En el patio de tierra de una casa de adobe de Salazar, entre el aroma del asado y el sonido de las guitarras, comenzó a gestarse una de las historias más genuinas del folclore regional. Ángel Gustavo Palavecino, conocido por todos como «El Pala», descubrió su vocación por el bombo legüero cuando apenas era un niño que jugaba al ritmo de las reuniones familiares.
«Vengo de una familia folclorista y de muy chico yo andaba rodeado de guitarreadas, de asados, juntadas de amigos de mis viejos, mis tíos. Era normal para mí vivir en un lugar así», recordó el músico de 52 años durante una entrevista con la FM Tiempo 91.5.
RAÍCES SANTIAGUEÑAS
La pasión por el folclore llegó a través de su abuelo santiagueño, oriundo de Herrera, quien vino a la provincia de Buenos Aires como resero y se quedó después de conocer a su abuela. «Todos mis tíos tocaban la guitarra y faltaba alguien que los acompañe. Y aparte siempre me gustó el folclore, no escuchaba otra cosa», explicó Palavecino, quien mantiene esa tradición hasta hoy: en su taller suena folclore y hasta su tono de celular es «La Juguetona», una chacarera clásica.
Esa comunión familiar alrededor de la música marcó profundamente su infancia. «Hacía fin de año que 10 minutos antes de terminar el año estés comiendo, atragantado, dejás todo y agarrás la guitarra y el bombo. Terminábamos el año y arrancábamos el año tocando», relató con nostalgia.
Palavecino no solo domina la técnica del instrumento, sino que conoce profundamente su historia y construcción. El bombo legüero está hecho con tronco de ceibo ahuecado a mano, aros de algarrobo blanco, correaje vacuno y parches de chivo o cabra adultos. «Según la edad del animal es el tono que le va a dar al bombo», explicó el artesano.
El instrumento tiene una rica historia que se remonta a África. «La percusión viene de África, la trajeron los esclavos cuando vinieron los colonizadores a América del Sur. Hasta que llegó el instrumento a la Argentina y se va adaptando según el lugar con los materiales que tiene», detalló.
En Santiago del Estero, cuna del bombo legüero, el instrumento tenía funciones comunitarias: «Antiguamente el bombo lo usaban como para medir distancia, por eso el legüero. Se escuchaba a una legua para anunciar una misa, anunciar una fiesta. En el norte, con el silencio y la misma madera del monte, se escuchaba muy lejos».
LOS PALA
La gran innovación de Palavecino fue crear «Los Pala», una agrupación formada por sus hijos que se destacó en la región durante varios años. «Empezamos como jugando con los chicos. Ellos empezaron como jugando y yo tenía el bombo ahí. Tocaba bien uno y le armaba a otro, y un día se dio», recordó sobre los inicios del grupo.
La formación original incluyó a sus hijos Ismael, Jesús, Nahuel y Ayelén, quien inicialmente enfrentó resistencias por ser la única mujer. «Lloraba cuando le decía que no. Al último se vestía como varón con bombacha, bota y sombrero», contó el padre, quien finalmente cedió ante la pasión de su hija.
El grupo alcanzó reconocimiento regional: «Nos invitaban de todos los lugares, nos pagaban, los viáticos nos mandaban a buscar de otros lugares para tocar», recordó, aunque siempre mantuvo los pies en la tierra: «Siempre les decía que esto es una pasión nomás, como un hobby, pero que tenían que estudiar».
La experiencia más destacada de Palavecino fue llegar al escenario mayor del Festival de Cosquín, acompañando a artistas de renombre nacional. Entre 2009 y 2025 subió al escenario junto a Jorge Rojas, Carlos Cabral, Roxana Carabajal y este año a Peteco Carabajal en su festejo de los 50 años con la música.
«Tocar en el escenario de Cosquín es la vibración que tiene ese escenario. No solamente el escenario, las luces, las cámaras, toda la gente que está ahí abajo», describió la experiencia, comparándola con «entrar en un vestuario de un estadio» para quien gusta del fútbol.
Estas oportunidades llegaron a través del «Indio» Freilán, reconocido luthier santiagueño y organizador de la marcha de los bombos. «Hace años que me conoce y me invita a subir a acompañar a artistas de renombre», explicó Palavecino.
ARTESANÍA Y TRADICIÓN FAMILIAR
Actualmente, Palavecino combina su pasión musical con un emprendimiento familiar de artesanías junto a su esposa y uno de sus hijos, Nahuel. Fabrican trabajos en cuero, cintos, morrales, materos y bandoleras, además de juegos didácticos y trabajos en macramé.
«Siempre llevamos dos bombos y con el hijo que me sigue tocamos palo a palo durante el día, hacemos juntadas de gente ahí tocando el bombo», contó sobre cómo integran la música a su actividad comercial en ferias regionales.
El músico también restaura y fabrica bombos, comprando los cilindros de ceibo en el norte y completando el resto del proceso en su taller. «Hoy en día un bombo sale 650 mil pesos más o menos», detalló sobre los costos actuales del instrumento.
FE Y COMUNIDAD
Por otro lado, Palavecino integra una comunidad evangélica donde la música también tiene su lugar. «Tenemos una célula de varones en nuestra casa donde se habla de la palabra, y hay música evangélica folclórica», explicó, mencionando que existe incluso un «Cosquín Evangélico» paralelo al festival tradicional.
El legado continúa
Con siete hijos y varios nietos, Palavecino confía en que la tradición musical familiar continuará. «La mayoría baila folclore, cantan, tocan, hacen todo. Evidentemente va a seguir la tradición familiar», aseguró, aunque reconoce que algunos nietos se inclinaron por el fútbol.
«Hay algunos que se han dedicado al fútbol, pero bueno, algún día algún nieto me va a salir cantor o guitarrero», reflexionó con esperanza.
Para el «Pala», el bombo representa «una gran parte de mi vida, es mi cable a tierra. Con el bombo le hablo mejor al mundo». Esta pasión, que comenzó en aquel patio de tierra de Salazar, sigue resonando en Trenque Lauquen y la región, manteniendo viva una tradición que conecta generaciones y territorios a través del ritmo ancestral del bombo legüero.
“El Pala”, un tipo humilde que habla con la música y es el gran referente del bombo legüero
Oriundo de Salazar creció entre guitarreadas familiares en un patio de tierra donde sólo se bailaba folclore, formó una agrupación con sus siete hijos y llegó a acompañar a grandes figuras nacionales en Cosquín. Dice que con el bombo le habla mejor al mundo.

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