionarse como la mejor polista argentina y la número tres del ranking mundial. Tiene un Hándicap de 9 goles Fem y 2 masculinos, un número altísimo para una disciplina que recién en los últimos años tomó protagonismo y se encamina a explotar en un futuro inmediato, en buena parte por el aporte de varias jugadoras que van ampliando la frontera y con Lía a la cabeza. Si Adolfito Cambiaso llegó a ser el referente del polo por haber llevado el deporte más allá de las barreras que tenía, es justo decir que Lía hace lo propio en el polo femenino.

Aun cuando la cantidad de polistas mujeres creció exponencialmente durante los últimos años, ella es una de las pocas profesionales dentro del grupo. Y ser profesional en este deporte significa un año calendario de giras formando parte de distintos equipos alrededor del mundo, entrando muchas veces en los círculos más vip y cerrados de la élite global. Compartir palco con la Reina de Inglaterra, dormir en el palacio real de los Majarash de India, cenar con los multimillonarios más ricos de Asia son la atípica norma en el universo del deporte de reyes.

Y sin embargo, ella es contraria a cualquier tipo de fastuosidad. Tiene gestos sencillos, una sonrisa tímida y luminosa, además de la marca indeleble propia del ritmo del campo, de mañanas en el establo y los silencios de las tardes de pueblo. Una velocidad que contrasta con la frenética tarea de darle con un taco de un metro y pico a una bocha apenas más grande que una manzana, subida arriba de animales que corren a unos 60 kilómetros por hora chocándose entre ellos. Puesto así, se entiende la serenidad que hace falta para manejar esas velocidades sin perder la calma.

En 2016, Lía alcanzó un nivel de exposición altísimo luego de convertirse en la primera mujer en jugar el Abierto del Jockey de la Argentina, uno de los torneos de alto hándicap más importantes del país y, por ese motivo, del mundo. Para quienes no están familiarizados con el polo, deben saber que la Argentina es la máxima referencia a nivel global por varios cuerpos. Y lo que se lleva adelante en estas pampas luego se replica en el resto del mundo. Más cerca de ser una FIFA que una AFA.

 

“Mamá me decía: esto del polo es una locura tuya. Fijate cómo te va en un año. Tenés 365 días para demostrarme que vale la pena.”

Cambiaso, que es Maradona y Messi juntos, pero también uno de los principales impulsores del crecimiento del polo femenino, le propuso a Lía que formase parte del equipo que estaba armando para jugar el Jockey, junto a Juan Martín Nero y Pablo Mac Donough, históricos compañeros en La Dolfina. Ella cuenta que la primera reacción que tuvo fue pensar que estaba loco, pero el Número Uno hablaba en serio. “Si él cree que puedo, estoy”, pensó y aceptó. Finalmente fueron campeones, y ella anotó un gol en la final. Fue un hito consagratorio, que la llevó a la tapa de todos los diarios y la colocó en la historia para siempre. Pero ella quería más.

La Americana

Lía es nacida y criada en América, una pequeña localidad agrícola de poco más de 12 mil habitantes, recostada sobre el margen izquierdo de la provincia de Buenos Aires, de camino a General Pico. Es una de las vecinas ilustres, después de que el municipio de Rivadavia decidiera homenajearla con una gigantografía suya en la ruta, que la destaca como orgullo local. Su imagen custodia el acceso al pueblo junto a la del arquero Oscar Ustari, otro hijo de América y medalla de oro en Beijing 2008.

Muchos años antes del cartel, Lía era la tercera hija de Alejandra Ratto y Héctor Salvo, un polista de seis goles que había jugado varios torneos importantes en Buenos Aires. Su tío, José Luis Salvo, fue campeón nacional de equitación y su abuelo, cuentan, era un gran jinete de campo. Resultó lógico que antes de los cinco años ya se manejase con naturalidad arriba del caballo. A los 10 años empezó a taquear, y a pedirle al padre que le enseñe a jugar. Héctor era el profe de polo de los chicos del pueblo, que salían del cole y se iban en banda al campo para ensillar, jugar unos cuatro o cinco chukkers de veinte minutos, y luego ordenar el establo. Y al otro día lo mismo.

Sin embargo, a papá no le terminaba de parecer que la nena practicase un deporte “de hombres”. Ni él ni nadie de su círculo conocían a una sola chica que juegue, e incluso llegó a decirle abiertamente que se olvide: “Lía, este no es un deporte para mujeres lamentablemente. Me encanta que andés a caballo, pero olvidate del polo”.

¿A qué edad te dijo eso?

Yo ahí tenía diez años, pero bueno, a mí me gusta andar a caballo y taquear. Le insistí hasta que llegó un punto en el que me dijo: “Bueno, dale, empezá a practicar”. Empecé con él y los amigos en el Club Namuncurá de América. Y cuando le cayó la ficha, se puso más exigente: “Bueno, dale. Si lo vas a hacer, hacelo bien y yo te apoyo”. Pero siempre como una diversión únicamente. Un hobby.

¿Y ahora no te dice: “Che, la verdad tenías razón”?

¡Qué macana me mandé! Sí, pero una vez que lo aceptó, se puso contentísimo.

