Cuando suena el teléfono celular de la secretaria del Club Atlético Trenque Lauquen, hace frío en la ciudad. Son los primeros fríos de este otoño 2023 que nos sorprendió a todos. Es su teléfono personal, pero en una misión casi como una comunicación en alta mar debemos recurrir a ella para poder localizar a nuestro entrevistado; mejor dicho a quien queremos invitar a una entrevista.
Hace frío y el sol no asoma. Entonces la mujer recorre con el teléfono en mano unos metros hasta que a lo lejos divisa al hombre en cuestión. Está de rodillas con una soldadora dándole forma a unos caños de acero con los que pretende hacer un arco. Imagina que allí alguno de los pibes que corren por las tardes hará un gol, le sacará una sonrisa, construirá un sueño. De eso se trata.
-Carlos, lo llaman de la radio, le avisa la señora.
Entonces se acomoda su tradicional gorra de invierno, con visera corta, se incorpora con los achaques que los 82 años de vida le recuerdan en casa paso, sobre todo en esa rodilla en la que le diagnosticaron artrosis. El hombre es cuestión es Carlos Casarini, ex juez de Cámara, jubilado y colaborador incansable del club del Parque donde ahora hace hasta trabajos de herrería. Es uno de los pocos que no usa teléfono celular, entonces dar con él es una misión imposible. Tampoco le gustan mucho las cámaras, micrófonos, ni los flashes, por lo que además de iniciar una tarea titánica para contactarlo también hay que convencerlo que venga a contarnos su vida, que es una fuente de inspiración para todos los que piensan que se puede dar una mano.
Llega antes al estudio de FM Tiempo 91.5 Mhz, como 20 minutos antes. Lo hace a bordo de una bicicleta vieja. No hay lujos en él, su vestimenta es “de un soldador” no de un juez jubilado. Habla y se mueve con una humildad gigantesca esas que brillan por su ausencia en nuestros días.
“El club para mi es una tabla de salvación porque falleció mi señora hace un año y ha sido un golpe muy duro, estuvimos juntos 50 años y éramos muy compañeros, de a poco voy saliendo, en el club siempre hay alguna tarea de herrería para hacer y digo bueno este es el último; pero no siempre me traen otro” ríe como si eso fuera una queja cuando en realidad se desvive por hacer cualquier cosa allí dentro.
“Al club entré a finales de la década del 80 porque mis hijos iban a jugar al futbol ahí. Era un momento muy crítico porque el club producto de las inundaciones estaba casi en ruinas. Todos suponían que iba a desaparecer y la propuesta que más había prendido era hacer un barrio y había tomado cierto consenso. No era una buena decisión, el parque y el club tienen continuidad”.
VIDA Y OBRA
Casarini nació hace 82 años en Bragado, “éramos 4 hermanos y sabíamos que todos no podíamos trabajar con mi padre que era un modesto chacarero de 20 hectáreas, yo lo ayudaba a él con las soldaduras y ahí aprendí a usar herramientas”. Entonces se subió a un colectivo en 1959 para ir a estudiar abogacía a La Plata. Era su primera salida del pueblo, y se bajó en Constitución pensando que había llegado a la ciudad de las diagonales “no tenía ni idea” recuerda.
Tampoco fueron fáciles aquellos primeros años. Era pintor de casas, “de brocha gorda” como se decía por aquellos años para poder juntar unos pesos “en el final de mi carrera entré como practicante ad honorem a los tribunales de La Plata, ahí aprendí la cocina de los expedientes, las audiencias, etc. Mis compañeros a fines de mes hacían una vaquita y me daban unos pesos. El departamento judicial era tan amplio que el juez tenía 3 secretarios, cuando se hizo una vacante me la ofrecieron”.
Ya le gustaba el fútbol. De chico había jugado en Bragado y luego integró un equipo universitario. Zurdo, corría como lateral izquierdo, pierna fuerte pero buena pegada se describió así mismo. Tal era esa pegada que una vez que ya estaba en Atlético “era quien entrenaba al arquero Vasco Azurrabarrena”.
