El Secretario de Gobierno, Martín Borrazas, habló en una entrevista con FM Tiempo sobre los temas de la agenda política. Desestimó las versiones que lo ubican como el reemplazante de Recoulat en las elecciones venideras y habló de la reelección del mandatario. Además habló de la grieta “un loco que grita y una loca que está presa” dijo sobre los referentes de LLA y el PJ.
— Funcionás muchas veces como “él” vocero municipal.
— El principal vocero es Francisco (Recoulat), obviamente, pero tiene cuestiones que resolver. Tratamos de organizarnos para liberarlo un poco de la tarea diaria. Atender a la prensa también es un trabajo, y el estilo de Francisco para hacerlo es muy personal. Somos varios los que estamos dispuestos a hablar en representación del municipio.
— Se dice que tenés un perfil muy alto y que manejás muchas áreas, casi como un “intendente suplente”.
— Tengo una frase que me quedó de la Facultad, de Derecho Romano, en latín, que se traduce como “si soy algo, se lo debo a alguien”. Todos los funcionarios que estamos alrededor de Francisco podemos hacer lo que hacemos gracias a que hay apertura y delegación de facultades. Me gusta trabajar en equipo: cuando un tema lo vengo trabajando yo, el propio intendente me dice “contalo vos”, porque corresponde a mi área.
— Con la salida del secretario de Hacienda y la disolución de la Secretaría General, tu área absorbió nuevas funciones. ¿Cómo se reorganizaron?
— La firma de Hacienda pasa a depender de Gobierno, pero el control presupuestario, las intimaciones y el cobro los sigue manejando contaduría y tesorería. Con la disolución de la Secretaría General pasó algo parecido. Son organizaciones que nos fuimos dando, porque hay áreas con cierta autonomía y funcionarios que llevan mucho tiempo en la gestión. Además, incorporamos reuniones de gabinete más seguidas con el intendente, y eso ayuda a ordenar la agenda.
— ¿Cuánto pasa hoy por la Secretaría de Gobierno, siempre considerada la más neurálgica de la administración?
— Mucho, porque Trenque Lauquen se ha hecho grande. Hay una sensación de espíritu de grandeza que se nota en todos los ámbitos, desde salud y seguridad hasta el desarrollo económico. Eso genera trabajo diario. Cuando asumimos el compromiso con Francisco lo hicimos con la convicción de que iba a ser a destajo, 24-7, alivianando la carga del intendente.
En este punto, habló del otro costado “uno no podría ser el funcionario que es sin la familia que tiene atrás. El 90% de las veces volvés a tu casa cansado, con la insatisfacción de algo que no resolviste, y el trabajo es no trasladar esos problemas a la casa”. Destacó a su familia y a sus pares en la función pública “la mayoría de los que estamos en el gabinete tenemos dedicación exclusiva”.
— Hay una versión, que parece difícil de creer, pero que circuló en los últimos días que serías el próximo candidato a intendente motivado, dice esa versión, en que el intendente quiere bajar un cambio.
— La he leído y la he escuchado, y no hay nada de cierto. Personalmente me siento muy a gusto trabajando con Francisco. Tiene una capacidad de trabajo arrolladora: puede tener un día cansado, pero al otro día arranca y es una topadora. Creo que a Trenque Lauquen le haría bien un nuevo mandato de él. Es una persona muy ordenada, muy práctica, metódica, y un gran líder de equipo. Lo conozco desde hace muchos años y cuando asumió como intendente sentí un cambio positivo: sacó las fustas y va más rápido, más ordenado, le mete más horas y más método a las cosas. Y la visibilidad que podemos tener quienes trabajamos alrededor de él tiene que ver con que el propio líder político lo permite.
— Entonces, ¿por qué creés que surgen esas versiones? ¿es la antesala de la campaña?
— Primero, me parece que no conocen a Francisco a fondo. Y segundo, yo milito en política desde chico y la defiendo, sobre todo la que sirve, la que transforma, la que escucha al vecino y le explica y le resuelve los problemas.
— Hablemos de la UCR, tu discurso en la última convención radical tuvo mucha repercusión, incluso en medios nacionales. ¿Qué te dejó esa exposición?
— Creo que la situación partidaria no mejora con ese tipo de cuestiones, pero me dejó la confirmación de que el descontento de la gran mayoría de los afiliados del radicalismo es real: recibimos un montón de mensajes que nos invitan a profundizar esa forma de trabajar. Como análisis del proceso de la convención, el resultado no fue el que buscábamos. Nosotros fuimos a buscar una unidad.
— ¿Cuál es el planteo de fondo?
— Estoy convencido de que no hay forma de ser una opción política potente si uno no trabaja con todos los que pensamos parecido. Hay dirigentes del radicalismo concentrados en otra cosa, y por eso dijimos que no vamos a dejar que le pongan el punto final a nuestro partido. Vamos a militar en toda la provincia de Buenos Aires por un espacio que construya una alternativa con el radicalismo como columna vertebral, y que tenga como decisores principales a los propios afiliados.
— Desde lo pragmático, ¿no es una apuesta arriesgada si hoy los dos extremos de la grieta concentran la mayoría de los votos?
— Creo que ese escenario lo empujan las encuestadoras y las consultoras; cuando uno camina en la calle, ese escenario no existe. La mayoría de la gente dice que está cansada de la grieta, de “un loco que grita y una loca que está presa”. Si vamos al pragmatismo, vayamos a la calle: ahí la gente dice que está cansada de un gobierno que, para arreglar la macroeconomía, dejó un tendal en áreas sensibles como salud y discapacidad, y por otro lado hay una dirigencia anterior que hoy los procesos judiciales van confirmando que vació el país. Sergio Massa, que fue el último ministro de Economía se fue con 300% de inflación y el país prácticamente fundido. Después llegó un gobierno que sigue cobrando la misma carga impositiva al comercio, al campo y a la industria, sin que eso se vea devuelto en las rutas del interior, que están cada vez más deterioradas. Por eso digo que no le tengo miedo a expresar mis posiciones de manera coherente: si no, dejo de hacer política.
— ¿Y hacia adentro del propio partido?
— El partido tiene una división importante que no permite que se gobierne internamente, y eso es lo que planteamos en la convención: alguien tiene que conducir esto, no seguir simulando unidad para no tomar decisiones. Lo que le hace mal a la política es la especulación, que nadie te diga lo que piensa. Yo quiero saber qué vamos a hacer con cada tema, no un “depende de quién gane”.
— ¿Cómo se traduce esa idea en la gestión local?
— Acá en Trenque Lauquen creo que ha sido un ejemplo: el intendente nunca dejó de decir lo que pensaba del gobierno provincial o nacional, y después, cuando tiene que pedir algo para el territorio, se sienta y lo plantea con contundencia. La política te permite manifestar tus posiciones y después ir a gestionar lo que le corresponde a tu territorio.
— Por último: hablás de dirigentes “sin gente atrás”. ¿A qué te referís?
— A que muchos de los que toman decisiones en la estructura partidaria no han transitado un gobierno municipal, provincial o nacional, y eso los lleva a decidir distinto de quien sí conoce lo que implica gobernar. Para ser dirigente hace falta legitimación, y esa legitimación te la da el pueblo a través de las urnas. Nuestro desafío es construir una dirigencia con legitimación de origen, que no especule y que represente genuinamente, sea bueno o malo para una elección.








