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Ezequiel Cabrera: una historia inspiradora

Ezequiel Cabrera tiene muchos proyectos. Quiere nadar, competir en los Juegos Paralímpicos. También quiere correr maratones, ya compitió en dos y tiene fechas para noviembre y diciembre en 3 y 5 kilómetros respectivamente, mientras trabaja como asistente de campo en el cuerpo técnico de Atlético Quenumá, donde el domingo, como si fuera poco, hizo un gol de penal.

Para este joven de 31 años la discapacidad no fue una pérdida, sino una oportunidad. Sufrió en febrero de este año un trauma gravísimo: la amputación de una pierna luego de un accidente automovilístico, un episodio que hubiera empujado a cualquiera en una profunda depresión y desánimo, pero no a él. Por el contrario, surgieron nuevos proyectos, otra manera de ver la vida y hasta sueña con dar charlas motivacionales. Y tiene condiciones para eso.

Ezequiel es policía de la Patrulla Rural trenquelauquense. Hasta enero de este año vivía en Salliqueló, trabajaba parte de la semana en Trenque Lauquen, cursaba la carrera de profesorado de Educación Física y jugaba en la tercera del club quenumense, disputando el puesto de centro delantero. La meta fue una pretemporada fuerte para intercalar un par de partidos en primera, pero el destino le tenía reservada una encrucijada.

Fue en febrero. Una mañana de niebla, a las 6.20 horas cuando viajaba hacia Trenque Lauquen. Se quedó dormido al volante, cruzó el carril de la ruta 5 y chocó contra un guardarrail. En un segundo su vida cambió. Le impuso algunas limitaciones, pero no lo bajoneó. Al otro día del accidente, desde Terapia Intensiva le pidió a su hermana que posteara una foto en las redes sociales. Se le ve con el pulgar arriba y la leyenda “estoy bien, vayan juntando hierros para mi nueva pierna”.

“No sé por qué lo tomé así, muchas veces haciendo chistes, tratando que el que está al lado mío no sufra, que me vea que estoy bien, con fuerzas, no quiero que nadie se bajonee por mí, esa actitud me quedó. Yo no tuve bajones, no me pregunto por qué me pasó a mí, ya está, me pasó y tengo que seguir adelante”, le dice a OESTE BA.

Su historia se hizo viral en los últimos días, porque se convirtió en el primer jugador de la Liga Treslomense de Fútbol amputado en jugar y convertir un gol. Fue una tarde soñada, llena de emociones y lágrimas. “Era injusto que el destino me retirara del futbol, me quería retirar cuando yo quería”.

Viene de una familia de policías, era un mandato familiar del que no iba a poder escapar y también es guardavidas, por eso quiere competir en natación y también en pedestrismo para lo que necesita comprar una prótesis deportiva. Entonces ya hizo proyectos, porque no puede estar quieto. Habrá una cena show a su beneficio en Quenumá, necesita 750 mil pesos.

Un punto de quiebre

“Recuerdo el accidente. Me desperté con el golpe, recuerdo todo. Busqué el teléfono y llamé al 911. Recuerdo a los médicos, a la policía. Siempre supe lo que me había pasado”, dice en la conversación con este diario.

Desde ese día inició la recuperación. Pasa parte de la semana en La Pampa, en sesiones de kinesiología, donde además entrena para natación, y hasta ahora se animó a integrar una banda de música “que aún no tiene nombre” y luego viaja a Quenumá junto al equipo de fútbol.

A mediados de año le entregaron una prótesis ortopédica. “Había visto muchos videos de las amputaciones y de las prótesis, cuando me dieron la mía no podía caminar, y le dije al médico que no la quería. Me explicó que nadie sale caminando el primer día. Así que empecé a practicar en Buenos Aires, en Palermo y caminé tres o cuatro horas, y el lunes ya caminaba sin muletas y con un solo bastón”.

Fue a 4 sesiones de psicología “ella me dio el alta porque me veía bien” y como si fuera poco aceptó la invitación de un amigo para competir en una maratón en Morteros, Córdoba. “Fue una emoción tremenda porque era la primera maratón”. Luego, el 15 de septiembre corrió 3 kilómetros en Tres Lomas “y el 10 de noviembre voy a correr 5 km en la Escuela Vucetich y el 7 de diciembre en Pehuajó”.

Un gol a la vida

El domingo hizo un gol. Quería jugar 1 minutos y retirarse del fútbol. Pero casi lo hizo un par de meses antes, aunque el árbitro de ese encuentro no le permitió jugar. “No me quería chocar con las situaciones de que alguien me diga que no podía hacer algo por mi discapacidad, lloré un rato largo”.

A las dos semanas “el árbitro Sergio Orozco me dijo que ‘los sueños están para cumplirlos así que si vos querés jugar me llamás y jugás’. Guardé el número y lo llamé porque se venía la última fecha de local, él arregló todo, dirigió él el partido, habló con el equipo rival y arregló todo”. A las 11 fue a sacarse la foto con los jugadores del senior y aguardó en el banco los minutos finales del encuentro que su equipo perdía 3 a 0 frente a El Ceibo.

“Entrar a la cancha fue una mezcla de muchas emociones, nostalgia, felicidad, sentirse cumplido. En enero empecé a hacer la pretemporada con la ilusión de jugar, y ahora estaba adentro, no importa en qué circunstancias, estaba cumpliendo el sueño. Sólo quería entrar, después la quería tocar, metí una pared y me solté y después quería hacer un gol. Ibamos perdiendo y el equipo rival generó un penal, tocaron la pelota con la mano. El jueves había ido a entrenar porque nunca había practicado patear y me pusieron a practicar penales así que la jugada estaría acordada”.

Cuando cobraron penal, “empecé a llorar, no quería mirar a nadie porque si los veía llorar me iba quebrar. El arquero me preguntó dónde iba a ir, le dije que no sabía porque no sabía si iba a poder patearlo, le apunté al palo izquierdo del arquero, no pude levantar la cabeza, sólo podía llorar. Todos me abrazaron. El árbitro terminó el partido y me regaló la camiseta con la leyenda el que abandona no tiene premio. Fue una tarde soñada.  Sentía que era injusto retirarme cuando al destino se le ocurrió, ahora me retiro yo, cuando yo quiero”.

Un ejemplo motivacional

Es imposible no emocionarse con su relato. “En las redes mucha gente me pone mensajes, cosas como ‘hoy no tenía ganas de levantarme y te veo a vos y me das fuerza’. Me gustaría dar charlas para que la gente pueda sacar lo mejor de sí y sobreponerse a las distintas situaciones. Si sos apasionado por algo, no importa lo que te pase. Yo tengo una dificultad mayor, me va a costar un poco más, pero todo se puede lograr. A veces me duele el cuerpo, pero quien te quita lo bailado”.