A partir de ese momento, padre e hija empezaron a viajar a Buenos Aires para la temporada fuerte de polo, que incluye laTriple Corona y reúne los tres torneos más importantes del mundo: Tortuguitas, Hurlingham y el Argentino de Polo, que se juega en el tradicional Campo de Palermo. En ese ambiente conocieron a otras mujeres que estaban en la misma, como María Chavanne o Paola Martínez. No eran más de doce o quince, pero se juntaban y peleaban por conseguir un lugar para jugar.  “No podíamos creer que hubiera más chicas, fue un descubrimiento poder empezar a relacionarme con más gente de Buenos Aires y no sólo con el ambiente de hombres. Venía a participar en las temporadas, salía del colegio el jueves y me tomaba el colectivo para ir a Pilar a jugar y el lunes, de nuevo a clases. Lo hice desde los 13 a los 16 años. Eran días agotadores, pero estaba feliz”, recuerda.

-En los últimos años ha habido una revisión del feminismo que pone en discusión ciertas cosas que parecían naturales pero no lo son. Te consulto por el polo, que siempre se dice que es un ambiente machista.

-Es más difícil que otros ambientes y que otros deportes porque siempre fue netamente de hombres, pero hoy está cada vez más cerca de ser igual.

-¿Cómo te recibían en tus comienzos?

-Si lo comparo con hoy, muy diferente. Sin embargo yo estaba cómoda. Siempre había algunos clubes que se resistían más. “Mmm, ¿mujeres?”. Pero, en general, siempre fui muy bienvenida, quizás fue más fácil por estar de la mano de mi papá, que era reconocido en este círculo. Hoy, un par de años más tarde, veo que realmente está aceptado y evolucionado. Me hubiese gustado arrancar ahora. Hubo chicas, anteriores a mí, para quienes seguramente fue más difícil que a mis 17. Esta es una época buenísima para ser mujer.

-¿Creés que haber jugado el Abierto de Jockey de 2016 les abrió el camino a muchas chicas para sumarse al polo?

-Ojalá haya servido para que otras que me vieron ahí puedan decir: “Pucha, si ella pudo, que es de la misma altura y mismo peso que otras chicas, ¿por qué yo no puedo hacerlo?” Y es así, tal cual. Es un deporte que se juega a caballo. Con uno bueno y estando rápida de cabeza equiparás la fuerza y podés estar a la altura de un partido de hombres.

Una líder del cambio

Aunque Lía siempre tuvo en claro que el polo era lo suyo, la idea de ser cabeza de lanza de esta reinvención del polo femenino no estaba siquiera en los planes más remotos. A medida que se acercaba el final del colegio secundario, le rondaba cada vez más fuerte la idea de tomarse un par de años para ver adónde podía llevarla todo esto. Con sus dos hermanas mayores estudiando en Buenos Aires, el plan que tenían sus padres para ella incluía una mudanza a Capital para cursar alguna carrera. Fueron días de negociaciones, hasta que finalmente pactaron tregua. Iba a tener un tiempo para ver qué pasaba. “Mamá me decía: ‘Bueno, un año sí y después vemos, pero a mí me parece que esto es una locura tuya. Y si no, te vas con tus hermanas a Buenos Aires a estudiar’. Tenía 365 días para demostrar algo”, relata Lía.

A partir de unos contactos que había armado en Pilar, logró que la ayudasen a costear un pasaje a Londres para jugar un torneo, una apuesta all in, plata o muerte, donde se fue apenas con unas botas y tacos propios. Logró ganarse el derecho a quedarse un mes y medio más, y una serie de contactos para volver a jugar al otro año. Tenía 365 días más de crédito. Después vinieron campeonatos en la Argentina, unos primeros sponsors para equipar los caballos, una marca de autos coreana, otra de relojería suiza y en algún momento esa cuenta regresiva se diluyó y jugar al polo se volvió para ella una forma de ganarse la vida en lugar de un hobby en el que brillaba.

En febrero volvió a América para casarse en la iglesia del pueblo con Juan Manuel Rojas, con quien estuvo ocho años de novia. Una ceremonia íntima, que cruzó amigos de la infancia, apellidos clásicos del polo argentino, de Asia y algún que otro miembro de la nobleza británica. Todos juntos en una fiesta casi sin mesas, sencilla, en el campo de polo del barrio donde dio sus primeros trotes.

2019 también puede ser un año bisagra para el despegue del polo femenino. Aunque está claro que el futuro de las polistas tiene todo por crecer, la comparación con el polo masculino es ineludible pensando en un posible Abierto mixto. Jugadores y jugadoras consultados por Viva sostienen que hay una diferencia de fuerza y potencia para taquear que se hace sentir, aunque también es cierto que el juego “se volvió muy dinámico y cada vez pasa más por la calidad de los caballos”.

Antes de 2016 decías que sería increíble llegar a jugar un torneo como el Jockey. Finalmente ocurrió. ¿Es descabellado pensar en un partido de Triple Corona?

Sí, eso sí que hoy lo veo imposible, primero porque hay que tener un hándicap masculino mínimo de 6 goles, que hasta ahora jamás se dio en la historia. Lo veo imposible para mí. Por ahí con generaciones más nuevas. Hay una camada nueva de chicas espectaculares, que es superior a la nuestra. Y sobre todo lo que sorprende es la cantidad: un semillero tremendo que se viene y va a ser imparable, aquí y en el mundo. Eso sí algún día va a pasar.