La familia Montero y más de 50 años al frente del viejo almacén “La Central” de Girodías

La familia Montero y más de 50 años al frente del viejo almacén “La Central” de Girodías

La vida en los parajes rurales y pequeñas localidades de los distritos no es lo que era. Los cambios en la producción expulsó a trabajadores del sect

La vida en los parajes rurales y pequeñas localidades de los distritos no es lo que era. Los cambios en la producción expulsó a trabajadores del sector agropecuario y la migración interna los empujó a las ciudades. El despoblado es un denominador común, al igual que los viejos hitos urbanos que sobreviven en los caminos de tierra, como el viejo almacén o el bar para los parroquianos, un lugar social por excelencia y símbolo de cada uno de estos sitios.

En Girodías está el viejo almacén “La Central” de la familia Montero. Orlando Montero está al frente del comercio como hace más de 50 años cuando se hizo cargo junto a su hermano. Dice que más de una vez piensa en cerrar todo y radicarse en Trenque Lauquen donde viven sus hijas y sus nietos, pero sabe que él y su almacén son patrimonio histórico de la población rural de ese rincón de nuestro distrito.

Ayer habló en el programa OESTE BA RADIO DE FM OMEGA y dijo: “Con mi hermano lo compramos en 1970. Era sólo un bar en aquel momento, luego lo ampliamos un poco y se puso una despensa y durante muchos años convivieron las dos cosas, hasta que recientemente y producto de la pandemia cerramos el bar, al que ya venían muy pocos vecinos y todos muy mayores” contó.

En los primeros años “el bar solo tenía movimiento de noche porque los gauchos venían a tomar el Cinzano y las cartas, pero ya no lo abrimos más. Tratamos de salir lo menos posible por la pandemia. Mi señora y yo somos jubilados por ahora estamos zafando y estamos vacunados. Aunque tenemos la posibilidad de radicarnos en Trenque Lauquen, nos cuesta mucho dejar este lugar”.

A finales de los 60, la familia Montero que eran colonos de esa zona del distrito se hizo cargo del bar. En realidad, él y su hermano, y todo gracias al conmutador telefónico que había en ese momento en ese lugar. “Mi hermano empezó a trabajar en el bar y conoció a mucha gente, se instaló la cabina telefónica pública y los colonos y los campos tenían teléfonos con abonados y el hombre se fue y había que seguir con las cabinas”.

Entonces, la gente de los “campos nos ayudaron para que siguiéramos con el servicio del conmutador, nos ayudaron para comprar el negocio y desde entonces quedamos aquí, en 1983 mi hermano se fue a Trenque Lauquen y yo me quedé con mi señora”. El teléfono semi público sobrevive y es un servicio que aún se presta “aunque hoy todos tienen celulares, a veces pasa un camionero que se quedó sin batería y lo usa”.

LA VIDA EN LA ZONA RURAL

“Nosotros estamos bien aquí, tenemos medio de transporte y tenemos nuestras hijas en Trenque Lauquen” dice Montero en la entrevista radial.

“Los viajantes y proveedores no vienen más por estos caminos y entonces no te queda otra que ir a la ciudad a comprar las cosas, no viene nadie ni de los frutas ni las verduras. Tuvimos que dejar de trabajar ese rubro. En tantos años nosotros somos como una familia con la gente del pueblo porque somos pocos en la ciudad”.

La Central era el nombre que tenía cuando lo compraron en 1970 y sigue llamándose así. “Cuesta un poco arrancar desde aquí aunque sabemos que los servicios y todo es más cómodo en Trenque Lauquen” dice el hombre de 74 años que todos los días cumple religiosamente con el horario comercial de 8 a 13 y de 15.30 a 20 horas.

“No es mucho el movimiento porque somos 140 habitantes o menos y hoy la gente viaja mucho y con la tarjeta compran en las ciudades. Somos el boliche de emergencia para cuando la gente se olvida algo”.

En 50 años nunca cerró y el servicio telefónico semipúblico continúa “es un compromiso estar abierto siempre, sólo cuando me tuve que operar hace 2 años cerramos.  No me imagino sin el almacén porque es una consigna que todos los días abrimos a las 8. Se extrañó el bar porque todos los días venían algunos vecinos sólo venían un rato y no se iban tarde porque son todos mayores, pero todas las tardecitas jugaban al mus y charlábamos aquí”.

“¿Si nos sentimos olvidados? Todos los intendentes siempre vinieron, esa es la verdad. Los que vienen sólo en tiempo de elecciones son los concejales, y eso duele” dice el hombre.