No es el único aprendizaje futbolero que cosechó en sus años facultativos. Siempre simpatizó por Gimnasia e iba a ver al Lobo, allí se dio cuenta que a los equipos grandes les costaba ganar en el Bosque por las dimensiones de la cancha eran muy chicas, fue una idea que casi implementó aquí en el Parque en un momento de resultados negativos para incomodar al rival. Se ríe cuando en la entrevista le dicen que ésa era una receta más de la escuela Pincha Rata que la Mens Sana.
Pero volvamos al Casarini de saco y corbata. Una vez que asumió la Secretaria de un Juzgado Platense, le sedujo la idea de mudarse a los nuevos Tribunales de Trenque Lauquen “la Corte preguntó quién quería venir a trabajar al interior, mi señora era de 25 de Mayo así que como ambos éramos del interior nos interesó. Era otra ciudad, la ruta llegaba hasta Beruti, algo inexplicabale” recuerda.
“Era muy trabajador, joven y venía muy bien preparado de La Plata así que me manejaba muy bien como Defensor de Pobres y Ausentes. Los jueces ganaban muy poco en aquel momento y algunos renunciaron y me ofrecieron ser juez civil y comercial, luego fui juez de cámara lugar donde me jubilé. Tuve suerte” dice, es una muletilla que usa cada vez que habla sobre su pasado “tuve suerte”.
LOS TIEMPOS EN EL CLUB DE SUS AMORES
Ahora volvemos al Casarini de los Indios del Parque. “Al club llegué por los chicos, era un lugar derruido en aquellos años. Para poder prender las luces teníamos que conectar varios cables y se hacían chispazos hoy el club va para adelante porque tiene buena gente, pero en aquel momento fue un renacer, yo creo que el club tendría que llamarse nuevo atlético porque se hizo de nuevo en aquellos años”.
“De a poco fui colaborando y asumí la dirección técnica de la quinta división, contaba con el apoyo de mi señora y eso es importante porque cuando vos tenés el apoyo de la familia vas para adelante. Estar en una institución es una tarea de entrega, ayuda y emprendimiento gratuita que no todo el mundo te la comprende, yo volvía a las 10 de la noche todos los días”.
Su obsesión era la formación de los chicos: “Queríamos imitar el trabajo de Argentino con las infantiles que tenían al Negro Viñas y que en un colectivo recogían a los jugadores, yo lo hacía en mi auto, uno de los que pasaba a buscar era Claudio Balerdi cuando tenia 11 años”.
Pero buscaba la excelencia. “Me quería capacitar y estar a la altura, así que hice el curso de entrenador en Santa Rosa junto a otros profesores locales y eso me permitió ser el entrenador de primera división”.
“Cuando agarramos la primera subimos con muchos chicos que yo había dirigido en inferiores y con dirigentes que estaban haciendo su carrera desde el momento que llegamos nosotros, entonces fue un buen momento, tuve la suerte de tener todo ese equipo, para poder concretar la obtención de un título que era el gran objetivo porque hacía 40 años que no salía campeón el club y eso fue en el año 2001 y a partir de ahí nos fue bien, ganábamos otros títulos más y participamos en torneos del interior. Tuvimos suerte”, repite.
Ya no dirige más. El gimnasio del club lleva su nombre y es el tesorero de la comisión directiva. Hace poco fue a ver un recital en un café literario y los presentes lo reconocieron y lo aplaudieron eso lo sonrojó “no me gusta, no. Muchos aún recuerdan alguna audiencia judicial”, se ríe.
Tiene 5 hijos. Dos de ellos viven en el exterior y otros tres en CABA “siempre me pidieron que me radicara en Buenos Aires pero no, yo soy de acá”. Además tiene que ir a la cancha “este sábado jugamos contra Barrio Alegre, venimos segundos en el torneo, andamos bien” dice con entusiasmo.
-¿Por qué haces trabajos de herrería?
– Estoy haciendo dos arcos de futbol, portátiles, con ganchitos para la red, todavía gozo de buena salud y puedo hacer cosas por eso lo hago, es importante andar en bicicleta y moverme. Voy todas las tardes y a algunas mañanas al club. Es bueno poder hacerlo. Tengo suerte.










