Personajes

Pasión por los caballos de trote

Aldo Soulé es un libro abierto de anécdotas. A los 73 años dejó atrás su etapa deportiva, la que lo tuvo durante casi 40 años animando las carreras de caballos de trote a lo largo y a lo ancho de la geografía nacional, pero sigue de pie con su otra gran pasión: la panadería, la que trajo consigo cuando se radicó en esta ciudad a mediados de la década del ’90 y la popularizó de tal manera que todo el mundo la conoce por ser la que vende el producto más barato del mercado local.

Soulé llegó a Trenque Lauquen a mediados de la década del 90 para correr en el hipódromo que tenía el Club Barrio Alegre por aquellos años y donde ganó decenas de carreras y trofeos, pero la ciudad lo atrapó desde el primer día y decidió radicarse aquí. Vendió las panaderías que tenía en Moreno, provincia de Buenos Aires, y se vino con los caballos y la amasadora de la masa del pan y no se fue más.

Fue amigo del ex intendente Jorge Barracchia, con quien compartía noches de caza en La Pampa, y de Manuel Antonio Alvo, dos personas que rescata a lo largo de la conversación con este diario que, dijo, le enseñaron mucho. También fue instructor de Judo, una de las variantes de las artes marciales que, señaló, le dio valores de disciplina y dedicación.

Pero antes de todo eso conoció uno de los trabajos más sacrificados en el campo, el de tambero. De muy chico, ante el divorcio de sus padres –contó- se fue al campo con su padre que trabajaba en la zona rural y allí aprendió el oficio de la extracción de la leche y la relación con los caballos que lo marcaría de por vida.

De adolescente volvió a la ciudad y se metió a trabajar en la panadería de su madre, donde adquirió otro oficio del que aún vive. En 1980, dijo, abrió su propia panadería y después tuvo dos. Era un empresario próspero cuando decidió dejar la gran ciudad y radicarse en el interior.

Si bien, sus emprendimientos comerciales estaban en Moreno, él y su familia son oriundos de Hurlingham donde tenía su stud de caballos. Aldo también es divorciado y conoció a su segunda esposa en una veterinaria de caballos en el gran Buenos Aires. Susana Campi, atiende por las mañanas la panadería y lo acompañó durante años en la carrera hípica que desarrolló.

Su historia

“Vinimos a correr al hipódromo local, acá nos gustó la ciudad, encontramos tranquilidad y un lugar hermoso, conozco casi todo el país y ciudad como esta no conozco, es prolija y ordenada” dijo Soulé a OESTE BA.

“Me crié en el campo, en el oficio del tambo y luego en la ciudad con la panadería. Son oficios de muchas horas y sacrificados, hay que tener necesidad para trabajar pero también uno tiene que saber”.

Pero desde chico lo perseguía su pasión por los caballos. Hasta que en 1984 pudo comprar su primer animal “por deporte, por hobby, nunca fuimos apostadores”. Por sus años en el campo, sabía de caballos “sabía que comprar y correr aprendí rápido”.

Sin embargo, la desventaja con otros jinetes es que empezó de grande a correr. “En las grandes ciudades es más fácil porque hay más pistas para barear y mucha gente para trabajar en el ambiente”. En Hurlingham ganó el premio “al caballero” porque nunca molestó a nadie en una carrera ni protagonizó ningún incidente.

Si bien la pasión por los caballos en Argentina es grande, él rescata las carreras de trote por sobre las demás porque el ambiente es más familiar. “Anduvimos por todo el país, hasta en San Isidro corrimos. Competíamos todos los domingos, a veces viajábamos el mismo domingo temprano, y si era lejos hasta los jueves ya salíamos”.

Carrera hípica

En 1996, cuando se radicó en Trenque Lauquen, tenía 7 caballos en actividad y 450 carreras ganadas. Calcula que ganó más de 800, el diario La Opinión lo distinguió como el Deportista del Año en 1997 y su esposa dice que tiró cientos de trofeos que ya no entraban en su casa. Aún guarda algunas revistas y publicaciones especializadas que mencionan sus proezas en las pistas hípicas.

Se retiró porque la edad le impuso un límite. “El seguro del hipódromo cubre hasta los 69 años” intentó hacer un seguro particular y presentar estudios médicos que avalaban su buena salud pero no pudo torcer el destino y entonces vendió todo y se retiró. Ahora la organización anunció que prorrogará los límites de edad, pero para él ya es pasado.

La panadería

Aldo Soulé ya no es un jinete de trote, pero aún es panadero. Tiene un hijo que también es panadero en Tres Arroyos y aquí está al frente de El Tropezón.

“Sigo trabajando, hago el reparto de las escuelas y las guarderías, y en la elaboración del pan sólo estoy dirigiendo, tenemos tres empleados y una maquinaria muy avanzada y automatizada que nos hace el trabajo más rápido”.