Personajes

Adrián Santos Ganuza, el “zorro bueno”

Pocos conocen su nombre, aunque todos saben cómo llamarlo. Jorge Adrián Santos Ganuza es el “zorro bueno”. Un agente de tránsito amigable, de buenos modales cuya tarea está más enfocada en la prevención y educación que en la sanción, por eso se lo ve en la puerta de las escuelas, del Hospital, en los cruces céntricos más complicados y siempre con trato amable y dispuesto a tender una mano.

Su tarea, la de educar y no infraccionar, lo pone inmediatamente en la vereda de los buenos. Se sabe, los argentinos somos hijos del rigor, y en las calles donde se libra una guerra no declarada los agentes, los encargados de hacer cumplir las normas, no gozan de una popularidad ascendente. Por el contrario, suelen ser blanco de la ira y el malhumor de los automovilistas.

No es el caso de Adrián “el zorro bueno” a quien los vecinos le compran agua o gaseosa los días de intenso calor, las personas con alguna discapacidad lo saludan porque siempre los ayuda a cruzar la calle, los comerciantes del boulevard lo reconocen como un servidor público, y a quien los turistas o personas que visitan la ciudad consultan por referencias sobre lugares trenquelauquenses. Tal es el reconocimiento que una vecina generó una campaña de recolección de firmas para pedirle al Municipio que le den una casa municipal. Esa planilla, que llegó al Intendente Fernández contaba con cientos de nombres de vecinos.

Ese prestigio y el reconocimiento ganado de sus vecinos no parece contingente sino el fruto de una tarea silenciosa que viene desarrollando desde hace varios años.

Adrián es un hombre solitario y de pocas palabras. Tal como se lo ve en la calle. No le gusta mucho la exposición y a regañadientes aceptó este encuentro periodístico para OESTE BA luego de varios intentos. Su historia comenzó en Bahía Blanca, de donde es oriundo y su vinculación con Trenque Lauquen es de mediados de la década del 90. Se radicó aquí para trabajar en una empresa agropecuaria de un familiar y no se fue más.

“Vine uno días para ver la ciudad y me llamó la atención que la gente dejaba la puerta de la casa abierta, las bicicletas en la vereda y esas cosas”. En 1995 se radicó para trabajar en esa empresa que al cabo de unos años cerró y dio vueltas por distintos empleos, después se anotó en la Municipalidad presentó un currículum y entró en el lugar que nadie quiere: agente de tránsito.

Eso fue en el año 2010, hace menos de una década. Su trabajo fue como el de todos los agentes hasta que un accidente le cambió la vida. Un día, patrullando en moto, fue convocado de urgencia para cubrir un llamado y un perro se cruzó en su camino. La caída le provocó lesiones graves en las piernas. Estuvo un año en recuperación, lo operaron en La Pampa y ya no pudo volver a montar motos ni hacer tareas de riesgo, quedó supeditado a tareas de prevención y educación en el centro de la ciudad. Ahí pasó a ser “el zorro bueno”.

 “Al no tener la moto fui buscando mi lugar. Me ofrecieron trabajar en la sala de monitoreo pero no quise porque me gusta el trato con la gente”.

-¿Qué sentís cuando la gente te llama el zorro bueno?

-(ríe) Por supuesto que reconforta sentir el reconocimiento. No me molesta lo de zorro porque la gente nos llama así. Mi tarea hoy no es hacer infracciones aunque también las hago, a mi me toca hoy concientizar, informar, prevenir, educar, estoy más en esa tarea.

Mi función hoy es no ir al choque. Hay gente que está en la zona de los bancos con picos de estrés por distintos motivos y estaciona mal, me acerco y le digo cómo lo tiene que hacer o dónde hacerlo, no podemos generar una situación de tensión si podemos educar y enseñar.

-De todos modos, ser agente de tránsito es un cargo de alto riesgo y la gente siempre los critica.

-La gente no quiere a los agentes de tránsito o a los policías, muchas veces es un foco de descarga para muchas personas, pero somos servidores públicos y lo tenemos que aceptar y dar respuestas, hoy para mí es más fácil porque la gente ya me reconoce de la calle.

-¿Sentís el reconocimiento de los vecinos?

-Humildemente creo que la gente me reconoce. Pero nuestro trabajo es muy ingrato, sobre todo el de mis compañeros que trabajan de noche y lidian con situaciones más difíciles a veces hay exceso de alcohol, nerviosismos y esto afecta a todos los sectores de la sociedad, no hay que estigmatizar las infracciones en el tránsito las hacen todos  y de noche se ve violencia y la gente te habla mal.

Adrián señala que en el tránsito “hay una crispación generalizada en el último tiempo, quizás producto que la gente trabaja más horas, la plata no le alcanza o tiene dificultades que afrontar todo el tiempo y en la calle se ve ese malestar” y pidió “abonar más a la convivencia y al respeto”.

Le gusta la pintura y el dibujo y la lectura. También fue deportista. Se desempeñó como arquero en Olimpo de Bahía Blanca y en el atletismo, pero el accidente en la moto lo alejó definitivamente del deporte.

Dijo que no aceptaría un cargo jerárquico, porque no le gustaría encerrarse detrás de un escritorio “prefiero estar en la calle, con la gente”.   Para él “no hay cosa más linda que el reconocimiento de tus vecinos” y cuenta sobre las vueltas de la vida “chicos que hace 10 años se escapaban de un operativo o te gritaban, hoy son padres y vienen a saludarte, a estrecharte la mano y a agradecer el trabajo que se hace en la calle”.

-Una vecina juntó firmas para que te den una casa municipal y muchos vecinos pusieron su nombre. ¿Cómo tomaste eso?

-Como gesto me pareció bueno porque sirve para evaluar cómo hacés tu trabajo porque la gente no pide por vos si no cree que estás haciendo algo bien. Los vecinos tienen que entender cuál es nuestra función, somos servidores públicos, y a veces tiene que detenerse en un control de tránsito y perder el tiempo que nadie quiere perder.

De gorra negra, que no se sacará a lo largo de la charla y con la tabla de anotaciones sujetada con las dos manos, Adrián subraya la proximidad de las fiestas y se emociona, entonces en este contexto de festividad y celebración llama a respetar y ponerse en el lugar de los agentes de tránsito del Municipio muchas veces vapuleados “sabés como dice la frase: ´antes de juzgar mi vida o mi carácter ponte en mis zapatos´”, concluyó.