Antonela Vicente tenía 24 años cuando una crisis existencial la llevó a cuestionarse su futuro profesional. Estudiaba arquitectura en La Plata, pero algo no terminaba de cerrarle. Fue entonces cuando decidió hacer un curso de fotografía en Trenque Lauquen, en el CFP 402 “Dr. Barrachia” con Nacho Martín, buscando «un cable a tierra» que la ayudara a encontrar su rumbo.
«Nunca me imaginé que iba a vivir de la fotografía. Creo que si me lo hubieran dicho a los 18 años, no lo creía», confesó la fotógrafa durante una entrevista con la FM Tiempo 91.5 en un breve paso por Trenque Lauquen a donde vino a visitar a su abuelo Francisco Islas para el cumple 95 del querible vecino.
Después de cinco años de carrera universitaria, Antonela tomó una decisión que muchos considerarían arriesgada: abandonar la arquitectura para volcarse de lleno a la fotografía. «Por suerte tuve un gran apoyo de la familia. Imaginate, había estudiado cinco años de arquitectura. Decir ‘voy a ser fotógrafa’, por suerte, me han bancado», recordó.
Sus primeros pasos fueron en retratos a bebés recién nacidos, trabajando desde un estudio propio que había montado con ayuda de sus padres. «Me habían ayudado a hacer todos los mini muebles de madera. En esos muebles ponía a los bebés, a los niños, les sacaba fotos en estudio», relató.
Sin embargo, fue su incursión en las redes sociales lo que marcó el punto de inflexión en su carrera. «En La Plata no me conocía nadie. Así que tuve que aprender de cero lo que eran las redes sociales y cómo se manejaban. Yo arranqué a vender por ahí», explicó.
EL MUNDO DE LAS BODAS Y LOS FAMOSOS
El siguiente paso fue especializarse en fotografía de bodas, un género que la apasionó desde el primer momento. «Me enamoré de las bodas. Las conexiones de la familia, de las parejas. Los momentos, las madres cuando se emocionan, los padres. Retratar eso a mí me gustó un montón», describió Vicente.
Su búsqueda por capturar «la conexión más genuina» en lugar de «la foto posada» la llevó a desarrollar un estilo particular, caracterizado por una paleta de colores «más romántica, pasteles, neutros», que refleja su personalidad «más cálida y empática».
El salto definitivo llegó cuando comenzó a trabajar como segunda cámara para fotógrafos reconocidos del rubro, una experiencia que le permitió acceder a sus primeros clientes propios y, eventualmente, llegar a fotografiar a personalidades del mundo del espectáculo y el deporte.
CLIENTES DE PRIMER NIVEL
Hoy, AVE Fotografía -la empresa que fundó Antonella- cuenta entre sus clientes a figuras como Camila Homs (ex pareja del futbolista Rodrigo De Paul), Miguel Merentiel (jugador de Boca Juniors), Eva Barguiela y Gian Simeone, y la influencer Floppy Tesouro.
«Trabajar con famosos es como la perla, pero la realidad es que uno trabaja con todo el mundo», aclaró la fotógrafa, quien destacó la calidez en el trato con estas personalidades: «Son lo más. Muy amigables, muy buena onda. Son gente común que le estás haciendo un laburo».
Uno de los puntos más altos de su carrera llegó recientemente cuando sus fotografías de Eva Barguiela y Gian Simeone fueron publicadas en la revista Caras. «Es algo sumamente impensado, que una revista como Caras tenga unas fotos nuestras publicadas, la verdad que tampoco lo hubiéramos pensado ni imaginado», confesó emocionada.
Este reconocimiento representa no solo un logro personal, sino también una vitrina excepcional para su trabajo. «Es otra vidriera increíble», reconoció, consciente del impacto que tiene aparecer en una de las publicaciones más prestigiosas del país.
DIVERSIFICACIÓN Y CRECIMIENTO
En los últimos años, Antonela expandió su oferta de servicios hacia la creación de contenido para marcas e influencers, incorporando video a su propuesta. Ha trabajado para empresas como Lancôme y Los Calditos Knorr, creando material audiovisual para redes sociales.
«Hoy se está usando mucho el contenido en video. En Instagram es la red social que más movimiento está teniendo», explicó sobre esta nueva faceta de su trabajo, que desarrolla junto a su pareja y un equipo de colaboradores.
La entrevistada entiende que su éxito depende de mantenerse actualizada en un mercado altamente competitivo. «Tenés que estar actualizado todo el tiempo, porque en nuestros tiempos, seis meses es una eternidad», reflexionó, mientras se prepara para participar en un workshop especializado en fotografía de bodas en Bariloche.
EL ORGULLO DE LAS RAÍCES
A pesar de trabajar principalmente entre La Plata y Capital Federal, Antonella mantiene un fuerte vínculo con Trenque Lauquen. «Soy de Trenque y feliz de ser de Trenque. Yo amo venir acá», afirmó, y ocasionalmente acepta trabajos en su ciudad natal, especialmente bodas en campos que le resultan atractivas por su propuesta diferente.
«Vivir de lo que a uno le gusta es un privilegio. Y muy consciente de eso», concluyó la fotógrafa, quien a los 34 años ya logró posicionarse como una referente en su área y proyecta seguir creciendo en un campo que, como ella misma dice, «no tiene techo».












