El padre Juan Pellegrino no proviene de un hogar religioso. Recuerda alguna que otra asistencia a misa a llevar flores con su abuela, en la Parroquia de su Bragado natal cuando era niño. Ni siquiera la Semana Santa era una fecha destacable en la casa de sus padres que eran católicos y que habían bautizado a sus hijos como la mayor aproximación a la casa de Dios.
Sin embargo, y desafiando el destino, su vocación sacerdotal estaba latente desde muy niño, desde la primera clase de catequesis a la que asistió y de ahí en más nunca caminó solo. Creció en él la idea de ser religioso, primero el grupo scout y luego el seminario para convertirse en cura, un misterio –dice- que ni él alcanza a dimensionar lo que significa.
Al padre Juan le tocó una misión nada fácil para la comunidad católica. Llegar a un pueblo en el que el cura anterior había dejado una huella imborrable. El paso de Pedro Traveset por la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores es un hito histórico no fácil de soslayar. Juan sabe bien de qué se trata porque fue colaborador del ya fallecido sacerdote que fue sepultado en España y de quien ayer se cumplió un aniversario de su muerte.
Y justo ayer Juan Pellegrino vistió los estudios de FM Tiempo 91.5 Mhz para hablar un poco de todo, de su vida, de Dios, de andar en bicicleta para mantenerse en forma, de la fe que mueve montañas y de las dudas espirituales que hasta Jesús tuvo, dijo.
Juan Pellegrino nació hace 52 años en Bragado y hace 26 que es sacerdote. “Nunca logré identificar bien cuándo dije que quería ser cura. Cuando era chico mi familia no era muy religiosa, alguna vez íbamos a la Iglesia, mi abuela me llevaba para poner flores pero nada más, si estábamos bautizados. Cuando entre a la Catequesis, el primer día algo pasó. El primer día fui a las 9 de un sábado y cuando volví a las 10 le dije a mi mamá mañana voy a misa y ahí comenzó todo, no lo puedo verbalizar no sé por qué pasó eso. La catequista era una chica muy joven, que nunca más la vi porque se fue del pueblo. No puedo identificar un momento como el llamado que otros describen; pero iba caminando solo a la misa el domingo desde el primer momento. Después llegó el grupo scout que me anoté solo también y me enrolé en ese lugar también” contó en la entrevista radial.
Había iniciado su carrera sacerdotal sin darse cuenta. “Yo ya sabía en la escuela secundaria que iba a ser cura. Lo conté a mis compañeros en el final de la escuela, no tenía certeza, era algo que yo sentía y que claramente uno tenía vergüenza de decirlo. En cuarto año hice un retiro espiritual y fui discerniendo que podía ser que Dios me llamara a eso. Cuando le dije a mis compañeros algunos se enojaron porque no lo podían creer que no les hubiera contado antes, siempre me acompañaron y me apoyaron”.
Entonces a los 17 años se anotó en el seminario y cursó 4 años en Azul y otros 4 en Mercedes. “En los primeros años haces el profesorado de filosofía y luego el de teología. Lo más exigente no es estudiar, sino la vida. Más allá de la formación intelectual es importante la formación espiritual y la vinculación con la comunidad, son cosas clave en la formación”.
El primer paso fue la ordenación de diácono “y en ese momento el obispo me envió a seguir estudiando, especializarme en catequesis. Hasta ese momento había estudiado las palabras difíciles, pero en catequesis hay de todo, un nene, una señora que no sabe ni tuvo nunca vinculación con la vida cristiana, etc. Ahí tenés que bajar al llano, y eso se lo debo a esa formación sino uno se cree importante porque maneja algunas palabras, pero la realidad te lleva a otro lugar, me hizo un click en la cabeza para poder expresarme de la mejor manera, fue una experiencia que me implicó un esfuerzo y me sirvió” contó cuando le hicieron notar la facilidad que tiene en la palabra para llegar a los chicos y jóvenes.
A los 28 años, con toda esa formación intelectual llegó a Trenque Lauquen para ayudar a Pedro Traveset. “Estuve 4 años y luego me encomendaron otra tarea, fue una tarea de estudio en Buenos Aires. Lo disfruté mucho pero también fue difícil porque a los 32 años tuve que volver a ser estudiante y luego en la redacción y escritura”.
La experiencia con Pedro “fue muy linda y me había gustado mucho Trenque Lauquen. Cuando cambió el obispo en 2016 yo estaba haciendo una experiencia de estudio, un doctorado en investigación en Salamanca España, y me pidieron volver aquí para asumir en Trenque Lauquen”.
-¿Y qué es ser cura?
