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Las manos que hicieron el Hospital Municipal

 

Hay una historia que tiene que ver con la reivindicación de género; con el nacimiento de una de las instituciones más queridas por los trenquelauquenses y que fue moldeada por las manos de 12 mujeres hasta hoy anónimas que crearon una obra que 130 años después perdura y crece: el Hospital Municipal “Dr. Pedro T. Orellana” de Trenque Lauquen.

Este hallazgo histórico le corresponde a las historiadoras Haydeé Merino y Cristina Goires y lo presentarán en el Congreso de Historia de los Pueblos que organiza el Archivo Histórico de la Provincia cada dos años en distintos distritos y este año le toca a Trenque Lauquen. Se trata de poner las cosas en su lugar, un reconocimiento justo a las mujeres que vieron la necesidad de un centro de salud para la atención médica, sobre todo para los más necesitados, y no sólo lo hicieron sino que lo administraron.

Hay un dato anecdótico más que vale la pena mencionar.  En 1974 durante el segundo Congreso de los Pueblos en Tandil se decidió que el próximo sea en Trenque Lauquen para celebrar el centenario de abril, pero el golpe militar impidió eso y el Congreso se discontinuó hasta la década del 90.  En ese encuentro de 1974 estuvo Merino junto a Pepe Mayo y Teresita Fábris. 43 años después se saldará esa deuda con el distrito y para ello contribuyó el pedido insistente de la gente de la historia local, como así también la presencia actual del trenquelauquense Guillermo Ruiz en ese organismo bonaerense.

“Para saldar las deudas nunca es tarde” dice Merino en la mesa de su cocina cuando tenemos esta charla para Oeste Ba. El Congreso será entre el 25 y 26 de abril.

Las historiadoras revelaron detalles de su investigación, pero no contaron todo. Hay aspectos que pronunciarán en su exposición de abril, por ahora dijeron que el trabajo se trata de las mujeres “que ocupan el espacio público, se trata de Las Damas de la Misericordia, son mujeres que a finales del siglo XIX construyen y gestionan el hospital municipal hasta 1905 que lo entregan al municipio, para nosotros esto es una cuestión de género, porque si bien siempre se habló de las mujeres solidarias que eran de elite, en este caso muchas de ellas eran de una incipiente clase media como docentes, que hicieron lo imposible para llevar adelante esto en un contexto histórico muy particular para nuestro país” dijo Goires.

Esta fue una etapa de esplendor “porque Argentina era el granero del mundo, pero no todo el mundo participó y ese estado liberal tenía muchos vacíos y dentro de ellos están los que se denominan los pobres de solemnidad”.

Los Pobres de Solemnidad

Aquí Haydeé Merino interviene y aclara el concepto. “En las actas se escribía Pobres de Solemnidad. Es el que era tan pobre que no hacía falta que demostrara que era pobre, viendo los recortes del diario no podes creer que la gente estuviera tan mal”.

Entonces cita un recorte de diario “hay un caso de una persona que se quemó y quedó tirado en un colchón en la estación del FFCC para enviarlo a Buenos Aires, no podés creer que eso ocurriera, había médicos pero no una institución para atenderlos”.

En las notas administrativas “se escribía ‘va un enfermo o un muerto pobre de solemnidad para atenderse o para que le dieran un cajón y un espacio en el cementerio’. Hay casos que te conmueven. En ese momento se hace necesaria una institución, y el primer paso es que alquilan un inmueble, una quinta para poder llevar a los enfermos que necesitaban curarse. No todo el mundo está de acuerdo como toda actividad humana” dice Merino.

“De algún modo se pone en juego el rol de la mujer, no les fue fácil llevar adelante esto” aclara Goires citando un debate de actualidad: el lugar de la mujer.

Las historiadoras que fueron profesoras de historia, van generando el relato con entusiasmo, y de a poco van desgranando los hechos históricos. El origen de esta investigación es la actual reforma edilicia del Hospital. En plena demolición apareció un mármol con los nombres de las mujeres que crearon el Hospital. Una placa que tiene más de 100 años.

“Nos costó mucho averiguar el apellido de solteras, porque están con los nombres de sus maridos, hay una de ellas que aún no lo encontramos”. Las mujeres hacen lo imposible para crear un Hospital. Juntan fondos y cuando tienen todo “ponen su condición de crear el centro de salud pero también administrarlo. Si pensaban que las iban a dominar fácilmente se equivocaron” dice Goires.

Hay apellidos que son muy conocidos y que aún perduran en nuestro pueblo, aclaran, pero no largan prenda sobre los mismos, reservan detalles para la presentación y destacaron que la reconstrucción de historia de mujeres valientes y anónimas hasta hoy, fue posible por la documentación del archivo municipal, el archivo del diario El Independiente, las actas del HCD y del hospital.

“Tenemos un archivo municipal que es un lujo, leer documentos de 1886 o 1889 no tiene precio tenemos que tomar conciencia de la importancia que tiene”.

El Hospital Municipal se llama Pedro T. Orellana en homenaje al abuelo de Raúl Orellana, una historia ya contada en estas páginas, y siempre estuvo en la misma manzana. Cuando las Damas de la Misericordia pidieron la construcción se les ofreció otra ubicación, pero era muy cerca del parque y la laguna tenías más dimensiones, por eso el Intendente Llambías elige su actual paradero.

A lo largo de los años sufrió decenas de reformas y ampliaciones y casi no queda nada de la fachada original, pero el avance y el paso de la modernidad permitió dejar al descubierto una placa con los nombres de unas mujeres que entendieron que los vecinos y sobre todo los más necesitados debían tener una atención médica de calidad y crearon este lugar que hoy es orgullo para todos. Las manos que hicieron el hospital, son de mujer.