Andrés Fonterosa entra a la sala con una valija de mano metálica, plateada, reluciente, como si transportara en ella material quirúrgico. Cuando la abre se dejan ver allí varias armónicas, con fundas lustrosas y brillantes; y detalla sobre las mismas que una toca una nota más alta, que otra es para un estilo y otra tiene una escala más o menos. Un idioma inentendible que sólo puede decodificar un apasionado como lo es él, por un instrumento que ya es como una extensión de su ser y del que logra sacar sonidos únicos.
Para este armonicista del gran Buenos Aires, Trenque Lauquen siempre estuvo cerca. Es que pasó parte de su infancia y adolescencia viajando a nuestra ciudad en vacaciones porque tiene familia aquí. Por aquellos años no tocaba música, pero sí comenzó a vislumbrar su vocación laboral por la agronomía y fue ese su pasaporte para radicarse aquí cuando se graduó en la Universidad como Ingeniero Agrónomo. Al interior rural no sólo trajo su conocimiento académico, sino que trajo consigo el movimiento de rock y blues barrial de finales de los 90 y principios de los 2000 que había vivido en Ramos Mejía y Castellar donde vivió hasta los 30 años.
La armónica ya estaba presente en la escena musical nacional por referentes como León Gieco, pero fue la movida de rock y blues más contemporánea la que coló los fraseos de la armónica en las canciones que los pibes llevaban en las remeras o se cantaban en la cancha. Fue esa influencia quizás la que hizo que la armónica apareciera en su vida, aunque él lo relata casi como una casualidad. “Había una banda en el barrio, y yo iba a ver los ensayos. Andaba una armónica por ahí y esa fue mi primera aproximación” contó ayer Andrés en FM Tiempo 91.5 Mhz.
UN AMOR A PRIMERA VISTA
Ese fue un amor a primera vista. “La música siempre fue un hobby y fue tomando cada vez más protagonismo e importancia al punto tal que la mitad de mi actividad diaria hoy es dar clases de armónica” dijo. También es docente en la UTN y en el CPT de Martín Fierro.
“En un momento había una banda en el barrio y yo iba a los ensayos y había una armónica dando vueltas y empecé a tocar, y fui a ver unos grupos locales que había una banda de rock blues y tenía un armonicista que nunca había escuchado agarró el micrófono y tenia un sonido muy particular, eso me impactó y empecé a incursionar”.
“Cuando me di cuenta –siguió- tenía cierta facilidad y podía hacer algo serio, entonces empecé a estudiar, y con una banda que se llamaba 7 rutas aquí de Trenque me enganché y empecé a dar clases acá también. Estudiaba virtual porque no había aquí profesores, y luego la pandemia aceleró todo, otros profesores me pasaron alumnos y así fui creciendo”.
En Trenque Lauquen es el referente del instrumento porque hoy no hay otro profesor aquí. “No es un instrumento fácil para tocar, se pensó inicialmente para tocar ciertas melodías y le faltan notas, los afroamericanos descubrieron que desafinando notas lograban conseguir otras y aparecieron notas que permitieron tocar otras cosas”
Hoy toca con la Big band de la Escuela de Música “es el proyecto más estable que estoy porque tiene un ensayo semanal fijo” también con Da Capo y La Mikel. “Estoy con demasiada actividad tengo un problema con el no” (ríe)
-¿Hoy con tantos proyectos tocar en vivo es una situación que te pone nervioso aún?
-Es una situación tensa que comienza a relajarse en el tiempo, pero no es fácil presentarse en vivo. Al principio uno es más caradura y luego el nivel de exigencia es mayor, además el error que uno comete impacta en los demás porque estas acompañando a alguien entonces toda eso te tensiona.
Entre las múltiples actuaciones estuvo su participación en el disco folclórico de Jorge Azpiroz “tuve la suerte de grabar en el disco fue mi primera experiencia. Fue como algo más sencillo porque haces la suficiente cantidad de tomas, y al otro día volvimos al estudio de Lautaro para enriquecerlo” y eso le dio la idea de grabar su propio disco.
“Estoy grabando un disco, el formato se llama EP ahora no es un formato físico ni muy extenso, estoy grabando 4 canciones, es un proyecto personal, un disco propio que ya grabé una parte en el estudio Guión en Buenos Aires con músicos cesionistas ellos son Javier Vallejos, Gonzalo Aldas, Joaquin Seyan. La idea surgió por el disco del Alemán pero el proyecto se hizo en pandemia” las canciones son de géneros como Bossa nova y jazz.
OTRA PASIÓN
Otra pasión de Andrés es el running. “Dejé de fumar hace 20 años y buscaba un incentivo para sostenerlo y empecé a trotar solo al principio y por pocos minutos y luego fui progresando y llegué a correr los 42 kilómetros en Santa Rosa hay que tener mucha continuidad pero el que se lo propone lo logra”.
Si bien en la actualidad, no está corriendo en esos niveles, sí sigue entrenando. “Sigo trotando, voy al gimnasio con Ezequiel Corea y me gustan las 2 actividades siento que no me puede faltar hoy ninguna de las dos” dijo en relación a la música y al deporte.