-No sé si expreso bien en vida, a mi ser cura es lo que me dio la posibilidad de ser quien soy. Pude potenciar mi carisma, mi personalidad, mi ralladura, me he sentido pleno con las cosas que hago, me ha llenado el corazón personalmente. Que es es cura? Es algo muy raro, yo con mi influencia scout que te lleva a hacer algo nuevo permanente y ser cura es eso es algo que permanentemente se va reseteando es como una gran aventura es algo nuevo todos los días. No tenés una rutina siempre te saltan cosas nuevas. Yo no lo entiendo todavía lo que es ser cura, lo vamos trabajando, de desentrañar es un misterio que nos excede pero si es algo que llena el corazón, que me siento pleno que lo siento.
-¿Con qué cosas acuden los vecinos a hablar con vos?
-A veces hoy como esta todo, la gente quiere que la escuche y nada más, a veces ni si quiera te piden una voz de aliento o lo demandan. Solo que los escuchen. Después de la pandemia se ha espiritualizado más nuestra función, no digo que no haya demanda social, pero eso está institucionalizado y canalizado. Pero después de la pandemia viene con cosas del alma, espiritual.
-¿Entonces ahí utilizas la palabra de Dios?
-No siempre pongo la palabra de Dios en estas charlas, porque hay gente que no es religiosa y la respeto. Yo tengo relación y amigos de otras religiones, y me encanta conocer y charlar, pero hay gente que no quiere escucharlo, yo no soy de imponer, ese no es el camino de Jesús. Nunca Jesús dijo tenés que hacer esto y vení para acá.
VIDA DE CURA
En otro tramo de la entrevista, el padre Juan Pellegrino contó por qué usa un anillo como si fuera una alianza matrimonial. “La familia no entiende el sacerdocio, no lo entiendo yo así que imagínate los demás (ríe). Una vecina de mi casa le preguntó a mi mamá cuando viene tu jijo qué le das de comer, y qué voy a comer!” contó en anécdotas de vida. “Mis tíos –retomó- me regalaron un anillo que es una alianza que tiene la fecha de ordenación, al principio me daba vergüenza utilizarlo cuando era joven y un día de pascua me lo puse y ahí quedó”.
También contó que camina y anda en bicicleta para mantenerse en forma. Todo comenzó por un tratamiento médico y el hábito del deporte y la vida sana le quedó. “A veces la gente me ve caminando o andando en bicicleta y me paran porque quieren hablar o consultar algo, pero mayormente puedo caminar y transitar, es para mi un momento de reflexión, rezo el rosario, si hago bicicleta fija miro cosas para leer y estar. Trato de no andar con el celular para tener un momento tranquilo”.
-Siempre está presente la religión, tu vocación.
-Siempre está presente la religión y la vocación, porque esta es mi vida.
-¿Nunca tuviste dudas?
-Totalmente, como Jesús. Frente a la muerte él dice ‘padre por qué me abandonaste’. La duda no es un pecado, no está mal. Es crecimiento, Sábato decía que es el inicio de la fe, sino dudás no tenés fe, la gente que no se permite dudar no crece en la fe, se hace un armazón que no te dejar crecer porque te hace sentir cómodo pero eso no es la fe, que está todo el tiempo en la intemperie. Cómo no te vas a cuestionar cuando la pandemia, cuando muere un niño, hay una canción de León Gieco que se interroga `dónde estaba Dios`. Todos los teólogos del siglo XXI se hicieron esta pregunta Dios dónde está después de las 2 guerras mundiales y Auschwitz.
En ese punto de la entrevista, que lo apasionó y le dio letra para desarrollar agregó: “La película La Pasión de Cristo, cuando Jesús muere en esa parte de por qué me abandonaste y la cámara se eleva, se produce un gran silencio que es no es parte de un lenguaje fílmico hasta que llega al cielo y toma la forma de un ojo y brota una lágrima que cuando cae provoca un gran movimiento. Detrás de esto está esto que vos decís `dónde está Dios’, el hijo de Dios murió y él no hizo nada. Humanamente lo podemos trasladar a nuestros días a tragedias, la metáfora de la película es que Dios está en silencio llorando contigo, eso nos pasa en los velorios. Algunos quieren hablar y decir cosas, pero lo fundamental es el abrazo, el llanto, que no cambia nada porque la pérdida está, pero ¿quién te quita el amor? y ésa es la presencia de Dios”.
“Es una experiencia linda, porque cuando la vida te sonríe es fácil pero cuando te toca bailar con la más chueca ¿qué haces?. Esa es la respuesta de la palabra de Dios, dios estaba llorando al lado tuyo. Cuando Benedicto y Francisco fueron a Auschwitz en ese lugar horroroso hablaron del silencio de Dios. Yo siempre he dudado y gracias a Dios que dudo porque en la duda crece la fe.













